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Sábado 18 de Noviembre de 2017

El arca del pacto de YHW aún sigue perdida

La nueva novela de Juan Gómez-Jurado, Contrato con Dios (El Andén) es un thriller arqueológico entretenido y con hechuras de best seller que vuelve a poner sobre el tapete la legendaria arca.

  • Ciencia y Tecnología    
  • 19 dic 2007   

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La nueva novela de Juan Gómez-Jurado, Contrato con Dios (El Andén) es un thriller arqueológico entretenido y con hechuras de best seller que vuelve a poner sobre el tapete la legendaria arca, sobre cuyo destino se han elaborado tantas teorías y fábulas. Según Gómez-Jurado las agencias de seguridad de EEUU tienen un protocolo de actuación por si el arca es hallada, una eventualidad que se cree podría desencadenar la III Guerra Mundial.

La novela, de un aspirante a Indiana Jones, reaviva el enigma de una de las grandes leyendas de la antigüedad: el arca del pacto entre YwH y su pueblo Israel.

Gómez-Jurado reconoce que el origen de su novela está en una inveterada pasión por el film de Spielberg de Indiana Jones “En busca del arca perdida”. El Arca es mencionada únicamente en la Biblia, aunque con profusión a partir del libro de Éxodo, donde el Arca de la Alianza o del testimonio era el mueble sagrado donde se guardaban las tablas de la ley, hechas de piedra.

El arca, cuyo diseño, según la Biblia, se lo dictó el propio Dios a Moisés, estaba hecha de madera de acacia recubierta de oro puro por dentro y por fuera. Incluía unas barras para portarla y sobre ella figuraban dos querubines de oro batido.

La Biblia da el nombre de su constructor: Besalel, de la tribu de Judá.

Y el arca forma parte de muchos capítulos impactantes de la Biblia. Por ejemplo, Israel pasa con ellas el río Jordán que se detiene para que pasen en seco, y poco después en el libro de Josué, durante el ataque a Jericó, se la hace dar al pueblo de Israel varias vueltas con ella alrededor de la ciudad, antes de que tocaran las trompetas y se derrumbaran las murallas.

Que era un objeto al menos peligroso en determinadas circunstancias lo sugiere la historia de Oza, hijo de Abinadab: cuando David trasladó el arca a Jerusalén, Oza la tocó –en contra de la orden expresa de la Biblia en este sentido- y cayó muerto en el acto (II Samuel, 6).

En cualquier caso, era un símbolo muy real de la presencia de Dios en medio de su pueblo, de la manifestación de su poder, y a la vez del compromiso y pacto eterno de Dios con el pueblo de Israel. Pero… ¿qué pasó con ella?

¿DESTRUIDA?
El Arca pudo ser fundida o destruida, en tiempo de Nabucodonosor II, durante la destrucción del Templo de Salomón en el 586 antes de Jesucristo. No obstante, no puede descartarse que el arca se hubiera preservado. Aquí, las teorías abundan: en una cámara secreta bajo el monte del Templo (la Explanada de las Mezquitas) en Jerusalén, en una iglesia de Aksum (Etiopía), en una cueva en el monte Nebo en Jordania, en Qumram, en diversos puntos de Egipto como en Tanis (llevada por el faraón Sheshonq tras su campaña en Palestina: la hipótesis Indiana Jones) o en el Valle de los Reyes (una disparatada opinión la coloca en la mismísima tumba de Tutankamón y la identifica con el arcón portátil del ajuar del rey niño)…

Gómez-Jurado se inclina en su libro por la tesis jordana. Cree que el arca sigue existiendo por una razón sentimental pero confía en que no aparezca ya que opina que podría originar un conflicto en Oriente Medio por su valor simbólico.

De hecho, comenta que las agencias de seguridad de EEUU tienen un protocolo de actuación por si el arca es hallada, una eventualidad que se cree podría desencadenar la III Guerra Mundial.

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