La fe en Dios ayuda a superar enfermedades psiquiátricas, confirma un estudio

Los investigadores llegaron a la conclusión que los pacientes con niveles altos de fe tenían el doble de probabilidades de responder más rápidamente al tratamiento que los pacientes ateos o que no creen tanto en Dios.

  • Estudios    
  • 28 abr 2013   

¿Qué sientes con esta noticia?

Tener fe en Dios puede mejorar significativamente el tratamiento de las personas con enfermedades psiquiátricas, según un reciente estudio realizado en conjunto entre la Universidad de Harvard y el Hospital McLean, en Estados Unidos.

Los especialistas investigaron en el transcurso de un año a 159 pacientes con enfermedades psiquiátricas ingresados en el Hospital McLean, a fin de encontrar la relación entre el nivel de fe de un paciente, las expectativas de curación y los resultados reales.

Para ello se pidió a cada participante que calibrara en una escala de cinco puntos su fe en Dios, así como sus expectativas de curación. Por otro lado, se evaluaron al inicio y al final del estudio los niveles de depresión, de felicidad y los daños físicos auto infligidos.

Los investigadores llegaron a la conclusión que los pacientes con niveles altos de fe tenían el doble de probabilidades de responder más rápidamente al tratamiento que los pacientes ateos o que no creen tanto en Dios.

Los especialistas concluyen que la fe en Dios está asociada a mejores resultados de los tratamientos psiquiátricos.

El autor principal del estudio, el doctor David H.

Romero, afirma que esta relación se produce “independientemente de su afiliación religiosa”, y que los pacientes obtienen una mejora en su bienestar psicológico y un descenso “en su depresión y su intención de provocarse daños a sí mismos”.

Estudios anteriores han demostrado el poder terapéutico de la oración. En 1988 el cardiólogo Randolph Byrd hizo el primer estudio clínico sobre sanación a distancia en el Hospital General de San Francisco, para lo que dividió a 393 pacientes con problemas cardiacos en dos grupos.

Un grupo recibió oraciones de desconocidos que solo conocían sus nombres, mientras que por el otro grupo de pacientes no oró nadie. El estudio reveló que las personas por las que no se oró necesitaron más medicación y fueron más propensas a sufrir complicaciones.

Fuente: El Intransigente