Aseguran que es químicamente auténtico el Evangelio de Judas

“Ese estudio fue la pieza clave de evidencia que nos convenció de que la tinta del evangelio (Judas) era probablemente correcta”, Joseph G. Barabe, microscopista investigador principal de McCrone Asociados.

  • Estudios    
  • 1 may 2013   

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Un estudio presentado en la Sociedad Americana de Química ha confirmado la autenticidad del Evangelio de Judas, escondido durante más de 1.000 años.

Las tintas utilizadas en un antiguo certificado de matrimonio egipcio han permitido dar con la clave del misterioso manuscrito que relata que supuestamente Judas no traicionó a Jesús, sino
Los grandes esfuerzos científicos se han centrado en validar el evangelio, haciéndose público dicha autenticidad en la 245 edición de la Sesión y Exposición Nacional de la Sociedad Americana de Química.

“Si no hubiéramos encontrado un estudio del Louvre sobre la boda egipcia y contratos de la tierra, que eran de la misma época y tenía tinta similar a la utilizada para grabar el Evangelio de Judas, hubiera sido mucho más difícil discernir si el Evangelio es auténtico”, dijo Joseph G. Barabe, microscopista investigador principal de McCrone Asociados.

Este experto que lideró un equipo de análisis de cinco científicos que trabajaron en el proyecto de McCrone, un laboratorio de consultoría en microscopía y microanálisis en Westmont, Illinois, explicó: “Ese estudio fue la pieza clave de evidencia que nos convenció de que la tinta del evangelio era probablemente correcta”.

La presentación de Barabe, formó parte de un simposio sobre química arqueológica de la reunión de la Sociedad Americana de Química Arqueológica.

Oculto durante 1.700 años

El equipo de Barabe fue parte de un esfuerzo multidisciplinario organizado en 2006 por la National Geographic Society para confirmar la autenticidad del Evangelio de Judas, que fue descubierto a finales de 1970 después de haber estado oculto durante casi 1.700 años.

El texto, escrito en copto egipcio,, sugiere que Jesús pidió a su amigo, Judas, que le entregara a las autoridades.

La clave: tinte con base de cobre

Después de analizar una muestra, Barabe y sus colegas concluyeron que ese evangelio fue escrito probablemente con una forma temprana de tinta ferrogálica que también incluyó hollín negro de humo fijado con un aglutinante de goma.

Aunque este hallazgo sugiere que el texto podría haber sido escrito en el siglo III o IV, los investigadores se quedaron perplejos por una cosa: la tinta de hierro o de agalla utilizada en el evangelio era diferente a cualquier cosa que vista antes.

Generalmente, las tintas de hierro o agalla, al menos en la Edad Media, se hicieron a partir de una mezcla de sulfato de hierro y ácidos tánicos, como los extraídos de nuez de agalla de roble. Pero la tinta de hierro o agalla utilizada para producir el Evangelio de Judas no contiene azufre, algo que, según Barabe, es preocupante.

“No lo entiendo. Simplemente no encaja con nada de lo que había visto en mi vida. Fue uno de los momentos de más ansiedad que se ha producido en los proyectos que he tenido. Me he despertado por la noche tratando de averiguarlo. Estaba buscando desesperadamente respuestas”, explicó este experto.

En última instancia, Barabe encontró una referencia en un pequeño estudio francés realizado por científicos del Louvre que analizaron un matrimonio egipcio y registros de tierras escritos en copto y griego y datan de principios del siglo III.

Para gran alivio de Barabe, esos científicos habían determinado que un certificado de boda y otros documentos fueron escritos en tinta hecha con cobre, pero poco o nada de azufre.

“Encontrar ese estudio y darse cuenta de sus implicaciones, inclinó mi opinión un poco en el sentido de que era apropiado para la época”, dijo Barabe.

“Mi recuerdo de esa experiencia sigue siendo muy intensa. Tuve una repentina sensación de paz, de que las cosas estaban bien y de que podía presentar mis datos sin escrúpulos”, agregó este investigador.

Barabe, ahora sospecha que la tinta utilizada en el Evangelio de Judas fue probablemente transitoria, un “eslabón perdido” entre las tintas a base de carbono del mundo antiguo y las tintas de la vesícula (hechas de hierro con sulfato de hierro) que se hicieron populares en la época medieval.

Fuente: Canasanta