La religión no hace que las personas sean más morales, revela estudio

El objetivo fue evaluar cómo la moralidad en la vida cotidiana difiere entre las personas.

  • Estudios    
  • 24 sep 2014   

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Un nuevo estudio publicado este mes dice que las personas religiosas no son más propensas a hacer el bien a los (incluyendo a los ateos y agnósticos) “no religiosos”. Los investigadores entrevistaron a 1.252 adultos de diferentes religiones y posiciones políticas. Se les pidió que registraran las buenas y malas acciones que cometieron, ya sea que las presenciaron, escucharon o experimentaron a lo largo de un día.

El objetivo fue evaluar cómo la moralidad en la vida cotidiana difiere entre las personas, explica Daniel Wisneski, doctor en psicología de la Universidad de Illinois en Chicago, quien dirigió el estudio.

Los investigadores comprobaron que las personas religiosas y no religiosas cometen un número similar de actos morales. A diferencia de otros estudios similares, la afiliación religiosa o política no determina necesariamente la comprensión de una persona sobre lo que hace correctamente o incorrectamente. Sin embargo, hay algunas diferencias notables como personas de diferentes grupos que respondieron emocionalmente a los llamados “fenómenos morales”.

Wisneski informó que, por ejemplo, las personas que se declaran religiosas experimentan una mayor intensidad en sus emociones autoconscientes (culpa, vergüenza y asco).

Es decir, están más conmocionados e indignados a presenciar o cometer un acto inmoral.

Los religiosos reportan tener un mayor “sentido de orgullo y gratitud” después de cometer actos morales. Desde el punto de vista político, los liberales y conservadores tienden a pensar en fenómenos morales de diferentes formas. Los liberales se ven más afectados emocionalmente por los actos morales o inmorales que implican cuestiones de justicia o injusticia. Mientras los conservadores dan más peso a los actos de la lealtad o traición.

Según los autores, los resultados refuerzan las teorías sobre la naturaleza de los chismes, porque la gente oye hablar más sobre los actos inmorales de los demás. Lo mismo ocurre con el llamado “contagio moral” (que son más testimonios de actos más morales que tienden a que los demás los reproduzcan) y el “libertinaje moral” (quien fue víctima de un acto inmoral tiende a comportarse de manera inmoral).

El experimento no se llevó a cabo en un laboratorio, sino en situaciones más realistas, con encuestas enviadas a los participantes por teléfono cuatro veces al día durante tres días. El cuestionario también incluía una solicitud para obtener una descripción de este acto moral y como los voluntarios se sentían respecto de ello.