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Viernes 18 de Agosto de 2017

Campeona en ciclismo: Dios evitó que mis huesos fueran rotos

COSTA RICA. – La pedalista Mónica Montero, quien es oriunda de Liberia, conversó con el diario La Nación sobre su accidente, donde quedó incrustada en el parabrisas de un automóvil durante la vuelta a Guanacaste Cañas Dulces, Liberia. Por ese …

  • Deportes    
  • 22 may 2017   

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COSTA RICA. – La pedalista Mónica Montero, quien es oriunda de Liberia, conversó con el diario La Nación sobre su accidente, donde quedó incrustada en el parabrisas de un automóvil durante la vuelta a Guanacaste

Cañas Dulces, Liberia. Por ese instinto de supervivencia natural en el ser humano solo acató a bajar la cabeza, aferrarse al manillar de su bicicleta y esperar el golpe. Fueron instantes    que se le hicieron eternos.

Sintió que ingresaba en un túnel oscuro e interminable, sabía que no podía evitar el golpe. Solo bajó la cabeza y esperó…

Cuando pudo tomar consciencia de lo sucedido, la ciclista Mónica Montero Castro, de tan solo 18 años de edad, no podía mover las piernas, sentía la sangre en su rostro y mucho dolor.

La campeona nacional juvenil de contrarreloj y de ruta había quedado incrustada en el parabrisas trasero de un vehículo que se atravesó cuando rodaba a 52 kilómetros por hora, a tan solo 300 metros de la línea de meta en Nicoya, en la primera etapa de la Vuelta femenina a Guanacaste, que ese día había salido de su natal Liberia.

Ocho días después del accidente, Mónica está en su casa de habitación, tiene 37 puntadas en su rodilla izquierda, siete en su rodilla derecha y varios raspones en su rostro y hombro.

Milagrosamente no tiene ningún hueso roto o alguna herida interna que lamentar.

Lo sucedido a la joven pedalista el pasado 12 de mayo y el desenlace del mismo es para ella un regalo de Dios, pues sabe que la mayoría de estos percances terminan de forma trágica.

“Yo venía en la carrera con todas las ganas y la ilusión de completar un top 5 en la etapa, en la categoría élite a pesar que soy juvenil. La verdad me venía sintiendo muy bien cuando de repente se apareció el carro y la verdad nunca lo vi. Venía muy concentrada en la carrera, había visto al frente y no había visto ningún carro. Cuando volví a mirar al frente entonces lo vi y en ese momento no tenía opción de nada, sabía que iba a chocar contra el carro”, narró Montero en su casa de habitación en la localidad de Cañas Dulces de Liberia.

Montero relató que nunca perdió el conocimiento tras el impacto. Tuvo claro lo que había sucedido, desde el momento que colisionó hasta cuando estaba en la sala de shock del hospital de la Anexión de Nicoya, donde fue trasladada.

“A mí lo único que me dolían eran las piernas. No me dolía la cabeza, estaba consciente. No sentía las cortadas, pero sí sentí la sangre en mi cara pues después del golpe abrí los ojos y sentía como caía de mi rostro y eso fue lo que me dio más nervios, porque era demasiada sangre y pensé que tenía la cara súper cortada. Fue lo que me asustó en ese momento”, contó Montero.

Mónica se llena de fe y cuenta que en aquellos instantes se sintió aliviada, no pensó en la muerte y su mayor preocupación era que no podría volver a practicar el ciclismo. Incluso, a su mamá, Laura Castro, le preguntaba insistentemente por su bicicleta, algo que hizo enojar a su madre, quien solo pensaba en la salud de su hija menor.

Mónica Montero quedó incrustada en el parabrisas trasero de un autromóvil el pasado 12 de mayo, durante la vuelta a Guanacaste, tras la inprudencia de un conductor. Faltaban 300 metros para la meta.

La joven ciclista reflexiona, es consciente que la mano del Creador estuvo de su lado, la protegió y salvó de que el incidente fuera de mayores consecuencias.

“Le agradezco a Dios, porque Él intercedió en el momento. Porque a cómo fue el accidente de fuerte intercedió por mí en todo momento”, confesó Montero.

Pese a toda la deportista liberiana aseguró que continuará en el deporte que ama, que el accidente no frenará sus deseos de encontrar un equipo nacional con el cual competir, con la ilusión de llegar al nivel internacional.

“El año anterior me quebré la clavícula por una desobediencia y perdí el liderato en una competencia. Sentí que se me caía el mundo y que esa era la prueba más dura que me había puesto Dios. Mi papá (Minor Montero) me dijo que Dios lo tiene todo controlado y que en el futuro iba a pasar algo más, pero jamás me imaginé que podría ser un accidente como este”, dijo Montero.

Fuente: La Nación de Costa Rica