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Sábado 19 de Agosto de 2017

Ex boxeador Cardenio Ulloa y su vida como pastor evangelico en el sur de Chile

El ex púgil Cardenio Ulloa, quien durante los años 70 y 80 logro estar entre los 10 mejores del mundo sobre el ring ahora es pastor de una nueva iglesia en el pueblo sureño de Loncoche.

  • Iglesia    
  • 23 oct 2006   

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“Rompiendo fortalezas”. Así se ha bautizado el nuevo ministerio cristiano del ex púgil Cardenio Ulloa, quien durante los años 70 y 80 se coronó como campeón latinoamericano, logrando incluso estar entre los 10 mejores del mundo sobre el ring.

Hoy su vida ha cambiado. Tras su dolor de no recibir el reconocimiento por parte de la comunidad y el Gobierno, siente que sólo en Dios puede lograr ese abrigo que hoy le han arrebatado, tras años de representar a Chile en el mundo, a puros golpes.

Junto a su esposa y sus tres hijos vive en Loncoche y es en su propia vivienda donde reúne a más de 30 feligreses en esta nueva iglesia que pretende ser una puerta de entrada para los deportistas y todos quienes busquen encontrar a Dios.

UN VERDADERO CAMPEON

Cardenio Ulloa Barría (30 de octubre de 1956) fue reconocido en el ambiente boxeril luego de disputar el título mundial y ser el campeón latinoamericano en el año 1986. En peso gallo llegó a los sitiales más altos.

Pero para llegar allí, hubo un largo recorrido. Desde la temprana salida de su Puerto Varas natal, se mantuvo 24 años boxeando. “Nosotros éramos bien pobres y no tenía para pagar mis vendas ni mis zapatos, nada.

Le pedí a Dios que me diera la posibilidad de conocer el mundo y todo mi país y lo logré. Conocí todo Chile y estuve en 14 países y por lo mismo hoy le devuelvo la mano a Dios”.

Nadie olvida los combates de Cardenio. Los nocaut eran su mayor gracia, tanto así que se fue a vivir a Estados Unidos para mejorar en su técnica, gracias a lo cual logró situarse entre los primeros 10 mejores pugilistas del mundo.

En el año 79 se despidió del amateurismo y decidió dedicar su vida a este deporte. Así comenzó una carrera con campeonatos continentales, viajar por diversos países del mundo y noquear a quien se le cruzara por delante.

El 23 de mayo de 1980, en Santiago, derrotó por puntos a Nelson Bustamante, siendo su primer enfrentamiento como profesional.

Dos meses después le ganó a Ramón Blano en lo que sería su primer nocaut.

Pasaron cuatro años derribando rivales a la lona de forma invicta, hasta que llegó el 15 de diciembre de 1984, en el Convention Center, de Miami Beach, en Estados Unidos, por el título mundial. Allí se enfrentó con el norteamericano Richie Sandoval, quien mandó a la lona sus sueños de ser campeón mundial.

Se preparó tres meses para enfrentar al mexicano Diego Avila en el mismo escenario norteamericano, pero nuevamente su rival fue más contundente.

De vuelta en Chile retomó la senda del triunfo. En la zona no tenía contrapeso y era tal su superioridad, que se envalentonó para volver a probar suerte en el exterior, esta vez en el Great Western Forum, de California, Estados Unidos, cuando el mexicano Víctor Rabanales le puso prácticamente el broche a su carrera.

Luego un par de peleas, algunas de ellas en Temuco, como para no olvidarse de quién fue el mejor boxeador nacional de la segunda década de los ochenta. En total, disputó 69 peleas, de las cuales ganó 61 (48 de ellas por nocaut).

ENTRENADOR

Tras su retiro del ring, comenzó a entrenar a los más pequeños. Su experiencia la había logrado en el año 76 cuando en la comuna de Máfil entrenaba a 180 niños, como una forma de disminuir la violencia en los infantes en los barrios.

Es por ello mismo que, años después, decidió encaminar su vida a la educación de pugilistas, hasta que se cansó y se dio cuenta que nadie lo reconocería. “Yo era una estrella y cuando me retiré comencé a entrenar a jóvenes. Tenía todas las condiciones, pero nadie me apoyó. Me vine a Loncoche y construí mi vida y aquí me di cuenta de lo que pasaba. Uno ve hoy como los gimnasios están a cargo de gente que nunca ha hecho un deporte y si están de jefes, es porque son amigos del alcalde o porque participaron en tal campaña. Me aburrí de eso”.

Hoy es uno de los tantos deportistas que no cuenta con pensión, a pesar de haber -literalmente- derramado sangre por su país.

RELIGION

Junto a su esposa e hijos se inició en la fe evangélica, su actual camino. Su acercamiento a Dios se debió a que, según él, siempre le dio lo que soñaba, cuestión que hoy lo obliga a devolverle la mano. “Yo cuando luchaba pensaba en sólo matar al otro, pero es que si no lo hacia yo, lo hacia mi contrincante. Pero era un deporte y no tiene que ver con la fe en mi Señor, porque el Señor sabe que era una herramienta para acercarme a El”, cuenta Ulloa.

Muchos le han criticado haber sido boxeador, cuyo deporte implica derrotar al otro, y ahora dedicarse a la Iglesia. “Pablo fue un perseguidor de los cristianos y fue uno de los formadores de la Iglesia. Así es el mundo, uno puede cambiar, volver a la fe como lo he hecho yo con mi familia, quienes hoy estamos guiando esta misión”.

Cuenta que ya no es sólo pastar sino que es misionero y por lo tanto su idea es poder forjar su Iglesia y así contribuir con la fe de las familias en Loncoche. “Yo no quiero que me sigan entregando trofeos, porque incluso me nombraron hijo ilustre de Loncoche. Lo que yo quiero es que me ayuden dando un trabajo que me permita enseñar. Necesito una recompensa por los años entregados a mi patria”.

Diario Austral