El hombre que por treinta años estuvo en busca de una Biblia

A Jiang Yu Chun siempre le han gustado los libros. Tiene una gran selección de libros cristianos en su librería de Nanking.

  • Iglesia    
  • 4 jun 2007   

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A Jiang Yu Chun siempre le han gustado los libros. Tiene una gran selección de libros cristianos en su librería de Nanking. Fue durante los años oscuros de la Revolución Cultural que se hizo cristiano a la edad de nueve años. Ahora, más de tres décadas después, todavía recuerda claramente su difícil niñez, y cómo cambió su vida cuando él y su padre comenzaron a asistir a una iglesia en una casa pequeña lejos de su hogar en la Provincia de Anhui.

«Mi mamá murió cuando yo era apenas un bebé, de una infección que contrajo después de un accidente», recuerda. «Mi padre se tornó mentalmente inestable, violento y problemático. Su condición se fue deteriorando al punto que no quería levantarse ni comer. Se le hinchó el cuerpo y sufría grandes dolores. Los médicos no podían curarlo, ni tampoco los brujos ni los médium del templo pagano. Nos dijeron que nos preparáramos para el funeral. Mi padre se sentía tan desesperanzado que quiso suicidarse. Pero pensó en mí y en todo lo que yo había perdido ya, y no lo hizo.

Desesperado
«Estando en cierta ocasión en una cafetería, mi padre gritó de desesperación. El dueño le preguntó qué le pasaba, y cuando mi padre le contó su historia, lo invitó a asistir a una reunión cristiana que se llevaría a cabo en secreto en la casa de alguien.

«Siempre recordaré mi primera reunión cristiana: tuvimos que caminar veinte kilómetros para llegar al lugar. En ese entonces, en las zonas rurales no había relojes de pulso, ni de pared, ni radio ni televisión que nos ayudara a marca la hora, así que dependíamos del canto de los gallos. Esa mañana salimos de casa al tercer canto, y cuando llegamos al lugar de reunión todavía era oscuro.

Sin predicación
«Ya se habían reunidos alrededor de veinte personas. No había predicación. Una anciana leería una porción de la Biblia y luego cantaríamos un himno y oraríamos. Este patrón se repitió hasta la hora del almuerzo, cuando la gente compartió el alimento, asegurándose de que los más ancianos y los más jóvenes tuvieran suficiente que comer.

«Después de un mes de asistir a la casa iglesia, la salud de mi padre había mejorado considerablemente y podía trabajar de nuevo en el campo. Un fuerte deseo de hablar del Evangelio comenzó a arder en su corazón, e invitó a todos sus amigos y parientes a las reuniones.

Una Biblia
«Había una sola Biblia para todos, fue la primera Biblia que había visto en mi vida y era preciosa, porque fue durante la Revolución Cultural cuando se prohibió la fe cristiana y no se permitió tener Biblias. El predicador abrazaba fuertemente la Biblia. Me consideraban un niño relativamente obediente, así que el predicador me permitía mirarla. Fue solo en la escuela primaria que pude entender un poco, pero recuerdo que cuando tocaba la Biblia sentía reverencia.

Es arrestado
«Ese predicador, más o menos en los cuarenta años en ese entonces, se había convertido al cristianismo a los trece años. Viajaba a diversos lugares casi diariamente, incluso durante la Revolución Cultural, para hablar del Evangelio. Para asegurarse de que no le confiscaran su Biblia, se la pasó a una predicadora en la casa iglesia. En 1975 fue arrestado y sentenciado a quince años de prisión».

En 1979 terminó la Revolución Cultural, y el señor Jiang, junto con otros cristianos de la China, pudo practicar su fe más abiertamente. Se mudó a la provincia de Anhui y terminó trabajando para el Concilio Cristiano Chino por espacio de doce años, antes de abrir su librería cristiana.

Puesto en libertad
Pero nunca olvidó los primeros días de su fe, y con frecuencia pensaba en la preciosa Biblia que tanto había significado para él y para los otros miembros de su casa iglesia. Decidió buscarla.

«Busqué esa Biblia durante treinta años», dice. «Por fin supe que el predicador que había dirigido nuestros cultos en la casa iglesia había sido puesto en libertad en 1979, y era anciano de una iglesia.

Averigüé dónde estaba y tuve el privilegio de reunirme con él recientemente. Tiene ahora setenta y nueve años y me dio su preciosa Biblia, que yo atesoraré para siempre».

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