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Miércoles 20 de Septiembre de 2017

Iglesia del Arca del Pastor Chino Yu Jie, nació de un Grupo de Oración lanzado por su mujer

El pastor evangélico Yu Jie es hoy una personalidad de peso en La Iglesia del Arca, que celebra el culto protestante.

  • Iglesia    
  • 22 ago 2008   

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El pastor evangélico Yu Jie es hoy una personalidad de peso en La Iglesia del Arca, que celebra el culto protestante. Nacida de un grupo de oración lanzado por su mujer, debe mucho a su abnegación, también a su prestigio personal.

Yu Jie es lo que se suele llamar un “disidente”. Ensayista liberal, admirador de la democracia estadunidense —y, por ello, bestia negra de los nacionalistas chinos más ultras—, es vigilado muy de cerca por la Seguridad del Estado, que sin embargo le permite libertad de movimientos.

Al final de una larga reflexión política y espiritual, abrazó la fe cristiana en 2003. Figura del movimiento pequinés de las “iglesias a domicilio” —estructuras oficiosas toleradas pero que evolucionan en un ambiente precario—, él es hoy uno de los intelectuales protestantes más conocidos de la capital.

Con dos de sus correligionarios, incluso fue recibido en 2006 en Washington por George Bush, desatando la furia del régimen chino.

Yu Jie no es más que un ejemplo entre otros. Él encarna una pequeña revolución silenciosa: un número creciente de intelectuales liberales en la China urbana se han sumado en los últimos años al protestantismo.

Además de Yu Jie, los más conocidos son Wang Yi, Li Baiguang, Gao Zhisheng, Jiao Guobiao, Li Heping, Li Jinsong y Ai Xiaoming. La mayoría son profesores y juristas implicados en la defensa de los derechos cívicos. Son el punto emergente de un fenómeno más amplio: después de las zonas rurales en la década de 1980, el fervor religioso —en especial cristiano— está ganando las grandes ciudades, en particular en el seno de una clase media en busca de valores espirituales como reacción al materialismo dominante. Los cifras oficiales subevalúan esta resurgencia de la fe. Según las estimaciones más creíbles de algunos especialistas, China contaría en la actualidad con 40 a 50 millones de protestantes y 10 a 12 millones de católicos, es decir que las comunidades cristianas representan cerca de 5 por ciento de la población. Un sector aún muy minoritario pero en expansión.

En el caso de Yu Jie, fe y política están íntimamente ligadas. Con 35 años, él es demasiado joven para haber tomado parte en la primavera estudiantil de 1989 en la plaza de Tiananmen [brutalmente reprimida por la policía china, N. del T]. Pero el aplastamiento bajo los tanques del sueño democrático no ha dejado de acosarlo. Al filo de la reflexión, la religión se impuso como un sustituto a un ideal político inaccesible. Y en esa búsqueda, el cristianismo apareció como la más seductora de las tentaciones. “Los valores liberales encuentran su fuente en el cristianismo —analiza. Desde ese punto de vista la tradición china no me satisface: no encuentro referencias a la libertad y a los derechos humanos en el confucionismo.”

Yu Jie ha leído mucho, se sumergió en la historia de la evangelización en tierra china y reflexionó el lazo entre cristianismo y modernidad. Pudo aquilatar el rol del protestantismo en la formación de las elites reformistas en China en los albores del siglo XX, en particular en Sun Yat-sen, el fundador de la República.

Wang Guangze es otro de estos intelectuales neoprotestantes. Periodista disidente, ex colaborador del Diario de la ley y de Reportaje económico del siglo XXI —del cual fue excluido por sus opiniones demócratas—, tiene la misma edad que Yu Jie. Como en el caso de este último, el traumatismo de Tiananmen pesó muy fuerte en su evolución espiritual. En mayo de 1989, es decir antes de la represión del movimiento, él era apenas un estudiante de secundaria de Henan (centro) pero se había mezclado en las manifestaciones de apoyo que entonces habían enfebrecido a la juventud a través del país. La intervención sangrienta de los tanques en Tiananmen lo “desesperó” en forma total.

“Estaba tan decepcionado —recuerda— que terminé por alimentar un odio a la sociedad, esa sociedad convertida en esclava del poder.” Al concluir sus estudios de derecho, busca curarse ese dolor. Pero las tradiciones chinas, como en el caso de Yu Jie, no le dan demasiado auxilio. “El confucionismo es un pensamiento de elite, y el budismo sólo considera convertirse en santo.” Pero sigue buscando, leyendo, debatiendo caminos de salvación con sus amigos. De pronto, el cristianismo le revela la noción de pecado, explica, y encuentra ahí la llave de que le permite redimirse de la execración del mundo. “Todos somos pecadores —dice. No hay gente más noble que otra”. “Fue así como logré apaciguar mi cólera contra el Partido Comunista. Los comunistas son pecadores como yo, incluso y ellos sirven a un sistema que oprime.” Wang Guangze se convierte así en “tolerante”, “moderado”, considera que entre pecadores “hay que ayudarse mutuamente”. A continuación, fundó una asociación que promueve la “reconciliación” en China según el modelo sudafricano.

No todos los neoprotestantes de Pekín están bañados en la misma beatitud. Cabellos largos con mechas rojizas, Wang Wangwang, es un pintor, célebre diseñador de carteles muy apreciados por la vanguardia de la capital. Él se convirtió en 2004 ya que, a pesar de sus éxitos y de su enriquecimiento, buscaba “una vida espiritual”. Cuatro años más tarde se distanció. “Sentía una contradicción, un conflicto entre valores occidentales ligados al cristianismo y los valores chinos de los cuales era portador”, dice. Desde entonces, se esfuerza por “armonizarlos”. Hoy dice haber llegado a una “síntesis satisfactoria”. Pero al precio de su descompromiso con la “iglesia a domicilio” a la que se había sumado. Prefiere “practicar” solo, en su caso, en la leonera de sus cuadros donde el Cristo se muestra codo a codo con Mao.