Iglesias brasileñas aceptaron diezmos de traficantes, revela investigación

En el libro “La Oración Traficante”, ella cuenta como las iglesias evangélicas han logrado conquistar a los habitantes de las afueras de Río de Janeiro, como las asociaciones de vecinos e incluso el tráfico de drogas.

  • Iglesia    
  • 15 mar 2016   

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BRASIL.- Christina Vital da Cunha, investigadora y profesora asociada del Departamento de Sociología de la Universidad Federal Fluminense (UFF), lanzó un libro sobre el crecimiento de las iglesias evangélicas en los suburbios de Río de Janeiro.

En el libro “La Oración Traficante”, ella cuenta como las iglesias evangélicas han logrado conquistar a los habitantes de las afueras de Río de Janeiro, como las asociaciones de vecinos e incluso el tráfico de drogas.

La obra fue su tesis doctoral, un trabajo de investigación financiado y publicado por la Fundación de Amparo e Investigación del Estado de Río de Janeiro (Faperj).

Christina dice que hay algunas iglesias que se oponen a la conversión de los criminales y otras personas aceptan que los traficantes participen en la religión, y algunos de ellos incluso reciben dinero de estos delincuentes para realizar eventos religiosos en las comunidades.

“Había evangélicos que negaban esa proximidad con el tráfico, diciendo que [los traficantes] moralmente contaminaron a los ‘verdaderos evangélicos’. En el término nativo, era un “mal testimonio que estos cristianos estaban dando”, dice la doctora en su libro.

Ella cita que muchos pastores ofrecen la salvación moral a los traficantes, dando una oportunidad para que ellos dejen el mundo del crimen.

“Muchos de ellos [los traficantes] lo hicieron de esta manera, pero muchos de ellos entrevistados en 2009 no pudieron salir. No consiguieron un estilo de vida, por la atracción de las ganancias previstas”.

La investigación fue realizada entre 1996 y 2009 en Acari, y entre 2005 y 2009 en Santa Marta, en Botafogo, y Zona Sur. Con las experiencias obtenidas, la investigadora dice que muchos traficantes tienen miedo a ser evangélicos.

“En términos sociales, [los traficantes] emergen como enemigo número uno de la sociedad. De alguna manera, se sienten protegidos en el barrio marginal. Muchos de ellos tienen una gran cantidad de dinero, gasolineras, parques”, dice.

Sobre el financiamiento de shows y cultos en las comunidades de Río, Christina Vital da Cunha dice que los traficantes pagan a artistas evangélicos para que hagan espectáculos en los barrios pobres e incluso diezman.

“Los traficantes pasan a financiar los cultos aire libre, pagan artistas nacionales de proyección para que hagan el show en la favela. Ellos pagan diezmos a las iglesias. Había servicios de forma gratuita, y la participación de los traficantes con las iglesias evangélicas locales. Operaban con la expectativa de salir en cualquier momento de la vida del crimen y los evangélicos ayudaban a muchos traficantes”.

La investigadora dice que los traficantes se convierten en adeptos de las iglesias de de la teología de la prosperidad, no tienen que abandonar la riqueza adquirida por medio del crimen.

“Los traficantes gustan del dinero y actúan en la vida del crimen, donde sacan un montón de dinero. Y los evangélicos no niegan el dinero. Entonces, el pasaje de la vida del crimen para a una vida moral que no implica renunciar a lo conseguido. Todo aquel dinero pasa a ser purificado”.

Foto: Christina Vital da Cunha

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