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Miércoles 13 de Diciembre de 2017

“Jesus Project” busca distinguir el Jesús histórico y el Cristo de las creencias

Obtener en cinco años un perfil convincente del Jesús de carne y hueso es el objetivo básico del “Jesus Project”, iniciativa impulsada por investigadores de universidades de Estados Unidos y Europa desde diciembre pasado.

  • Escatología    
  • 13 abr 2009   

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Obtener en cinco años un perfil convincente del Jesús de carne y hueso es el objetivo básico del “Jesus Project”, iniciativa impulsada por investigadores de universidades de Estados Unidos y Europa desde diciembre pasado.

El académico argentino Emanuel Pfoh, de la Universidad de La Plata, es uno de los invitados a participar. Cuenta que se trata de distinguir entre el Jesús histórico y el Cristo de las creencias, “entre lo que podemos probar a través de argumentos y evidencia, y aquello que pertenece solamente al ámbito de la fe”.

A esperar resultados

En mayo se reúnen por primera vez para ver sus avances. Entre las metas para esta primera etapa están nada menos que conseguir una traducción consistente de los evangelios y hacer paralelos entre los primeros años de la cristiandad y el islam a través de sus libros sagrados. Su meta: trazar un punto medio aceptable entre el sensacionalismo de “El Código Da Vinci” y la historia basada en la tradición que hoy conocemos.

“Buscan un consenso histórico, un Jesús comprensible para todo el mundo universitario”, aclara Benjamín Rodrigo Toro, académico del Departamento de Historia de la U.

de Concepción. “No es algo dirigido a los creyentes, lo cual no quita que participen especialistas católicos y evangélicos”, explica. Toro es profesor de historia del mundo antiguo y dicta cursos sobre la Biblia y el origen del cristianismo.

Advierte que el “Jesus Project” ( www.jesus-project.com) no es la primera iniciativa de este tipo y que algunas han terminado en fiasco o sus conclusiones han sido demasiado obvias, y añade que “habrá que esperar para ver los resultados”.

Reconoce que una dificultad es que hay dos personajes: el Cristo de los creyentes y el hombre que vivió y murió en el siglo I. De este último los historiadores quieren encontrar pistas arqueológicas e históricas.

Sí hay hallazgos, reconoce, que revelan el contexto de la vida de Jesús, como las inscripciones que aluden a personajes como Pilato o Caifás.

Y han aparecido cerca de la Ciudad Santa las piscinas de Betesda y de Siloé, que en el Nuevo Testamento son escenarios de milagros.

Un museo local exhibe una embarcación similar a las que pudo haber usado Jesús para navegar en el Mar de Galilea. Y se puede examinar la evidencia arqueológica de una crucifixión del siglo I.

De boca en boca

Existe la famosa cita sobre la muerte de Jesús que hace su contemporáneo, el historiador judío Flavio Josefa, en uno de sus libros.

“Existió un hombre sabio, llamado Jesús (…) Era el Cristo. Delatado (…) Pilato lo condenó a la crucifixión. Aquellos que antes lo habían amado no dejaron de hacerlo, porque se les apareció al tercer día de nuevo vivo (…) Desde entonces hasta hoy existe la agrupación de cristianos que de él toman nombre”.

Toro precisa que muchos investigadores la consideran una adición posterior, tal vez a cargo de escribas de algún convento. Falta encontrar una evidencia de la época de Jesús que lo mencione directamente, dice.

La tradición sustenta ciertos hitos de la vida de Jesús, como la Vía Dolorosa. Pero, dice Toro, “Jerusalén fue arrasada por los romanos en el año 70 de nuestra era, y luego en el 135 durante la tercera gran rebelión judía no dejaron piedra sobre piedra. Fue reconstruida durante la época bizantina, la árabe y de las cruzadas, pero la ciudad subió varios metros y la Vía Dolorosa que hacen los peregrinos corresponde a lugares que datan de la Edad Media”.

El “Jesus Project” buscará más. Hay que comprobar la autenticidad del Santo Sepulcro, que abarca tanto la zona del calvario como de la tumba. El edificio data de la época bizantina, pero la tradición dice que se construyó sobre un templo pagano levantado para borrar cualquier huella del lugar donde murió Cristo. Toro afirma que “algunos sepulcros corresponden al estilo de las tumbas judías de esa época”.

El Mercurio