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Miércoles 20 de Septiembre de 2017

Fin del mundo recorre Facebook y Twitter

Las más fuertes redes sociales como Facebook y Twitter, las transmisiones en vivo y la búsqueda de datos por internet hacen accesible la información, pero no la correcta interpretación, dicen los estudiosos.

  • Escatología    
  • 14 mar 2011   

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Cuando el planeta se sacude, los ríos se desbordan, el mar embravece o el cielo se ensaña con la tierra ¿significa que el mundo se acaba? La ciencia obviamente dice que no, pero mucha gente piensa que sí basándose en la Biblia.

Sismos, tsunamis inundaciones, es una muestra de la naturaleza y un mensaje divino, pero los científicos y psicólogos niegan la posibilidad; sin embargo, entienden el planteo social como real, pero fruto de la desinformación, antiguas predicciones y cierta sugestión creada por los medios, crea todo este ambiente de incertidumbre en la gente dicen los estudiosos.

“No hay nada nuevo bajo el sol”, retoma esta frase de la Biblia, el meteorólogo Luis Nilo González. “Todos los fenómenos son naturales y normales. En apariencia hay una mayor producción de estos fenómenos, pero siempre han existido. Lo que pasa es que la difusión y el conocimiento, sumados a los medios de comunicación que se difunde como en Facebook y Twitter, hace que todo llegue más rápido y en forma más eficiente”, sostiene.

“Son fenómenos normales en la tierra. Sí es incierto que aparezcan uno detrás de otro en distintos lugares, pero dependen del comportamiento de las placas tectónicas, incluso sin estar conectad así”, refuerza conceptualmente Víctor Luraghi, jefe de la Estación Sismológica Mendoza.

Ninguno de los expertos juzga las explicaciones alternativas e incluso las entienden como normales cuando ante el desconocimiento se recurre a otras justificaciones. “Es entendible lo que pasa con la gente y los sismos no están lejos de las creencias cristianas y lo que dice la Biblia cuando habla de las señales del apocalipsis”, dice Luraghi.

Los estudios científicos son claros sobre las razones de los fenómenos y las explicaciones sobre las tragedias. Entonces ¿por qué preferir una explicación metafísica a una científica? O en otras palabras ¿por qué se elige el mito por sobre la realidad?

“Son hechos naturales, pero también son fenómenos sociales. Una de las explicaciones se debe a que si bien científicamente se entiende ahora más que antes estos fenómenos, la falta de predicción en el caso de sismos hace que los sujetos se sientan inermes y busquen en la ilusión una visión sobrenatural para justificarse, por eso se recurre a los mitos”, dice Nora Petri, directora de la escuela de Psicología Social Pichón Rivière.

En el terremoto del 1985 cobró fuerza la teoría de que el impacto de un misil había provocado el sismo en Mendoza. “Esto se hace para no enfrentarse a una situación que piensa peligrosa. Mucha gente se siente indefensa frente a la circunstancia, incluso hasta cuando hay predicción del fenómeno como sucede con tornados, o tormentas. Se agudizan porque pasan a ser fenómenos sociales, porque nos afectan como personas”, dice la psicóloga social.

Pero según Petri no sólo sucede con los fenómenos naturales. “Cuando se entra en crisis sucede esto. Cuando hay falta de trabajo la gente recurre, por ejemplo, a las religiones porque hay impotencia de resolver la situación”.

¿Los medios responsables son de la paranoia colectiva? Nadie lo afirma abiertamente, pero varios coinciden en que nunca antes se había enfatizado tanto el fenómeno a nivel mediático.

“La comunicación hace que la información llegue rápidamente y más masificada, cuando antes todo estaba acotado a los técnicos. Pero el problema es que esa información puede ser malinterpretada y el desconocimiento crea pánico. Hemos escuchado cosas sin sentido y también hemos escuchado a funcionarios públicos decir incoherencias. Es una irresponsabilidad hacer algo así”, señala Miguel Tornello, de la UTN.

Sin embargo las más fuertes redes sociales como Facebook y Twitter, las transmisiones en vivo y la búsqueda de datos por internet hacen accesible la información, pero no la correcta interpretación, dicen los estudiosos. “Ahora se llaman tsunamis y antes les decíamos maremotos, pero son la misma cosa. Lo peor del caso es que van a seguir existiendo como siempre y lo que ha cambiado son los medios de información”, afirma el meteorólogo Luis Nilo González.