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Miércoles 13 de Diciembre de 2017

Pequeño Muro de Jerusalén llamado también Kotel Hakatán permanece desconocido para la mayoría

Lo que molesta a los palestinos son las Oraciones cada vez mas masivas de judíos que acuden fielmente al “Kotel Hakatán” o “Pequeño Muro de los Lamentos” para elevar sus plegarias a Jehová, el Dios de Abraham, Isaac y Jacob, el Dios de Israel.

  • Israel    
  • 12 may 2011   

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Las recientes medidas para favorecer el culto judío en un trozo casi ignorado de la pared que rodeaba al antiguo Templo de Jerusalén, conocida como “Kotel Hakatán” o “Pequeño Muro de los Lamentos”, despiertan una enorme susceptibilidad entre los palestinos.

Se trata de un muro de irregulares bloques de piedra enclaustrado en pleno barrio musulmán de la ciudadela de Jerusalén, desconocido para el gran público, inclusive para buena parte de sus habitantes.

Conocido en hebreo como “Kotel Hakatán”, la pared es la hermana pequeña del “Kotel Hamaraví” o Muro Occidental (conocido popularmente en el mundo no judío como Muro de los Lamentos), el lugar más sagrado para el judaísmo e imponente vestigio de la fortificación que circundaba el templo levantado por el Rey Herodes hace más de dos milenios.

Ubicado a unos 200 metros al norte del epicentro de ese símbolo para el pueblo judío, el “Pequeño Muro” es de apariencia menos majestuosa y sólo las enormes secciones de piedra de las hileras inferiores se cree que datan de tiempos del Segundo Templo de Jerusalén (516 A-C-: 70 D-.C).

La muralla es la continuación del conocido muro de Los Lamentos, pero para los creyentes incluso es más venerado que aquel, pues se encuentra junto a la posible localización del Sancta Sanctorum, el lugar más sagrado del bíblico santuario israelita.

La sección apenas alcanza los diez metros de altura, pero las piedras no han sido tocadas por millones de fieles y muchos dicen que su estado se asemeja al del propio Muro de las Lamentaciones antes de que Israel conquistara Jerusalén Este, incluida la ciudad vieja, en la Guerra de los Seis Días (1967).

“Ese lugar es igual de importante que el Muro de las Lamentaciones para el judaísmo ya que forma parte de la pared que rodeaba el Templo”, explicó el rabino del Muro de los Lamentos, Shamuel Rabinovich. Precisó que el sitio ha estado siempre abierto al culto, incluso antes de 1948, año de la creación del Estado de Israel.

Una de sus peculiaridades es que, a diferencia del popularmente conocido, en éste hombres y mujeres pueden orar juntos, y al estar rodeado por un patio vecinal el ambiente es más íntimo para la oracion.

Yusuf Natsheh, director del Departamento de Turismo y Arqueología de la Administración del Waqf (autoridad de bienes islámicos) de la Mezquita de Al Aksa, no ve ninguna base para relacionar la pared con el Muro de las Lamentaciones.

“Estamos hablando de un lugar mayormente desarrollado por los mamelucos en el siglo XIV y dinastías musulmanas, es adyacente al Haram (es-Sharif o Noble Santuario, tercer lugar más importante del Islam), lo que significa que es una propiedad del Waqf”, sentencia.

El lugar ha saltado a la actualidad en las últimas semanas después de que las autoridades israelíes hayan tomado una serie acciones encaminadas a favorecer el acceso de devotos judíos con excelentes resultados, ya que la asistencia es cada vez mas masiva.

Nayib Hatib, palestino que vive en una casa contigua se queja de que las sesiones de oraciones judías que se organizan frente a su casa incomodan a los vecinos. “Cada día tengo que gritar para que se callen. Esto no es una propiedad judía sino musulmana”, refiere este periodista del diario Al Quds y padre de cuatro hijos.

La Municipalidad de Jerusalén, ha puesto una placa en inglés, hebreo y árabe indicando la entrada al lugar al que se llega atravesando un pasadizo que termina en un patio conocido por los residentes musulmanes como “Rabat el-Kurd”.

El lugar es considerado igualmente sagrado para el Islam, al formar parte de la muralla del complejo de la Explanada de las Mezquitas y encontrarse junto a un mausoleo de familias palestinas e islámicas, por lo que Natsheh considera que fomentar en ese sitio el culto judío es como “echar un fósforo a un barril de gasolina”.