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Miércoles 30 de Noviembre de 2016

Rick Warren enseña cinco formas de cómo el legalismo mata el ministerio

¿Qué es legalismo? El legalismo sucede cuando sustituimos nuestras reglas y rituales por nuestra relación con Cristo.

  • Pastor    
  • 27 feb 2015   

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El legalismo es un aguafiestas en el ministerio. Destruye la alegría natural que proviene de servir a los demás en el ministerio como ninguna otra cosa que he visto. He visto más ministerios arruinados por el legalismo que cualquier otra cosa.

¿Qué es legalismo? El legalismo sucede cuando sustituimos nuestras reglas y rituales por nuestra relación con Cristo. Es una trampa sutil que desvía la atención de lo que Dios ha hecho por ti y poco a poco se vuelve lo que has hecho por Dios.

En Filipenses 3, Pablo nos dice rotundamente que él intentó el legalismo. En el proceso, señala cinco diferentes maneras de ser un legalista que todavía atormentan a muchos de nosotros hoy en día.

1.El legalismo es poner tu confianza en rituales, Pablo dice: “Yo fue circuncidado a los ocho días después que nací, según la ley judía.” (Fil. 3: 5a) En la actualidad, un cristiano puede decir: “Yo fui bautizado” o “Me uní a la iglesia”, o” Yo tomé la comunión” -Santa Cena- Todo esto es bueno, pero no gano la aprobación de Dios.

2. El legalismo es poner su confianza en una carrera, Pablo dice: “De los hijos de Israel, fui de la tribu de Benjamín” (Fil.

3: 5b). Esto es como decir tengo el pedigrí real aquí. La gente hoy en día dice que tienen una relación con Dios porque su tío fue un misionero o su madre fue creyente. No funciona de esa manera. Todo el mundo tiene que hacer su propia decisión de seguir a Jesús.

3. El legalismo es poner tu confianza en una religión, Pablo dice, (Fil. 3: 5c) “Soy hebreo de hebreos”. Algunos cristianos hoy en día dicen lo mismo. Apuntan a su denominación cuando se les pregunta acerca de su relación con Dios. Cuando lleguemos al cielo, Dios no nos preguntará de qué denominación somos, nos va a preguntar cómo respondimos a su Hijo, Jesús.

4. El legalismo es poner tu confianza en reglas, Pablo también dice: “En cuanto a la ley, fui un fariseo” (Fil. 3: 6a). Los fariseos eran la élite espiritual. ¡Se volvieron los Diez Mandamientos en 613! Diez, simplemente no fue suficiente para ellos. Ellos no comían un huevo si la gallina lo había puesto un día sábado. Ellos no mataban un mosquito en el día de reposo, porque eso era considerado trabajo. Pablo dijo: “¿Quieren hablar de reglas? ¡Yo Seguí las reglas!”.

5. El legalismo es poner tu confianza en la reputación. Por último, Pablo añade: “En cuanto a celo, y en cuanto a justicia la ley fue impecable” (Fil. 3: 6b). En otras palabras, Pablo estaba diciendo que fue ¡un legalista superestrella! Hoy podríamos presumir de cuántas personas asisten a nuestra iglesia, ¿cuánto tiempo oramos, o cuántas personas llevamos a Cristo la semana pasada? El resultado final es el mismo, no va a hacer que Dios sea más feliz con nosotros.

No hay nada malo con cualquiera de estas cosas. El problema viene cuando pensamos que Dios nos va a dar puntos por esto. Él nos ama incondicionalmente, pero si usted comienza a confiar en estas cosas, usted va a perder su alegría y su ministerio se derrumbará.

El antídoto para el legalismo es la gracia. Gracia significa que no tenemos que ganar el amor de Dios, y que no tiene que ganar su sonrisa. Dios siempre nos está sonriendo. ¿Porque me lo merezco? No. ¿Porque sigo ciertas reglas y regulaciones? No. Sino porque estoy cubierto con la sangre de Jesucristo.

El problema para muchos de nosotros en el ministerio, es que sutilmente cambiamos nuestra perspectiva de lo que Dios ha hecho por nosotros, a lo que estamos haciendo para Dios en el ministerio. Eso es peligroso, muy peligroso. Dios no te amará más o menos, no importa cómo le sirvas. Usted no obtiene la aprobación de Dios por lo que haces sino por lo que Cristo hizo por ti ya. Esa es la gracia.

La vida cristiana no es un ritual y no se trata de reglas, es una relación. La religión se basa en el rendimiento, pero el cristianismo se basa en una persona, Jesucristo. No olvides nunca que tu ministerio no ha terminado. Nada es más triste que una persona cínica en el ministerio.