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Martes 19 de Septiembre de 2017

Abogada evangélica se convierte en una evangelista de prisioneras nicaragüenses

Sus armas cotidianas son La Biblia, la Constitución y el Código Penal, para asistir a mujeres de pocos recursos. La “Hermana Triana” sostiene: “El hecho de que tengas una condena por un delito no significa que todos los derechos están perdidos”. “Usted primero confíe en Dios, no ponga su mirada en mí porque soy humana…”.

  • Asistencia Comunidad    
  • 9 mar 2011   

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No es familiar de ninguna de las privadas de libertad que se encuentran en el Sistema Penitenciario para Mujeres La Esperanza, en Managua, Nicaragua, pero es la más esperada el día de la visita.

Hablamos de Triana Zepeda González, quien desde hace cuatro años tomó su Biblia, la Constitución y el Código Penal, para defender de forma gratuita a estas mujeres privadas de libertad y de esperanza espiritual.

Triana, abogada de profesión y evangelizadora de corazón, “guiada por los designios de Dios”, se sumó desde 2006 a un proyecto de la iglesia Comunidad Cristiana Hosanna del Reverendo David Spencer, la iglesia donde se congrega desde 2004, para defender de forma gratuita a las mujeres de escasos recursos, sobre las que pesa una condena y un señalamiento social.

La hermana Triana, como la llaman las reclusas, es parte del Patronato (Grupo de Ayuda) del Sistema Penitenciario, por tal razón todos los martes tiene un espacio para compartir con las mujeres de “La Esperanza”, una cárcel de mujeres con la mayor población de féminas privadas de libertad, asistencia juridica y espiritual.

Los martes es un tiempo aprovechado para hablar de fe, religión y derechos, momento que Triana, aprovecha para predicarles las Buenas Nuevas de Salvación de Jesucristo.

“El hecho de que tengas una condena por un delito, no significa que todos los derechos están perdidos. Tienen derecho a salud, a educación, a recrearse, y, sobre todo, a que se respeten sus derechos humanos, y eso lo explicamos en las charlas”, dice Zepeda.

“También tienen derecho a que les revisen la pena y otros beneficios que la ley establece”, agregó la abogada y evangelista. “Cuando una mujer está en el SPN es una mujer desgastada económica y espiritualmente, por todo el proceso judicial que vivió. Muchas veces ya perdieron su casa, sus pocos bienes por el pago del abogado. Es aquí donde nuestro trabajo empieza”, refiere, según El Nuevo Diario.

La misión empezó en Managua, la capital nicaragüense, pero el servicio se ha extendido a departamentos como Chinandega, Granada y Estelí, lugares donde se encuentran otras mujeres privadas de libertad. “Yo les advierto a las mujeres: usted primero confíe en Dios, no ponga su mirada en mí porque soy humana y puedo fallar, pero Dios no falla nunca”, asegura la hermana Triana.

Al mes, las abogadas llevan al menos tres casos, y al año logran la libertad de unas 30 mujeres. En Nicaragua, la población penal es de 7,000 privados y privadas de libertad, de estos, 120 son mujeres.

Foto: Triana Zepeda González