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Sábado 21 de Octubre de 2017

“El pastor no debe tener ni un pollo”, dice apóstol Silvio Jarquín

“El pastor no debe tener ni un pollo”, recuerda el apóstol Silvio Jarquín, que le decían en la década de los 80, época en que los evangélicos en Nicaragua, tenían unos moldes muy arcaicos por una mala interpretación de la Biblia.

  • Ministros    
  • 30 ago 2010   

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Silvio Jarquín, es el pastor principal de la iglesia Fraternidad Santa en Managua. Él cuenta que nunca aspiró en el inicio de su vida cristiana a ser pastor, sobre todo porque su mentalidad no era vivir miserablemente como él veía que a muchos ministros del Señor, les enseñaban en el Instituto Bíblico de las Asambleas de Dios que no podían poseer muchos bienes.

“Miré que muchos pastores vivían en condiciones muy precarias. Entonces pensaba, vida pastoral para nada, es una vida muy pobre y sufrida”, comenta el pastor Jarquín, quien se graduó de doctor en Teología y además es presbítero y fiscal de la junta directiva de las Asambleas de Dios, actualmente.

Aunque muchas veces se negó al pastorado, Jarquín dice, que hubo un momento en que “Dios me arrinconó y ya no pude negarme a su llamado”. Sin embargo, en sus inicios en la obra del Señor, Jarquín, siempre se había destacado en ser un líder, recordando que un día sería su vida próspera como la de su padre, quien era un hacendado, no obstante su progenitor nunca le heredó nada y posteriormente cuando Jarquín, se convirtió al evangelio perdonó a su papá, pero este ya no era rico, el Gobierno de ese tiempo lo había expropiado de todos sus bienes.

“Dentro de mí decía un día seré como papá”, relata Jarquín, quien en sus inicios como evangélico perteneció a la iglesia de Cristo Evangelio Completo, donde su pastor fue Arnulfo López, pero con la guerra y el servicio militar en la década de los 70, huyó con su familia a su ciudad natal, Esquipulas Matagalpa, allí se congregó en la única iglesia que había, las Asambleas de Dios y desde allí Jarquín, comenzó toda una lucha.

De regreso a Managua con su familia, Jarquín empezó el inicio de la obra en una casa que luego el Gobierno se la confiscó, de modo que tuvieron que comprar un terreno donde se botaba basura, se sembraba trigo y el monte estaba demás, y allí con un techo y 4 palitos se realizaban los cultos. Pero Jarquín tuvo que impulsar cambios dentro de su denominación.

Uno de las tantas reformas que impulsó Jarquín fue el plebiscito, el cual ponía al pastor en riesgo de ser expulsado de la congregación, si esta votaba mayoritariamente en contra de él. El otro cambio fue desaparecer el concepto anti bíblico que era la asamblea la que decidía cómo iría el rumbo de la obra cuando se conoce “que las ovejas oyen la voz de su pastor y estas le obedecen”.

Cuando el pastor tenía su iglesia en la comunidad de Fraternidad Santa, la gente pasaba por un camino cerca de la iglesia, con apenas 20 miembros, “la gente nos quedaba viendo, provocábamos lástima”, dice Jarquín agregando pero “le dije al Señor, no queremos provocar lastima, queremos ser admiración en este lugar y llegamos pronto a tener el mejor templo”, que sufrió varias remodelaciones y ampliaciones porque ya no alcanzaba la gente, hasta que la congregación, decidió construir el mega templo que alberga a 1,100 personas, que según el pastor aún no es suficiente, porque el número de creyentes sigue creciendo por lo tanto están gestionando una terreno para construir un santuario con una capacidad para 5 mil personas.