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Jueves 14 de Diciembre de 2017

Obispo Roberto López Rojas niega haber sido un agente de la dictadura de Pinochet

“Nunca fui agente de la Central Nacional de Informaciones (CNI), ni tampoco desempeñé labor alguna en ese organismo. Más aún, a lo largo de toda mi vida jamás he incurrido en acciones atentatorias de la dignidad de la persona humana”, obispo Roberto López Rojas.

  • Ministros    
  • 18 abr 2011   

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Después que se publicara primeramente la agencia EFE que el obispo Roberto López Rojas, fue un agente de la dictadura de Pinochet. Hubo muchas reacciones, primera la del diputado Hugo Gutiérrez, diputado PC y presidente de la comisión de Derechos Humanos, quien entregó una carta a las autoridades evangélicas pidiendo la salida del actual presidente de la Iglesia Metodista Pentecostal de Chile, Roberto Alejandro López Rojas, por haber sido agente de la Central Nacional de Informaciones (CNI) durante el régimen militar de Augusto Pinochet.

La otra reacción provino el pasado viernes 15 de este mes, donde Tres miembros de los 11 directores de la Iglesia Metodista Pentecostal de Chile, con más de dos millones de fieles, y dos pastores que dijeron representar a 60 de ellos, pidieron este sábado la renuncia de López Rojas.

“Creemos que el obispo Roberto López debe poner el cargo a disposición para elegir un nuevo presidente”, dijeron en una declaración pública los miembros del directorio Eduardo Durán Castro, Ricardo Fierro Carrasco y Daniel Balladares y los pastores Tito Maturana Bravo y Ricardo Fierro Sauterel.

“No permitiremos que la actuación de uno de nuestros directores dañe la hermosa labor en pro de nuestro prójimo y nuestra nación”, agregaron.

Frente a esta crisis que está pasando la Iglesia Metodista Pentecostal de Chile, su presidente nos envío a NoticiaCristiana.com este comunicado que lo publicamos íntegramente como nos enviaron:

CARTA ABIERTA A MIS HERMANOS Y AL PUEBLO DE CHILE

1. Nunca fui agente de la Central Nacional de Informaciones (CNI), ni tampoco desempeñé labor alguna en ese organismo. Más aún, a lo largo de toda mi vida jamás he incurrido en acciones atentatorias de la dignidad de la persona humana, que constituyan violaciones a los derechos humanos o sean crímenes de lesa humanidad.

Poco después del golpe de Estado que puso fin a la democracia en Chile en 1973, mi padre fue detenido en forma arbitraria. Era entonces un adolescente de sólo 15 años, por lo que pude conocer, tempranamente, el dolor de los familiares y las víctimas de las violaciones a los derechos humanos. Con el transcurso del tiempo, recibí del Señor el entendimiento de que el respeto a la dignidad humana deviene del imperativo de amar al prójimo (Mateo 22:35–40) y de reconocer a Dios en nuestro prójimo (Mateo 25:31–46).

Por ello, considero un agravio doloroso e inmerecido las imputaciones que he recibido en el curso de los últimos días.

2. El Señor Jesucristo señaló: “He hablado al mundo abiertamente (…) y nada he hablado en secreto” (Juan 18:20). Nada tengo que ocultar y no he existe ningún hecho significativo en mi vida que no haya puesto en conocimiento de mis hermanos de la Iglesia Evangélica Metodista Pentecostal. Por esa razón, las informaciones que ahora se han instalado en los medios de comunicación social salieron de nosotros (1 Juan 2:19) hace ya tiempo atrás y permitieron que se divulgaran en la revista “El Periodista” en su edición Nº 85 del viernes 8 de julio de 2005.

Esas informaciones ahora han sido reflotadas, con mayores niveles de repercusión. Por lo mismo, tras implorar por sabiduría al Señor (Santiago 1:5), he decidido poner a disposición de toda la sociedad chilena todos los antecedentes necesarios.

3. Ingresé como conscripto a la Armada el 28 de agosto de 1977, en cumplimiento con las obligaciones que el Estado chileno imponía e impone a los jóvenes chilenos. En el ejercicio de esa responsabilidad, resolví iniciar una carrera en la institución. Lo hice por una opción de servicio público y porque me gustaba el mar. Además, para un joven que procedía de una familia modesta, era una alternativa posible de desarrollo profesional. Es decir, no tuve razones sustancialmente diferentes a las que han motivado y hoy motivan a miles de jóvenes chilenos ha seguir carrera en alguna institución uniformada.

El 1 de agosto de 1979, comencé como marinero 2º y realicé un curso de servicio. Poco después del inicio de mi carrera, el mando me destinó a la Dirección de Inteligencia de la Armada (DIRINTA), organismo técnico de carácter permanente de esta institución también permanente del Estado chileno. Por cierto, esa asignación no fue una opción de carácter voluntario, ni frente a la cual pudiera tener un mínimo derecho a considerar alternativas diferentes. Me desempeñé en esas tareas entre 1979 y 1987, y luego entre 1990 y 1992.

En estos períodos, nunca me fueron asignadas tareas relacionadas con orden y seguridad interior, menos relacionadas con la vigilancia o la persecución de la disidencia política. No realicé ninguna actividad que pudiera considerarse violación a los derechos humanos. Por esas razones, es que no existe absolutamente ningún proceso judicial, ni tampoco pudiera llegar a existir, que me involucre en forma directa o indirecta. El propio cable de Agencia EFE del 11 de abril que ha provocado esta controversia señala, casi al pasar, que “Roberto López no aparece involucrado en delitos de lesa humanidad”.

Nunca he señalado a esta Agencia que me siento orgulloso de haber pertenecido a la CNI, porque nunca pertenecí a la CNI y no he participado jamás en ninguna de las reprochables e ilícitas acciones en que incurrió. Lo que manifesté, y que ahora reitero, es que me siento orgullo de haber pertenecido a la Armada en un período complejo de la historia nacional y haber desempeñado mis funciones con estricto apego a la ética del Evangelio.

Por lo demás, si los mandos me hubieran impartido una orden orientada a incurrir en un hecho ilícito, en ese mismo momento se hubiera terminado mi carrera en la Armada, pues el argumento de la “obediencia debida” no tendrá sentido alguno frente al Trono de Dios (Apocalipsis 20:11–15).

4. ¿Cuál es el origen de esa falsa imputación de que habría pertenecido a la CNI? Según el cable de la Agencia EFE, constaría en el “Oficio Ordinario número 1505/0323/1590 INT”. Lo que no indica es que en el documento se habla de una destinación que se extendió por menos de un mes y medio: entre el 2 de mayo y el 11 de junio de 1984. Añade la Agencia EFE: “No detalla qué funciones cumplió”… En rigor, a lo que alude este documento es una destinación a un breve curso en la Escuela de Inteligencia que administraba el organismo. Entre 1977 y 1989, hubo miles de efectivos de las tres ramas de las Fuerzas Armadas que fueron destinados a recibir formación en esta Escuela, sin que ello implicara que dejaran sus funciones regulares en sus instituciones, ni que pasaran a transformarse en “agentes de la CNI”. Precisamente ese es mi caso. Nunca abandoné mi trabajo en la Armada. Nunca fui parte de la Central Nacional de Informaciones.

Habría que agregar que entonces tenía 25 años y el grado de Marino 1º, y la destinación a ese curso de formación tampoco fue el resultado de una elección personal.

Un detalle adicional. El cable de Agencia EFE alude también a un episodio que ocurrió el 10 de diciembre de 1985. El ministro Carlos Cerda ordenó mi detención mientras tomaba fotografías en el frontis de la Cárcel de San Miguel, donde debía realizar unas diligencias. A este respecto, puedo precisar que era entonces cabo 2º, que fue la única ocasión que el Alto Mando de la Armada me impartió una tarea de este tipo, la que consistía en prestar protección a un ex teniente de la Armada; que –como señala el mismo cable de EFE– no tuve problemas en manifestar toda la verdad al juez cuando me fue requerido; y que el ministro Cerda, a quien todo el país reconoce su coraje y consistencia en términos éticos y jurídicos, no inició acción judicial alguna en mi contra.

5. He manifestado que nada tengo que ocultar y, por lo mismo, no sólo comparto ahora esta Carta Abierta con mis hermanas y hermanos evangélicos y con la opinión pública del país, sino que expreso mi disposición absoluta de concurrir a conversar sobre esta materia con la totalidad de aquellos que así lo requieran, incluyendo por cierto las Comisiones de Derechos Humanos del Senado y la Cámara Baja, el Programa de Derechos Humanos del Ministerio del Interior, y la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos, cuyo dolor comparto y por quienes imploro al Señor Jesús, por misericordia, que obtengan justicia, reparación y conformidad en sus espíritus.

Considero necesario agregar que en la Iglesia Evangélica no existen autoridades que sean consideradas infalibles. Aquí, nadie goza de impunidad y todos debemos responder frente a la comunidad de hermanos y cuando corresponda frente a las autoridades judiciales o administrativas del poder secular. Aquí, todas y todos nos reconocemos como pecadores, que necesitamos del Señor para la salvación, y cada día que pasa pedimos perdón al Señor por nuestras faltas, como también perdonamos a los que nos ofenden (Mateo 6:12).
En este sentido, aunque tengo la conciencia tranquila, expreso que si en algo he fallado en mis responsabilidades éticas frente a mi prójimo, aunque sea por omisión, imploro por su perdón y misericordia.

Roberto López Rojas
Obispo Presidente
Iglesia Metodista Pentecostal