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Miércoles 24 de Agosto de 2016

Cristianos que escapan de persecución religiosa comparten evangelio en cárceles

La mitad de los detenidos son paquistaníes y solicitantes de asilo que huyen de la persecución religiosa. Los otros eran inmigrantes procedentes de Europa del Este, Sudeste de Asia y África. La mayoría eran hombres, pero hay un grupo de mujeres con bebés.

  • Evangelismo    
  • 2 feb 2016   

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TAILANDIA, BANGKOK.- Un refugiado de Pakistán de 21 años, llamado Arbab que fue detenido en el Centro de Detención de Inmigración (IDC, por sus siglas en inglés) durante más de seis meses sin esperanza de libertad comparte la palabra de Dios junto a sus compañeros.

La mitad de los detenidos son paquistaníes y solicitantes de asilo que huyen de la persecución religiosa. Los otros eran inmigrantes procedentes de Europa del Este, Sudeste de Asia y África.

La mayoría eran hombres, pero hay un grupo de mujeres con bebés.

A pesar de su entorno sombrío, muchos de los cristianos en IDC profesan una renovada conciencia de la presencia y la provisión de Dios detrás de las paredes de la prisión.

Arbab y su familia huyeron de Pakistán después que su padre, un abogado, defendió a los cristianos contra los musulmanes y empezó a recibir amenazas de muerte de grupos islámicos. Él dice que la vida en IDC es “muy difícil”. Pero las visitas de las iglesias quienes le llevan alimentos tienen un gran significado: “Estas visitas significan mucho para nosotros”, dijo. “Ellos me hacen muy feliz. Gracias”.

Lo que preocupa a Arbab más, es no tener contacto con su familia, que todavía están en algún lugar en Bangkok, escondiéndose de los funcionarios de inmigración.

Él comparte su celda con muchos refugiados cristianos. Se reúnen dos veces al día para orar por la libertad, la comodidad y la paz.

Otro es Peter quien dijo que su vida cambió durante sus 45 días en IDC. Sus compañeros de celda incluyen a dos pastores, por lo que hicieron “una pequeña iglesia” donde oran y adoran junto con otros compañeros de celda cristianas. En ese tipo de situación desesperada, cada respuesta pequeña a sus oraciones, ofrece garantía de que Dios está con ellos.

Funyas Masih también experimentó la bondad de Dios cuando fue detenido en el IDC junto a sus dos hijos por siete días porque no podían pagar la multa de 556 dólares por sus visas. Aprovecharon el tiempo y compartieron el evangelio. Pues en la celda había dos hombres con trastornos mentales a quienes otros rechazaban debido a su comportamiento. Pero Masih y sus hijos decidieron mostrarles amor, les hablaron amablemente a los hombres y oraron por ellos. Los dos hombres dijeron que se sentían mejor cada vez que oraban por ellos. Dentro de cuatro días en IDC, Masih dijo que él bautizó a cuatro compañeros de celda: dos musulmanes, uno hindú y un sikh.

“Ustedes son diferente de alguna manera, el ambiente pasó de la tristeza y desesperación a acción de gracias y esperanza”, manifestaron los presos de la IDC.

Masih y sus hijos fueron liberados de IDC, la mayoría de sus compañeros de celda lloró al verlos partir. La vida en IDC fue terrible, pero Masih y sus hijos no podían evitar sentirse tristes al dejarlos. “¡Si Dios nos dio más tiempo en IDC, tal vez más personas se habrían convertido!”, dijo Masih.

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