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Sábado 29 de Abril de 2017

Ladrón es evangelizado por misionero que asaltó

Los robos son comunes en la región donde viven, pero después de ser físicamente agredido, Agustín y su equipo tuvieron que dar el poco dinero que tenían, sus teléfonos celulares y lo más difícil, las llaves de su camioneta.

  • Evangelismo    
  • 21 feb 2017   

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ARGENTINA. – Agustín es un misionero argentino que trabaja en la misión Toda Casa con Cristo (TCC). Como la mayoría de los misioneros, él trabaja duro pero no gana mucho dinero. Recientemente enfrentó a una difícil elección, que si vivir predicando el Evangelio valía la pena.

A finales del año pasado, Agustín y otros trabajadores de la TCC estaban evangelizando en las afueras de Buenos Aires, en una zona dominada por una banda.

Aun conscientes del peligro, se comprometieron a compartir el Evangelio con las bandas, los drogadictos y prostitutas del barrio. Sin embargo, una noche fueron atacados por dos hombres armados.

Los robos son comunes en la región donde viven, pero después de ser físicamente agredido, Agustín y su equipo tuvieron que dar el poco dinero que tenían, sus teléfonos celulares y lo más difícil, las llaves de su furgoneta. Los hombres enmascarados huyeron en el vehículo con todo el material evangelístico.

Aunque estaba asustado y desanimado, Agustín dio gracias a Dios por salvar sus vidas.

Él y otros misioneros oraron para que la furgoneta junto con las biblias y la literatura cristiana con el tiempo se fueran recuperados.

Unos días más tarde llegaron las noticias de que la furgoneta había sido encontrada por la policía. Pero los ladrones le habían prendido fuego a la misma, para que evitar que encontraran sus huellas dactilares.

Cuando llegaron al lugar, vieron que junto a la furgoneta destruida estaban las cajas de biblias y el material de evangelización. Cuando vieron esto los misioneros lloraron, porque comprendieron que Dios había protegido sus herramientas de ministerio para seguir difundiendo el Evangelio a las almas perdidas de la comunidad.

Otros trabajadores de la misión Toda Casa con Cristo estaban teniendo éxito con un trabajo de evangelización en una prisión de Buenos Aires. Cuando Agustín oyó esto, rápidamente se ofreció para ayudar. Después de todo, había renovado su compromiso para dedicar su vida compartiendo el mensaje del perdón y la gracia en la cárcel.

Varios meses más tarde,  el misionero Agustín estaba ministrando a prisioneros que habían aceptado a Cristo a través del trabajo penitenciario. Uno de ellos le habló sobre la furgoneta robada. Cuando Agustín declaró que la literatura y las biblias que estaban distribuyendo habían sido preservadas, uno de los hombres dijo que le quería decir algo.

“Fui yo y otro hombre que estamos en prisión que lo atacamos y le robamos su furgoneta” Agustín dijo que no sabía cómo reaccionar por el recuerdo de aquella noche horrible. Ahora, algunos meses más tarde, se enfrentaba de nuevo a uno de los asaltantes.

De repente, el prisionero se puso a llorar y pidió a Agustín que lo perdonara. También explicó que terminó siendo arrestado por otro crimen, pero que había sido alcanzado por el trabajo de TCC, y que había aceptado a Cristo para abandonar su vida de delincuencia.

El misionero le dijo al prisionero que estaban perdonados. En ese momento Dios le recordó que las biblias que habían sido llevadas sin razón aparente en la furgoneta y que no habían sido quemadas, estas mismas habían sido llevadas para cambiar la vida de los delincuentes, la tristeza por la pérdida de la furgoneta ahora se convertía en alegría al ver que su decisión de continuar con el trabajo estaba dando frutos para el reino de Dios.