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Jueves 21 de Septiembre de 2017

La atleta -de fe evangélica- Alozie se reengancha a la gloria terrenal

“Creo mucho en mí, creo mucho en mi entrenador, pero sobre todo creo que el Señor nunca falla”, declaró.

  • Sociedad    
  • 14 mar 2006   

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En Moscú, donde Glory Alozie se asfixia de calor por las noches, donde suda bajo el edredón en una habitación de hotel iluminada por el resplandor de la nieve que cae, por el reflejo de los tejados blancos, donde se destapa y se enfría. “Sufro mogollón, toda la noche tosiendo”, explicó la atleta nigeriana, de 28 años, que vive en Valencia desde 1997 y que obtuvo la nacionalidad española en 2001.

Fue en Moscú donde la vallista de bolsillo (1,56 metros, 52 kilos), dinamita pura en versión reducida, músculos explosivos, de goma, obtuvo su cuarta plata de gran nivel (Alozie fue, compitiendo con Nigeria, subcampeona mundial en Sevilla 99 y subcampeona olímpica en Sydney 2000; como española, fue plata en el Mundial en pista cubierta de Birmingham 2003, y como apátrida fue oro fugaz en el Europeo ‘indoor’ de Viena 2002: Francia reclamó aduciendo que no podía competir como española y fue desposeída del título en los despachos).

Fue en Moscú, fue ayer, donde Glory Alozie “se enganchó otra vez a la élite mundial”, en palabras de su entrenador, Rafa Blanquer.

Como es su hábito, como su gente preveía, Alozie siguió mejorando a lo largo del día, pasó sin problemas la semifinal y en la final dio el golpe que tanto necesitaba, el bofetón a más de un año de miserias, lesiones, dolores y baja forma que la habían mantenido en la sombra.

“Pero yo nunca dudé de que volvería”, dijo Alozie.

“Creo mucho en mí, creo mucho en mi entrenador, pero sobre todo creo que el Señor nunca falla. Sabía que un día me iba a curar”. “Ha sido el primer invierno en mucho tiempo en que ha podido hacer trabajo de velocidad”, explicó Blanquer. “Si no eran los isquiotibiales, era la rodilla, pero hemos trabajado muy bien todos en equipo para recuperarla”.

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