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Jueves 14 de Diciembre de 2017

Dalai Lama se reune con autoridades de todos los credos

Entre ellos Rafael Goto Silva, del Consejo Nacional Evangélico del Perú, Jorge Bravo, de la Iglesia Metodista, y el pastor Pedro Arana, de la Sociedad Bíblica Peruana.

  • Sociedad    
  • 11 may 2006   

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Shalom, Salaam o la paz sea con vosotros. Sea el saludo judío, musulmán o cristiano, el idioma es la única diferencia entre cada uno de ellos.

“No importa la religión que uno tenga, lo importante es que la practique”, dijo ayer el XIV Dalai Lama y, apartando discrepancias doctrinarias y culturales, despidió su visita al Perú reuniéndose con las autoridades peruanas de los diferentes credos, a quienes trató como hermanos.

Tenzin Gyatso (Océano de Sabiduría) destacó la importancia de que haya armonía entre las distintas religiones, hecho que no debe quedar “sólo en saludarse de manera cordial” sino en estudiar los puntos en común de cada credo, juntarse con ellos y visitar –mutuamente– los lugares sagrados y de peregrinación.

“Cada religión tiene la capacidad de generar calidez y bondad entre sus creyentes y no hay razones para enfrascarse en la divisiva práctica del fanatismo y la intolerancia religiosa”, manifestó.

Al acto asistieron el monseñor Juan José Larrañeta, presidente de la Conferencia Episcopal Peruana; William Gofrey, de la Iglesia Anglicana; Rafael Goto Silva, del Consejo Nacional Evangélico del Perú; el archimandrita (jefe de monasterio) José Roberto de Oliveira, de la Iglesia Ortodoxa, y el reverendo Pedro Bullón.

Asimismo, estuvieron presentes el rabino Guillermo Bronstein, de la Comunidad Judía; Damin Hussein Awad, presidente de la Asociación Islámica del Perú (Comunidad musulmana); Marco Huaco, de los adventistas; profesor Pedro Merino, de la Iglesia Presbiteriana; Jorge Bravo, de la Iglesia Metodista, y el pastor Pedro Arana, de la Sociedad Bíblica Peruana.

PRECIOSO REGALO
Al concluir la ceremonia, el Dalai Lama regaló a cada uno de los representantes religiosos un kathag, un manto blanco de seda que representa la pureza y la amabilidad.

Con esta cita, y sin dejar de obsequiar esa auténtica sonrisa de quien desterró dentro de sí todo resentimiento, el Dalai Lama se despidió de nuestro país, no sin dejar de cumplir su misión, enseñarnos que aun cuando podemos ir por caminos diferentes, al final la meta es la misma, alcanzar la paz individual y, más importante aún, la colectiva.

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