nav
Martes 26 de Septiembre de 2017

Miles de niños, víctimas de brujería y exorcismos en el Congo

Reportaje del diario español El Mundo dice que en el Congo hay niños que son pequeños brujos responsables de muertes a causa del sida o la malaria, del paro o de cualquier desastre natural.

  • Sociedad    
  • 19 jul 2007   

¿Qué sientes con esta noticia?

Un niño africano de diez años, con pésima salud, flaco, de baja estatura, desnutrido, sucio. Sufre epilepsia e incontinencia urinaria. A veces es un poco desordenado, desobediente y nervioso. Al ver esta imagen en la televisión o en fotos, miles de personas en todo el mundo fruncen las cejas en señal de piedad, se indignan por su impotencia y, muchas veces, llevan la mano a los bolsos para contribuir con un proyecto de alguna ONG. Pero en la República Democrática del Congo (RDC), nada de comprensión o piedad.

Lo que se acaba de detectar es un pequeño brujo, posible responsable de muertes a causa del sida o la malaria, del paro o de cualquier desastre natural. Todo esto lo cuenta Clarice Couto en un reportaje publicado por el diario español El Mundo.

Podría ser una broma de pésimo gusto, pero éste es un fenómeno que empezó a manifestarse a principios de los años 90 en las grandes ciudades del Congo. Tras guerras, conquistas, genocidios y décadas de mínimas condiciones de supervivencia, África sigue mostrando números superlativos de sus miserias: hasta el momento, 70.000 niños y niñas congoleños acusados o perseguidos por brujería, principalmente en la capital Kinshasa, según un informe de Save the Children, la organización de infancia más antigua del mundo.

Los inquisidores, además de los predicadores de Iglesia del Despertar, son sus propios padres o vecinos.

El camino para la cura de la brujería es largo y traumático. Con la excusa de que los pequeños pueden causar los más diversos males, los pastores de las Iglesias del Despertar han expandido su dominio y la idea de que el exorcismo es la única solución para el presunto problema. Alegan que experimentan una fuerza sobrenatural, como la del Espíritu Santo, que les impulsa a proteger a sus fieles contra las magias negativas controladas por los menores.

En sólo uno de los casos denunciados por ‘Save the Children’, siete niños de entre 6 y 11 años acusados de brujería fueron encerrados durante cinco días en una pequeña habitación sucia y sin techo, sin comida ni agua, para prepararles para ‘ser librados’ de los malos espíritus. Según cuenta la organización, una de las niñas de seis años que estaba ya sedienta pedía agua a gritos pero los presentes, incluidos sus padres, la ignoraban, hasta el punto en que le pegaron para que se callase.

Tras los cinco días, los niños fueron presentados ante el pastor, quien pidió a los padres que se acercaran y perdonaran a sus hijos. La pastora entonces, según el informe, empezó un ritual que incluía correr en círculos, gritar y cantar salmos mientras temblaba. Al final, la mujer empujó a los niños, que se cayeron exhaustos y mareados al suelo. El pastor fue de uno en uno, gritándoles y tocando todo su cuerpo, bajándoles los pantalones y las faldas y tocándoles los genitales con la excusa de liberarles del diablo.

La aceptación de tales prácticas en este país se explica por las drásticas consecuencias dejadas por los años de guerra. La última de ellas, conocida como Segunda Guerra del Congo, que empezó en 1998 y terminó en 2003, dejó un saldo de cuatro millones de muertos y 1,6 millones de desplazados. Esta situación generó en gran parte de la población la pérdida de los valores tradicionales y alzó a los religiosos de la Iglesia del Despertar al puesto de poder del que disfrutan actualmente. Tanto que el ‘problema de la brujería’ no es una exclusividad de ningún grupo étnico específico o de alguna clase social, y tampoco se observa sólo en los que no han recibido una educación formal.

Otro caso denunciado por Save the Children es de una niña que se casó con un hombre siete años mayor que ella. Tuvo problemas de adaptación con la familia de su marido, que la consideraba una forastera. No logró llegar al final ni de su primer embarazo ni del segundo, por lo que la familia de su esposo pasó a acusarla de no querer darles un heredero, de ser una bruja y de haber sembrado problemas en la familia. En consecuencia, fue devuelta a sus padres pero su familia también la consideró una portadora de desgracias y motivo de vergüenza. Tras conocer a otras chicas de su edad que realizan pequeños trabajos, se instaló finalmente con ellas en otra residencia.

Lo que mueve a estos pastores, no obstante, es más que su misión de proteger a sus fieles. Las Iglesias del Despertar ganan donaciones de las familias por los exorcismos que realizan, con el visto bueno de los funcionarios estatales que reciben pagos ilegales. Algunas llegan a operar con todas las autorizaciones necesarias de los Ministerios de Justicia y Asuntos Sociales del país.

En el intento de erradicar este problema, Save the Children cuenta con grupos que trabajan tanto en la concienciación de los líderes religiosos como de los padres y familias. Además, viene actuando junto a organismos oficiales del país y ejerciendo presión política para aumentar la regulación estatal de los métodos utilizados por las iglesias. El principal reto es crear mecanismos para monitorear las confesiones y verificar posibles abusos o maltratos cometidos contra los niños y adultos acusados de brujería.

El Mundo