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Domingo 24 de Septiembre de 2017

Un periodista de Nueva York vive durante un año como dicta la Biblia (video)

Durante todo un año su vida estuvo regida por unas 700 normas de la Biblia. Ha contado su experiencia en un libro titulado The Year of Living Biblically que editará Ediciones B en español en 2009.

  • Sociedad    
  • 25 mar 2008   

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Ni mentir ni criticar, vestir de blanco sin mezclar tejidos, mantenerse de pie cuando hay personas mayores y no sentarse en ninguna silla en la que antes haya estado una mujer que tiene la menstruación. Son sólo algunas de las normas que dicta la Biblia. ¿Podría usted vivir así?

A. J. Jacobs, un periodista de Nueva York, lo ha logrado. Ha estado todo un año “viviendo bíblicamente”, para “entender qué tenían en la cabeza los ancestros que escribieron el texto sagrado.

O en sus sandalias…”, explica el autor. Una experiencia que ha recogido en The Year of Living Biblically (Simon & Schuster), un libro que Ediciones B editará próximamente en español.

Fueron 365 días que “han cambiado mi vida y mis perspectivas. Me he convertido en un reverente agnóstico”, dice Jacobs. Ser periodista y trabajar en Nueva York no facilitaron su inmersión; aunque logró adaptar los estrictos preceptos bíblicos a la Gran Manzana. Siguió cogiendo el metro, usando los taxis amarillos y predicó el mensaje de Dios por las concurridas calles de Manhattan, vestido con ropa de hilo blanco, una casaca roja y negra y un bastón, como Moisés.

De las más de 700 normas recopiladas, “no chismorrear, no mentir y no codiciar fueron las más difíciles de seguir”.

El reto del sabbat

Y tener que cumplir el Sabbat -estar inactivo desde el viernes cuando anochece hasta el sábado a la misma hora- fue un “auténtico desafío”. “Soy adicto al trabajo, por lo que no poder trabajar durante un día no fue ninguna broma”, admite el redactor de la revista Esquire.

Tampoco fue fácil sentarse en una silla en la que ha estado una mujer que tiene la regla antes. Su mujer, Julie, molesta por esta ley “ofensiva”, “se sentaba en todas las de nuestro apartamento, así que muchos días terminé por quedarme de pie”, confiesa.

Una conversión que no fue sólo física

A. J. Jacobs vio cómo su cabello y su barba crecían inexorablemente hasta tapar gran parte de su cara. Pero la conversión no fue sólo física. Él y su esposa creen que la experiencia le ha hecho “más agradecido tolerante y amable”. “En este año han mejorado muchos aspectos de nuestras vidas”, sentencia.

Adn