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Miércoles 22 de Noviembre de 2017

La nueva gran velocista del atletismo de EEUU, Allyson Felix, pone su fe en Jesús como motor ético y deportivo

Después de un viaje de 145 kilómetros a través de un desierto de cañones, hasta la Sunrise Church (Iglesia del Amanecer), tomó un micrófono y habló diciendo: “Crecí en la escuela dominical y enseguida comprendí que era una pecadora y que sólo Jesucristo podía salvarme”.

  • Sociedad    
  • 29 abr 2008   

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La nueva Marion Jones del atletismo estadounidense, después de un viaje de 90 millas (145 kilómetros) hacia el interior de California a través de un desierto de cañones, hasta la Sunrise Church (Iglesia del Amanecer), tomó un micrófono y habló diciendo: “Crecí en la escuela dominical y enseguida comprendí que era una pecadora y que sólo Jesucristo podía salvarme”. “Crecí y creció en mí la fe. Mi éxito no es mío, es un don del Señor”.

Terminadas sus palabras, el auditorio, varios cientos de personas en mesas redondas para celebrar el día del desayuno padre-hija, dijo un sonoro amén. Después subió Paul Felix, su padre, pastor evangélico itinerante y profesor de Nuevo Testamento, presidente de la Escuela de Enseñanzas Bíblicas de Los Ángeles, California y afirmó ante todos que estaba orgulloso de su hija no porque haya triunfado en el atletismo, sino por su relación con el Señor, y que sin eso, sus medallas no valdrían nada.

Su hija, Allyson Felix, de 22 años, es doble campeona del mundo de 200 metros y medallista de oro, además de lograr en Osaka el primer lugar como parte del equipo de los relevos 4×100 y 4×400.

Su objetivo en los Juegos Olímpicos de Pekín es enorme: lograr cuatro medallas, cuatro oros, en 100 y en 200 metros, y en los relevos; convertirse en la nueva reina del atletismo mundial, como lo fue hace ocho años, Marion Jones.

Jones, que purga en la cárcel una pena de seis meses por perjurio, y a quien se le han retirado las medallas olímpicas por dopaje, sembró en ella al comienzo de su carrera deportiva la semilla de la emulación: ahora sólo despierta desilusión en Felix.

UN DEPORTE LIMPIO
Felix siente que tiene una gran responsabilidad hacia el futuro del atletismo y su fe le está ayudando a tomar decisiones importantes.

Una roca firme, y limpia, en mitad de un mar agitado, así quiere ser Allyson Felix. A su alrededor, el atletismo norteamericano vive desde hace años las convulsiones del caso Balco, que hundió en la miseria, aparte de a Jones, la última reina de la época dorada, a Tim Montgomery, quien llegó a ser el hombre más rápido del mundo, y a todo el grupo del entrenador jamaicano asentado en Carolina del Norte, Trevor Graham, incluido Justin Gatlin, campeón olímpico en Atenas y también ex recordman mundial de los 100 metros.

Y, según todos los indicios, no ha acabado este terremoto: dentro de un mes comienza el juicio por perjurio contra Graham, que negó siempre su relación con el dopaje, y que ya ha anunciado que en la vista saldrán a la luz una docena de nuevos nombres.

“Me acuerdo de que durante los Juegos de 2000, en Sidney, Allyson no se apartaba del televisor. Tenía 15 años y descubrió la grandeza del atletismo. La descubrió a través de las hazañas de Marion Jones”, recuerda su madre, Marlean. “Y por eso, cuando conoció su verdad se sintió muy decepcionada”.

Quizás para acompañar con hechos las palabras, Felix anunció a principios de semana que era una de los 12 atletas voluntarios del proyecto Believe (Creer) puesto en marcha por la Agencia Antidopaje de Estados Unidos, que consiste en someterse a una serie de controles de orina y sangre para establecer su perfil biológico y mantener una total transparencia en su actividad deportiva.

ACPress.net