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Jueves 14 de Diciembre de 2017

El asaltante más peligroso del Perú D’jango cambió pistolas por Biblia

El ex asaltante más peligroso del Perú cuenta su cambio de vida. Ha purgado condena en todos los penales del Perú. Robó más de 100 bancos y amasó una fortuna de 20 millones de dólares.

  • Sociedad    
  • 19 feb 2009   

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El ex asaltante más peligroso del Perú cuenta su cambio de vida. Ha purgado condena en todos los penales del Perú. Se escapó de El Sexto y Lurigancho. Robó más de 100 bancos y amasó una fortuna de 20 millones de dólares. Eso, ya fue. Esta es la historia de un hombre converso.

En la cueva donde se refugió Django hace 28 años, cuando escapó por la puerta principal del penal de Lurigancho en medio de una lluvia de balas, aún reinan las tarántulas y los murciélagos, pero sobre aquellos seres vivos prevalece la figura del temerario Oswaldo Gonzales Morales, quien sostiene una lámpara a kerosene que lo alumbrará en las profundidades de la cavidad rocosa.

Esta vez no se esconde de la justicia. Está aquí, en un cerro de Huarochirí, para elevar una oración al cielo. Llora Django, porque siente que Dios le devolvió la vida.

El otrora hombre más buscado del Perú, que escapó del Sexto en 1979 y de Lurigancho un año más tarde, se ha convertido en un predicador a tiempo completo que sostiene una biblia MacArthur entre sus manos. Oswaldo Gonzales asaltó más de 100 bancos en los años 70 y 80. Su fortuna personal rebasó los 20 millones de dólares y ahora, extrañamente, se pasea por Chosica en una mototaxi.

Oswaldo, ¿eres chalaco como la mayoría de los ‘faites’? Yo soy de Sitacocha, Cajamarca, pero me crié desde los 6 años en el Callao. Mis padres fallecieron en un accidente de auto cuando yo era muy pequeño, y uno de mis tíos me trajo al Callao, a Lazareto.

¿Cómo empiezas a delinquir? A los 18 salí del Ejército y ahí aprendí a manejar armas. Quería ser contador y terminé contando, pero la plata del banco cuando asaltaba. Comencé robando carteras, bicicletas y motos, hasta que le arrebaté un medallón a una señora. Solo por esa joya me metieron cuatro años en ‘El Frontón’. Era primerizo, pero como de pequeño vendía periódicos, ahí conocí a muchos amigos. Me orientaron sobre ese mundo, cómo comportarme, caminar. Ahí me endurecí, porque no era posible que por un medallón me den 48 meses. Ahora entiendo que Dios me puso en el camino angosto para probarme.

Pero, ¿cómo comienza tu fama? Comencé a delinquir con los muchachos que encontré en ‘El Frontón’. Nos pusimos de acuerdo para asaltar bancos y formamos la ‘Banda de las camisas floreadas’. Tenía 21 ó 22 años. Ahí, fui haciéndome conocido en los medios. Asaltaba desayuno, almuerzo y comida. Ya ni me acuerdo de tantos bancos…

Al inicio en tu barrio te decían el ‘Cholo Segundo’, ¿por qué comenzaron a llamarte ‘Django’? Cuando estaba en ‘El Frontón’ llovía y como yo era de Cajamarca, me conseguí un poncho y un sombrero como usan allá. De ahí me quedé como ‘Django’, porque me vestía como el de la película (donde Franco Nero encarnaba a ‘Django’, un pistolero italiano). Ya cuando asaltaba, usaba dos pistolas como él.

Hoy vivimos una guerra de bandas en el Callao, ¿había eso en tus tiempos de ‘faite’? No. Lo que pasa ahora con la juventud del Callao es obra de Satanás. Eso de bandas rivales había muy poco. Casualmente en el año 79 y 80, cuando me escapé de ‘El Sexto’, me recapturaron y vi en Lurigancho ese dilema. Lo que está pasando ahora, barrio contra barrio. Lima con Callao, Callao con Barrios Altos. Estos con Surquillo y entre todos. Cogíamos la tapa de la paila donde cocinábamos y sacábamos los fierros de los catres y los afilábamos como lanzas. Parecíamos ejércitos romanos. Se quitaban la vida entre ellos, pero a la Policía le conviene. Por eso no intervienen, para que se quiten la vida unos y otros.

¿Cuáles eran los códigos que había antes en las calles chalacas? Por ejemplo, hoy matan a un pobre trabajador para robarle sus zapatillas. Antes era al contrario, nosotros los ayudábamos. Yo he robado más a los bancos, con lo que traía ayudaba a mi pueblo, les compré un motor para que tengan luz. Hasta me quieren hacer alcalde. Una vez vi llorando a una señora, porque la habían asaltado. Le di un fajo de billetes y le dije: ‘No se preocupe, mañana me asalto un banquito’, y no era broma. Ahora es muy distinto, la gente se quita la vida, ¡qué tristeza!

También se mata por dinero, ¿había ‘sicarios’ en tu época? No. Antes si se quitaba la vida, era por defensa propia. Ahora matan primero y, luego, te dicen que es un asalto. Siempre íbamos primero con palabras a asaltar. A la muerte se recurría, en casos muy extremos.

Y para colmo, atacan en ‘mancha’ y a traición. Nosotros nos agarrábamos frente a frente. Ahora hay mucha cobardía. Nos citábamos, nos reuníamos en el patio y nos agarrábamos a chavetazos. Varias veces me agarré a navaja. Ahora no saben ni por qué se quitan la vida, si uno tiene un problema va con 20 atrás y el otro también con 20. En total, meten a 40 en el problema. Nosotros no podíamos involucrar al resto de la gente, así no era.

¿En qué casos había ‘carta blanca’ para matar a otro? En mis tiempos, lo peor era ‘cerrar’ a alguien, guardarse un dinero. A veces, cuando íbamos a hacer un asalto, uno se guardaba algo en la media. Depende de qué clase: si es un dinero corto, se puede perdonar, pero supongamos que uno de los compañeros queda herido y va preso, entonces hay un encargado que debe darle su parte del botín a su mamá y esposa. Si este se agarra la plata, ya es una cosa seria, puede morir.

Un estudio de Pérez Guadalupe que se llama ‘Faites y atorrantes’, dice que el delincuente ‘plantado’ es un mito, ¿tú, qué crees? Sucede que, lamentablemente, hay personas que fallan y justos pagan por pecadores. Yo soy un testimonio vivo y, aparte, soy una reliquia. Hace poco, en el penal ‘Sarita Colonia’, un sicario que mató a 13, me dio sus armas. Un cuchillo grandazo y unos brazaletes de púas. También el ‘Cojo Giovanni’, con quien he estado en batalla, me vio cambiado y nos abrazamos. Lloró y se arrodilló

¿En qué cárceles has estado? Cuando salí de ‘El Frontón’ caí en Lurigancho. Luego fui a ‘El Sexto’, después a La Oroya, también en ‘Cachiche’. De ‘El Sexto’ me fugué con el negro Andrade y Zavaleta. No sé, ni por qué, me escapé a sangre y fuego, arriesgando mi vida. Quiero encontrar una explicación. Tenía un montón de plata afuera y solo me dieron dos años. También estuve en ‘Castro Castro’ y otros. La mitad de mi vida la he pasado en prisión. Para que esté con vida, es obra del Señor.

Hiciste una espectacular fuga de Lurigancho. Salí con el ‘Loco’ Aldo, Zavaleta, Vicharra, ‘Tribilín’, Larry, el ‘Perro’ Rubén, con ‘Clito’ y Caballero Meléndez. Ya todos están muertos. Ahí pasamos las armas y dinamita, y agarramos de rehenes a toda la Guardia Republicana. Hablamos con el ministro de Justicia y le dijimos que era la vida de nosotros o de los rehenes. Me escapé un 18 de setiembre, el día del cumpleaños de mi mujer. La llamé y le dije que me fugaría y ese iba a ser su regalo de cumpleaños. Con Mercedes ya estamos juntos 38 años. Ella me presentó a Dios, la conocí desde cuando tenía 14 años.

¿Es verdad que asaltaste más de 200 bancos? Humildemente, hermano. Con humildad (sonríe).

¿Nunca te hirieron? Claro, acá en la cabeza tengo un hueco de un disparo que me pasó en Paramonga (nos hace tocar la cicatriz) y otra bala en la nalga que nunca me la sacaron. Cuando fui a la policía, en vez de sacarme la bala, me metían un lapicero por la herida. Así no debe tratar la policía. Me tenían colgado calato con una capucha para que diga dónde estaba la plata, pero les decía que no había porque me la había gastado. También me metieron muy adentro, en la Mar Brava, de cabeza. Me quisieron mandar a Lampa con carta blanca, para que me maten a palos en el camino por haber humillado a la Republicana, cuando los tomé de rehenes en una fuga. Entonces, me forré con plástico y me prendí fuego para evitar el viaje.

¿Cuánto dinero acumulaste asaltando bancos? Fue un montón de plata, hermano. Con decirte que tenía una caja fuerte con diamantes, brillantes y esmeraldas. Tenía bungalós en Pachacútec, Chaclacayo y casa en Jesús María. Le regalaba autos a la Policía, pero lo que fácil viene, también se va. Me lo gastaba todo con mujeres, con los amigos. Cerraba una cuadra de Los Barracones y me ponía a tomar y hacer fiestas.

¿Cuál ha sido el ‘golpe’ más grande que diste? Lo que más robé fueron 200 mil dólares. Habíamos planeado asaltar una agencia en Trujillo y sacar 2 millones de dólares, pero lamentablemente todo salió mal por culpa de una mujer. Recuerdo que en una persecución, en Surquillo empecé a tirar los billetes y la gente se arremolinó y escapamos.

¿Parabas siempre armado? Todo el día, hasta para dormir porque estaba prófugo. Andaba con una ametralladora de guerra (bajo el gabán), una pistola automática y un revólver.

¿Has matado? Gracias a Dios, no. Mi manera de trabajar era muy distinta a la de ahora. Dios no quería que llegara a eso.

Hicieron una película sobre tu vida, ‘Django. La otra cara’, con Giovanni Ciccia. ¿Qué te pareció? Para ser franco, no me agradó. No me dijeron que iban a meter mucha pornografía. Yo no les dije nada de cosas íntimas.

Tú asaltabas con la ‘Chica Dinamita’, ¿quién era ella? Era Maritza Rodríguez, la esposa de Carlos Dávila, ‘Pistolita’. Era mi amigo y cuando murió, comencé a robar con ella. Tuvimos una relación. Nos pusieron ‘Bonnie y Clyde’. Vivía en Los Barracones y entraba al banco con un cartucho de dinamita en una mano y el encendedor en la otra.Más tarde, murió de una enfermedad.

Ahora me hablas de Dios, pero en ese tiempo ni te acordabas de él. Nada. Si yo a la Biblia le sacaba las hojas, envolvía mi marihuana y me metía mi ‘troncho’. Con lo de las drogas comencé dentro del penal, ahí es otro mundo. Allá es el infierno. Pero el Señor me rescató, porque mi esposa le pidió un milagro.

¿Te molesta que te digan ‘Django’? No, porque soy ‘Django’ para Dios.

La esposa de Django, lo acompaña contra viento y marea desde los 16 años y es madre de sus 3 hijos. Cuando descubrió que su amor Oswaldo era realmente el rankeado Django decidió con una increíble fuerza de voluntad que lo regresaría al camino del bien. Años después, muchos años después lo logró.

Ahora está empeñado en la búsqueda de un editor que logre que su historia, la verdad sin ficción, llegue a las masas. Dicen que a los ojos de Dios todos somos iguales, que Dios perdona, aunque la sociedad le apeste el pasado de la cárcel. Dicen que Dios ha sanado esas marcas que a la sociedad le asquea y que la Biblia les ha dado esa confianza que el resto les niega.

Agencia Orbita