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Jueves 14 de Diciembre de 2017

Panameños combaten con armas espirituales el narcotráfico

Los traficantes vienen casi siempre durante la noche, y la gente se niega a decir algo a las autoridades porque los narcotraficantes han amenazado con matarlos si lo hacen.

  • Sociedad    
  • 6 abr 2009   

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Mientras los narcotraficantes buscan formas creativas de vender su producto, las autoridades se arman para detenerlos. De esta forma la guerra anti-droga se vuelve cada vez más intensa.

Panamá es el puente entre los narcotraficantes colombianos y sus clientes estadounidenses. Eso está forzando a los gobiernos colombiano y panameño a trabajar juntos para impedir el tráfico. y el campo de batalla es esta selva remota en la frontera. Es aquí donde una tribu indígena está atrapada entre las fuerzas del bien y el mal.

Se llaman, los Kuna.

Los Kuna son un pueblo tranquilo que se gana la vida del mar. Los pescadores salen al amanecer en sus canoas, y se sumergen para atrapar los peces. Pero es así que surgen los problemas…

Los narcotraficantes a veces dejan paquetes de cocaína flotando cerca de las islas, haciendo saber que esperan que el producto sea llevado a la ciudad. Esto disminuye el riesgo para el traficante pero pone en peligro la vida de los Kuna.

Dicen tener un reglamento en la comunidad que prohíbe el ingreso de drogas a la isla. Así que los pescadores que encuentran drogas las traen a estos ríos y las esconden hasta ver cómo deshacerse de ellas.

Algunos Kuna se han vuelto adictos a la cocaína como resultado. Pero hay otro grupo que está tratando de influenciar a estos isleños. Son misioneros cristianos… y mientras los narcotraficantes intimidan y amenazan, estos evangelistas traen las buenas nuevas del amor de Dios.

eith y Wilma Forster han dedicado sus vidas a ayudar a esta gente. Por los últimos treinta y siete años, han participado en la traducción de la Biblia al idioma Kuna. Al mismo tiempo, han visto de cerca la guerra entre el bien y el mal.

“Los incrédulos dicen a los creyentes: ‘si tocan esas Biblias, los entregaremos a los terroristas como hicimos con los misioneros’”, dice Keith Forster.

Algunos de sus colaboradores fueron asesinados. “Entraron un domingo en la tarde, se llevaron a los tres misioneros juntos y nunca los volvimos a ver”.

Pero esos sacrificios no han sido en vano. El número de cristianos Kuna ha aumentado año a año y la iglesia de ésta isla ahora alcanza a otros pastores Kuna de la provincia.

Más de cien líderes de otras islas llegaron a este congreso, para recibir capacitación por parte de misioneros norteamericanos durante una semana entera.

Los hombres pasaron horas estudiando la Biblia y memorizando las escrituras, mientras que sus esposas aprendían himnos y recibían su propia capacitación.

Las tensiones seguirán en esta región mientras que el tráfico de drogas continúe. Pero los cristianos Kuna están seguros de que la influencia del evangelio seguirá creciendo y que un día este paraíso tropical enviará misioneros alrededor del mundo.