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Viernes 22 de Septiembre de 2017

Ya está a la venta “Camino a Caná de Anne Rice

La creadora del vampiro Lestat nos cuenta a Jesús

  • Cultura    
  • 6 abr 2009   

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Es una inesperada historia de conversión, tan llamativa por lo menos como la serie de libros a la que ha dado lugar. Ediciones B acaba de poner a la venta “Camino a Caná”, la más reciente novela de Anne Rice.

Hace unos pocos años, a muchos les hubiera sonado a blasfemia colocar en un mismo párrafo los nombres de Anne Rice y Jesucristo. La escritora norteamericana se había labrado, sobre todo, una fama como autora de novelas de terror, especialmente las Crónicas Vampíricas protagonizadas por el `no muerto` Lestat, iniciadas con Entrevista con el vampiro.

Suerte de Stephen King femenino y más erótico, Rice se especializó en el género gótico y aportó otra serie además de la de Lestat (la de las Brujas de Mayfair), algunas novelas sin continuidad, y hasta tres ejercicios de `soft porno` sadomasoquista escritos bajo el seudónimo de A.N. Roquelaure.

Una enfermedad, la viudez y algunas conflictivas experiencias personales la devolvieron al catolicismo de su niñez, y su conversión ha dado lugar a una trilogía de novelas (ésta que acaba de salir es la segunda) sobre Jesús de Nazaret.

En la primera novela de la serie, El Mesías: el niño judío, Rice se había ocupado de la infancia de Jesús en Egipto, y su vuelta a Israel tras la muerte de Herodes el Grande.

En este segundo libro se centra en lo que podría denominarse “el fin de la vida privada” de su personaje: los meses previos a su irrupción en la vida pública narrada por los cuatro evangelistas.

Naturalmente, los relatos evangélicos exhiben el suficiente número de huecos como para proporcionar a una novelista imaginativa una amplia oportunidad para “rellenarlos”. Al fin y al cabo, en la narrativa canónica no se dice nada sobre Jesús entre los relatos de la infancia y sus treinta años, con excepción de un episodio puntual en el Templo de Jerusalén a los doce.

Rice asume algunos riesgos a la hora de confeccionar su ficción. Por una parte, se esfuerza en ser bastante ortodoxa en los “cruces” entre su invención y la tradición evangélica: el nacimiento virginal, la visita de los Magos, la aparición de ángeles a los pastores en la cercanía de Belén en el primer tomo; la predicación de Juan el Bautista, el enfrentamiento con Satanás y el milagro de Caná (anunciado en el título y que cierra la novela) en el segundo; y especialmente el tema de la divinidad de Jesús, respetan la tradición canónica. Incluso el tema de los “hermanos de Jesús”, controvertido desde hace siglos entre las diversas denominaciones cristianas, recibe una solución “católica”.

Sin embargo, Rice debe saber que se mete en camisa de once varas en un punto central: el de la autoconciencia de su personaje protagónico, acentuada por el hecho de que lo coloque incluso como narrador en primera persona. Al comenzar el segundo tomo , el Jesús-narrador de Rice está ya convencido de su carácter sobrenatural, pero no lo sabe todo: tiene las limitaciones (incluyendo la ignorancia del futuro) de un ser humano común, y hasta puede sentir, aunque sólo en sueños, amor por una mujer a la que descarta en nombre de una misión superior. El Jesús humano surge convincente, pero algunos van a discutírselo.

No hay que perder de vista empero que Rice es una novelista y no una historiadora o una teóloga. Su objetivo es la creación de una ficción legible y, hay que reconocerlo, lo cumple con considerable solvencia. También ha hecho bien sus deberes: la incorporación de datos extraídos de los Evangelios apócrifos en el primer tomo, y bastante historia palestina de la primera mitad del siglo I, demuestran que dispone de una buena biblioteca.

El resultado es un libro que se lee de un tirón, con una convincente pintura de pueblo chico (con toda su miseria, su mezquindad y su compulsión criminal), una calidad descriptiva que no puede desconocerse, y hasta una ironía de diálogo que en el enfrentamiento con Satanás por lo menos, que amplía el relato evangélico sin traicionarlo, se permite algunas réplicas casi epigramáticas.

No solamente la conversión de Rice es un dato llamativo. También lo es su cambio de género y estilo, que deja al lector con una interrogante y ganas de que llegue el tercer tomo: ¿qué va a hacer Rice con la historia que sigue, que ya está (literalmente) canonizada en cuatro libros famosos, lo que de alguna manera limita seriamente sus posibilidades de invención novelesca?