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Miércoles 30 de Noviembre de 2016

Alemanes abandonan las iglesias para no pagar “diezmo”

El impuesto se llama “kirchensteuer”, y es deducido directamente de los salarios y las ganancias de capital. La caída en el número de fieles comenzó a sentirse en la segunda mitad del año pasado.

  • Iglesia/Estado    
  • 23 abr 2015   

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El gobierno de Alemania cobra un impuesto a más ciudadanos que asisten a una iglesia, sin embargo para escapar de esta carga los alemanes están dejando de congregarse.

El impuesto se llama “kirchensteuer”, y es deducido directamente de los salarios y las ganancias de capital. La caída en el número de fieles comenzó a sentirse en la segunda mitad del año pasado.

En las iglesias católicas también ha ocurrido una disminución de al menos 180.

000 fieles, según la información proporcionada por las 27 diócesis del país en 2014. En el mismo período la Iglesia Evangélica Alemana Luterana (EKD) perdió 200.000 fieles, un aumento del 45% en comparación con 2012, cuando se hizo la última encuesta.

El impuesto de la iglesia es parte de la Constitución de Alemania Occidental desde 1949 y afecta a todos los ciudadanos bautizados desde el momento en que empiezan a pagar el impuesto sobre la renta.

Los fieles alemanes pagan obligatoriamente (a través del gobierno) un porcentaje de sus ingresos a su propia confesión religiosa. El único modo de no pagar es darse de baja como miembro de la Iglesia.

En los últimos tiempos, el gobierno está llevando a cabo una aplicación más estricta de una parte de la recaudación, la referida concretamente al “capital gain”, es decir, a los beneficios por la venta de acciones y otros productos financieros, que antes resultaba más fácil evadir.

Aunque algunos fieles deciden darse de baja de la Iglesia no puede ser excomulgado, los católicos que renuncian para evitar el impuesto religioso tienen impedido el acceso a la confesión y a la comunión, y también a la unción de enfermos, excepto en caso de peligro de muerte.

En su declaración de impuestos ante el gobierno, los alemanes tienen el deber de declarar la religión que practican.

Quienes marcan “protestante” o “católico romano” en el formulario oficial se someten a un impuesto de un poco menos del 10% de su ingreso anual, que -a cambio de un pago- el Estado recauda y traspasa al Vaticano y las iglesias locales.