Sudanesa cristiana da a luz a su hijo en la cárcel pero después de dos años será ejecutada

Ishaq fue condenada a muerte por un tribunal sudanés el pasado 15 de mayo acusada de conversión al cristianismo, algo que rechazó la joven en tanto en cuanto aseguró que nunca ha profesado el islam.

  • Persecuciones    
  • 29 may 2014   

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Sudán.- Mariam Ishaq una doctora sudanesa cristiana que fue condenada a muerte el pasado 15 de mayo por convertirse al cristianismo, dio ayer a luz a su segundo hijo en el hospital de la prisión donde se encuentra recluida a la espera de su ejecución.

Uno de sus abogados, Mohamed Ibrahim, dijo que Ishaq, de 27 años, dio a luz por la mañana de manera natural a una niña que, al igual que la madre, se encuentra en buen estado de salud.

Su primer hijo, de dos años de edad, vive con ella también en prisión.

La justicia sudanesa ofreció dos años a Ishaq para amamantar a la recién nacida antes de que sea ejecutada.

El abogado expresó su esperanza de que la pena capital sea conmutada por una condena menor, ya que, según él, hubo muchos defectos de forma en el proceso.

Ishaq fue condenada a muerte por un tribunal sudanés el pasado 15 de mayo acusada de conversión al cristianismo, algo que rechazó la joven en tanto en cuanto aseguró que nunca ha profesado el islam.

Afirmó que su padre, que era musulmán, se divorció de su madre cuando ella tenía tan solo seis meses.

La tradición islámica designa automáticamente a los hijos de varones musulmanes como seguidores también de esta religión.

Ishaq negó haber mantenido relación ilegal con otro hombre distinto a su marido. Sin embargo, el tribunal no reconoció el matrimonio celebrado con su esposo, Daniel Wany, en 2011.

El tribunal recordó que la legislación sudanesa —que toma la “sharía” (ley islámica) como fuente principal del derecho— prohíbe la conversión del islam al cristianismo (dado que en esos términos se considera apostasía) y que, por tanto, la acusada cometió adulterio al ser “nulo” su matrimonio como cristiana.

Ishaq fue denunciada por sus hermanos, que la acusaron de renunciar a la religión musulmana y de abandonar hace ocho años el hogar familiar en Al Qadarif, en el este de Sudán.

Esto no es un caso aislado pues en el 2012, dos mujeres acusadas de adulterio fueron condenadas a muerte por lapidación. Pero tras una masiva protesta internacional, la sentencia fue anulada.

Un caso similar al de la periodista sudanesa Lubna Hussein. El 3 de julio de 2009, esta joven era condenada junto a otras doce compañeras a una pena de 40 latigazos. ¿Su delito? Vestir pantalones en un lugar público. “Cuando ocurrió no me lo podía creer. Pensaba que era una broma de mal gusto. Estaba tranquilamente con unas amigas en una restaurante de la capital, Jartum, cuando varios policías nos abordaron bajo la acusación de vestir ropa indecente”.

Tras meses de batallas legales, Lubna abandonaría la cárcel después de que la Unión de Periodistas pagara una multa cercana a los 140 euros. Otras no tuvieron tanta suerte. En la actualidad se estima que 700 mujeres cumplen condena en las cárceles sudanesas por ir en contra de la ley islámica.

La campaña represiva se enmarca en la promesa del presidente Omar Hassan al Bashir de implementar una Constitución “100 por cien islámica” tras la desunión de Sudán del Sur (de mayoría no musulmana) en julio de 2011.

Fuente: EFE