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Martes 22 de Agosto de 2017

Misionera evangélica es elegida alcaldesa

Trabajar al frente de la municipalidad también significa, para la misionera Liv Haug, una nueva opción para compartir y sembrar la semilla en muchas personas que nunca la habían recibido.

  • Política    
  • 22 nov 2006   

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La incursión de los evangélicos en la política a través de su postulación a cargos públicos fue iniciada hace cincuenta años por el ciudadano José Ferreira, de la Iglesia Evangélica Peruana, quien en 1957 fue elegido diputado y después senador. Posteriormente lo hicieron otros evangélicos, hombres y mujeres, como la misionera Liv Haug, virtual alcaldesa de la provincia de Chanchamayo elegida el pasado 19 de noviembre.

Hace algunos años tuvimos la oportunidad de entrevistar a la misionera Liv Haug, por entonces alcaldesa reelecta del distrito de Perené, provincia de Chanchamayo.

A continuación la nota de la entrevista en mención.

“ Liv Haug nació en Noruega y llegó al Perú como misionera de la Iglesia Filadelfia de Noruega. Pedagoga de profesión e hija de pastores, Haug creció en el ambiente de la iglesia pentecostal nórdica. A su llegada al país trabajó en Alto Marañón reemplazando a una pareja de misioneros, y luego se afincó en Perené donde empezó su labor en 1972.

El trabajo municipal vino después. Liv Haug oraba al Señor para ver la mejor manera de tener contacto con la población, en un lugar sin iglesia evangélica y donde la gente había tenido malas experiencias con los extranjeros.

Había la posibilidad de buscar financiamiento para algunos proyectos del pueblo que tenía bastantes necesidades. El primer gran proyecto que se logró fue el puente sobre el río Perené con 121 metros de luz. Posteriormente se consiguió financiamiento para el centro de salud, para el hospital rural, para escuelas y para muros de contención. Poco a poco se lograban los proyectos, mucho antes de que Liv Haug fuese alcaldesa del distrito.

Haug trabajaba en tareas sociales en forma paralela a sus trabajos eclesiales después de haber fundado la iglesia evangélica del lugar. La oposición a su gestión comenzó cuando en 1985 firmó un convenio con Noruega de apoyo al distrito por diez años, con un financiamiento de 120,000 dólares anuales. Los opositores querían manejar ese proyecto, y al no conseguirlo denunciaron a Liv Haug en la Contraloría General de la República.

Estas instituciones enviaron profesionales para verificar la denuncia, y el resultado fue que en 1986 Liv Haug fue condecorada con la Orden del Sol, en el grado de comendador, en Palacio de Gobierno por el propio Alan García. Desde allí el grupo opositor le ha tenido antipatía, en parte también por los celos de la iglesia católica.

En 1995 un grupo de ciudadanos me preguntaron si podía postular como candidata a la alcaldía, propuesta que acepté previa aprobación de mi iglesia en Noruega. Cuando postulé a la alcaldía hubo cuatro candidatos la primera vez y cinco candidatos la segunda vez. En ambas elecciones hemos ganado por amplia mayoría, pues tenemos el apoyo de la población, especialmente de la zona rural que había sido bastante castigada por el terrorismo.

En la alcaldía no tenemos problemas con los trabajadores; nunca ha habido problemas de huelgas. Pero sí hay problemas con personas de oposición que han trabajado contra mí desde el comienzo porque ellas querían manejar las cosas. Es que a veces no entienden que cuando llega dinero del extranjero es en base a la confianza que generan las personas. Como digo, hay un grupo de personas que ha tenido el poder durante treinta años, y no me perdonan que hayan perdido frente a mí.

Liv Haug trabajaba en todo el distrito como estrategia de pacificación, y el poco dinero que recibía del Fondo de Compensación Municipal lo hacía extensivo a toda la zona. Cuando asumió la alcaldía en 1996 solamente el veinte por ciento de la población tenía autoridades por los problemas de subversión. Haug dice que cree haber hecho lo correcto, sin dejar de trabajar en las cosas del Señor.

Trabajar al frente de la municipalidad también significa, para Haug, una nueva opción para compartir y sembrar la semilla en muchas personas que nunca la habían recibido. La gente siempre le pregunta por qué ella, siendo extranjera, ha llegado al Perú dejando atrás sus comodidades. Entonces tiene la posibilidad de decirles, como misionera evangélica, que ayudar a la comunidad también es un trabajo importante.

Durante estos cinco años hemos tratado de ayudar, a través del matrimonio civil, a más de 1,300 parejas de la zona; también a muchas personas que carecían, inclusive, de partida de nacimiento. En todo eso hemos ayudado, entregando además una Biblia para el hogar a cada familia.

La misionera Liv Haug dice que su permanencia en el país también depende de la voluntad del Señor. Él la guía, lo ha hecho durante treinta años en esta tierra, y si siente que Dios tiene un trabajo para ella, aquí en Perú, pues se quedará. Y si él la envía a otra parte, también acatará su voluntad”.

Pues sí, el Señor tuvo otro trabajo aquí para la misionera Liv Haug, esta vez como virtual alcaldesa provincial de Chanchamayo. Y creemos que lo hará bien, como lo hizo en sus dos períodos como alcaldesa distrital de Perené. ¡Felicitaciones!!!

Agencia Orbita