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Domingo 24 de Septiembre de 2017

Fe de Barack Obama

Ahora que se ha decantado la euforia y virulencia de la campaña presidencial norteamericana, muchos analistas han coincidido en que uno de los factores decisivos del triunfo de Barack Obama ha sido la profunda seguridad en sí mismo, su capacidad de liderazgo y la convicción de sus ideas y programas.

  • Política    
  • 31 dic 2008   

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Ahora que se ha decantado la euforia y virulencia de la campaña presidencial norteamericana, muchos analistas han coincidido en que uno de los factores decisivos del triunfo de Barack Obama ha sido la profunda seguridad en sí mismo, su capacidad de liderazgo y la convicción de sus ideas y programas. Y han estado de acuerdo que ello obedeció principalmente a la fe religiosa que le ha acompañado en su quehacer político.

Y es por ello que este aspecto determinante de su triunfo merece estudiarse más a fondo.

Esto es lo que ha hecho Stephen Manfield en su exitoso libro La fe de Barack Obama. Según el autor, Obama se dio temprana cuenta de que los republicanos habían logrado un reconquista exitosa de la Casa Blanca, hace 30 años, porque el “reaganismo” se apoderó del monopólico manejo de la economía y también del manejo político excluyente de la religión.

Manfield comienza por advertir que Obama, cuando suba a la Presidencia el próximo 20 de enero, será el primer presidente que no haya sido criado en un hogar cristiano, ya que su padre biológico fue un musulmán africano, su padrastro, otro musulmán indonesio y su propia madre fue una atea confesa.

Para rematar, este “pequeño de doble raza” fue cuidado en su adolescencia por unos abuelos maternos que, aunque metodistas, no eran muy practicantes.

Los primeros años del futuro mandatario pasaron casi en blanco en materia religiosa. Su conversión al cristianismo fue tardía y data de hace apenas unos 20 años, como resultado de una insatisfecha vida espiritual y la necesidad de darle sentido a su existencia. Fue entonces cuando se dio cabal cuenta de que un político de izquierda como él no sólo necesitaba de la religión, sino que sus propias convicciones políticas debían pasar por el meridiano de creencias superiores.

“Los secularistas se equivocan cuando piden a los creyentes que dejen la religión antes de entrar a la arena política”, fue entonces su prédica y consideró “un absurdo afirmar que los hombres y las mujeres no deben enriquecer de moral personal el debate político”.

Desde luego en su campaña vivió momentos críticos por cuenta de lo religioso, siendo el más grave el episodio en el que tuvo que apartarse de su mentor espiritual Jeremiah Wright, cuando éste advirtió que el terrorismo contra los Estados Unidos se justificaba por los males que su país había acarreado al mundo.
Para aquellos que lo han acusado de ser musulmán, Obama les ha dicho: “Mis raíces están profundamente arraigadas en la tradición cristiana, si bien creo que hay muchos caminos que conducen a los mismos lugares”, en clara alusión a los tiempos que corren de multiculturalismo y libertad de cultos.

El arzobispo Desmond Tutu, Premio Nobel de la Paz, ha declarado sobre la religiosidad de Obama: “Su inspiración viene de la fe. Es un fervoroso creyente. No sólo es un devoto cristiano sino está orgulloso de serlo. Por eso tiene tanta pasión por la justicia y la igualdad y por eso también ha sembrado la esperanza en millones y millones de corazones a través del mundo”.
Para Manfield no hay la menor duda de que Obama es un líder único, con profundas y sólidas convicciones religiosas, que lo han llevado a proclamarse como el heraldo de una nueva generación, que cree en el valor de la espiritualidad y en la necesaria transformación de las iniquidades contemporáneas.