nav
Sábado 21 de Octubre de 2017

Obama será presidente “Con la ayuda de Dios”

En la democracia más antigua del mundo la religión y, especialmente, la figura de Dios, tienen un papel preponderante. El Congreso abre todos los días sus sesiones con una oración, en los billetes y monedas está escrito el lema “En Dios confiamos” y no hay político que no termine sus discursos con “Que Dios los bendiga y que Dios bendiga a Estados Unidos”.

  • Política    
  • 16 ene 2009   

¿Qué sientes con esta noticia?

Si Dios atiende a las peticiones “al peso”, Barack Obama tiene asegurado comenzar su mandato como presidente de Estados Unidos el martes con muy buen pie: el poder divino estará casi tan presente en los actos de investidura como el terrenal.

En la democracia más antigua del mundo la religión y, especialmente, la figura de Dios, tienen un papel preponderante. Sin ir más lejos, el Congreso abre todos los días sus sesiones con una oración, en los billetes y monedas está escrito el lema “En Dios confiamos” y no hay político que se precie que no termine sus discursos con “Que Dios los bendiga y que Dios bendiga a Estados Unidos”.

Obama, que es miembro de la protestante Iglesia Unida de Cristo, aseguró en la campaña que la religión “es sumamente importante” en su vida. En eso coincide nada menos que con el 82 por ciento de sus ciudadanos.

Con una “oferta” literalmente de miles de religiones, creencias o sectas que seguir, los estadounidenses coinciden en Dios: El 96 por ciento cree en su existencia, y sólo el 1,6 por ciento se declara ateo, según una encuesta del Centro Pew de febrero de 2008 a 35.

000 ciudadanos.

Con ese trasfondo, y ante la sorpresa de muchos extranjeros, a ningún estadounidense le extraña la amplia presencia eclesiástica en los fastos de investidura. El martes, por ejemplo, la jura del cargo se producirá entre dos oraciones.

Al principio será el pastor Rick Warren el que pronuncie la “Invocación”, y al final será el reverendo Joseph Lowery el que emita la “Bendición”. Y entre medias, el presidente del Tribunal Supremo, John Roberts, guiará al nuevo presidente en el juramento sobre la misma Biblia que usó en 1861 Abraham Lincoln, que concluirá con las palabras “Con la ayuda de Dios”.

Todo ello será por expreso deseo de Obama, porque la Constitución sólo dice que el presidente debe repetir: “Juro (o afirmo) solemnemente que desempeñaré legalmente el cargo de presidente de los Estados Unidos y que sostendré, protegeré y defenderé la Constitución de los Estados Unidos, empleando en ello el máximo de mis facultades”.

Tanta presencia divina, sin embargo, no gusta a todos. En primer lugar, la comunidad gay protestó ampliamente por la elección de Warren, que en varias ocasiones se mostró contrario a los homosexuales. Para compensar, Obama otorgó un papel en las ceremonias al obispo episcopal de New Hampshire, Gene Robinson, que es abiertamente gay.

Más contundente fue la protesta del “lobby” ateo, que aunque poco nutrido, es ruidoso. Uno de sus líderes, Michael Newdow, llevó a los tribunales la presencia divina con una demanda contra Warren, Lowery y Roberts.

Su argumento se basó en que las menciones de Dios y la presencia de determinados ministros de determinadas religiones contravienen la Primera Enmienda de la Constitución que, entre otras cosas, determina que no habrá una religión oficial del país. Aunque su demanda fue rechazada por un juez del Distrito de Columbia, Newdow logró abrir el debate.

La mayor polémica se centra en el añadido de “Con la ayuda de Dios”. Pese a lo extendido de la idea de que ya la usó el primer presidente, George Washington, los historiadores insistieron en los últimos días en que fue en 1881 Chester Arthur el que usó la fórmula al asumir el cargo tras el asesinato de James Garfield.

Los defensores de la fórmula, paradójicamente, también se escudan en la Primera Enmienda, que garantiza al presidente, como a cualquier ciudadano, la libertad para profesar y expresar su religión libremente.

Desde ese punto de vista, el martes “nadie se vería forzado por ley a adherirse a ninguna creencia religiosa y no se infringiría el libre ejercicio de la religión de nadie en la ceremonia del juramento”, aseguró el jurista Monte Kuligowski.

En una posición intermedia, Charles C. Haynes, del Centro de la Primera Enmienda, admite que en algún momento pudo tener sentido, pero que en la actualidad está desfasado.

“Quizá es hora de que el presidente electo añada su propia afirmación al juramento”, escribe. “Y mejor que una plegaria liderada por el clero, quizá sea el momento de tener un período de reflexión silenciosa”, agrega. Su propuesta tendrá que esperar a próximos presidentes porque, el martes al menos, Dios estará en todas partes.