Candidatas a presidencia de Brasil pelean por obtener el voto pentecostal

La población pentecostal, socialmente conservadora, incluye ahora a más de una quinta parte del electorado, a pesar de que hace tres décadas prácticamente no existían en el país.

  • Política    
  • 2 oct 2014   

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AP, Río de Janeiro.- La rápida transformación religiosa de Brasil está reverberando en la cerrada campaña por la presidencia del país, donde el aborto y el matrimonio gay han surgido como temas álgidos y los televangelistas pentecostales podrían convertirse en un factor clave.

La población pentecostal, socialmente conservadora, incluye ahora a más de una quinta parte del electorado, a pesar de que hace tres décadas prácticamente no existían en el país.

Ese cambio ha llevado a la presidenta, de postura secular, a citar salmos, mientras que su oponente, decididamente religiosa, ha hecho hincapié repetidas veces en su creencia en un estado secular para no alejar a los electores liberales antes de la primera vuelta de la elección presidencial este domingo.

Durante un reciente servicio en su iglesia, Asambleas de Dios, con capacidad para 6.000 personas, en un vecindario duro de Río de Janeiro, el pastor pentecostal más influyente de Brasil dedicó la mitad del servicio a hablar de las elecciones.

El pastor alentó a los fieles a apoyar a la opositora Marina Silva, quien es miembro de las Asambleas de Dios, de lejos la mayor denominación pentecostal del país.

Si Silva llega a la segunda vuelta de las elecciones y derrota a la titular, Dilma Rousseff, en una esperada segunda vuelta el 26 de octubre, se convertiría en la primera líder pentecostal del país con más católicos del mundo.

“Un pastor no es el dueño de la boleta electoral de nadie. Yo no tengo un grupo de ángeles que puedan mirar por encima del hombro en las casillas de votación”, dijo Silas Malafaia, su rostro proyectado en dos enormes pantallas de televisión en ambos extremos de un amplio escenario, que recorría de un lado al otro durante el servicio. “Pero ustedes tienen que votar con la conciencia. No regalen su voto. ¡Voten contra los corruptos y los que quieren destruir la familia!”

Malafaia tiene 800.000 seguidores en Twitter, ha vendido millones de libros y sus sermones se transmiten en todo el mundo. Él es parte de un movimiento cada vez mayor con fuertes raíces entre los brasileños más pobres, un grupo de que por lo demás favorece con fuerza al Partido de los Trabajadores (PT) de Rousseff, que ha sacado a millones de personas de la pobreza con amplios programas de bienestar social y la creación de millones de empleos.

En una encuesta dada a conocer el viernes, el grupo encuestador Datafolha concluyó que 54% de los electores pentecostales apoyarían a Silva en una esperada segunda vuelta, mientras que Rousseff contaba con el apoyo de 38%. Entre la población general, las dos candidatas estaban virtualmente empatadas. Datafolha encuestó a 11.474 personas en todo Brasil el 25 y 26 de septiembre y la encuesta tiene un margen de error de 2 puntos porcentuales.

Pero en otro muestreo de Datafolha dado a conocer el martes por la noche, Rousseff se había adelantado a Silva en una potencial segunda vuelta, con una ventaja de 49 a 41. Todavía no estaba disponible un desglose por religión en esta encuesta más reciente.

Rousseff, una ex guerrillera marxista que fue encarcelada y torturada durante la dictadura militar brasileña, rara vez habló de religión antes de la campaña, pero últimamente ha visitado varias iglesias pentecostales y ha invocado el nombre de Dios.

En agosto se dirigió a cientos de pentecostales en una iglesia de las Asambleas de Dios en Sao Paulo.

“Quiero comenzar por decir que el estado brasileño es secular”, dijo Rousseff a la silenciosa multitud.

“Pero, citando el Salmo de David, me gustaría decir: ‘Bienaventurada la nación cuyo Dios es el Señor”‘, y los fieles rompieron en un fuerte aplauso.

En contraste, la profundamente religiosa Silva no ha hecho visitas de campaña a iglesias y se ha mantenido a distancia de los líderes pentecostales en público, con la esperanza de combatir sospechas entre los electores laicos de que los pastores conservadores pudieran influir sobre la postura de un gobierno de Silva en temas sociales.

Esas preocupaciones se intensificaron cuando su plataforma oficial retiró su apoyo al matrimonio gay menos de 24 horas después de ofrecerlo el mes pasado, tras fuertes críticas a la propuesta por parte de Malafaia y otros líderes pentecostales. Silva apoya la ley brasileña que permite las uniones civiles entre personas del mismo sexo, que da a las parejas gay los mismos derechos que a las heterosexuales, pero no apoya las bodas religiosas para los gays.

Como hija de un cosechador de goma en lo profundo del Amazonas, Silva quería ser monja y cuando era adolescente se mudó a un convento, donde aprendió a leer y a escribir a los 16 años. Allí conoció a sacerdotes que defendían la Teoría de la Liberación, un movimiento latinoamericano que defiende a los pobres.

Pero en 1997, enfrentada a graves problemas de salud tras sufrir cinco ataques de malaria cuando era adolescente, Silva, que entonces era senadora, se convirtió a la fe pentecostal después de que un médico le dijera que sólo un milagro podía salvarla.

Para algunos, el historial religioso de Silva podría ser una ventaja política.

“Marina está en una excelente posición, logró que Malafaia, la estrella de las Asambleas de Dios, la apoyara, así que probablemente opina que su apoyo entre los evangélicos está solidificado”, dijo Andrew Chesnut, profesor y experto en religiones en América Latina en la Universidad del Commonwealth de Virginia, quien se ha especializado en los pentecostales brasileños.

“Y el hecho de que tuvo relaciones con el catolicismo de la liberación (…) significa que los católicos más progresistas simpatizarán con ella”.

Pero a la hora de votar, los pentecostales brasileños, que son abrumadoramente pobres, enfrentarán un dilema al tener que escoger entre Silva, una mujer que comparte su fe, y su gratitud al Partido de los Trabajadores por los avances socioeconómicos de los últimos 12 años.

Michelle Jerónimo, una joven de 22 años que se dirigía al servicio de Malafaia la semana pasada, dijo que Silva recibiría el apoyo de los pentecostales porque mantendría la “postura de Dios” ante la extendida percepción de deshonestidad en el gobierno.

“Los pentecostales están decepcionados con la corrupción, con las promesas incumplidas, así que están fijándose en el lado pentecostal de ella”, dijo Jerónimo, agregando que Silva “cumplirá lo que ha dicho, lo que ha prometido, lo que ha dicho que planea hacer”.

Pero Silre Noguiera, que repartía volantes de campaña a nombre de los candidatos pentecostales al Congreso frente a la iglesia de Malafaia, miró por encima del hombro antes de indicar en voz muy baja su preferencia.

“Los gobiernos del Partido de los Trabajadores son los únicos que han hecho algo por los pobres. Dilma tiene mi voto”, dijo. “No estoy convencida de que la mayoría de los pentecostales vote sobre la base de la religión. A final de cuentas, quieren un presidente que le dé una vida mejor”.