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Sábado 03 de Diciembre de 2016

Más de 55.000 catalanes podrían formar parte de las sectas en España

“En apariencia no son tan piramidales, pero son más camaleónicas y complejas. Aun así, las sectas religiosas siguen siendo las más comunes porque se aprovechan de la crisis institucional de las grandes doctrinas”, presidente de presidente de la Asociación Iberoamericana para la Investigación del Abuso Psicológico (AIIAP).

  • Sectas    
  • 23 may 2013   

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Más de 55.000 catalanes podrían formar parte de las sectas en España
La secularización también está haciendo perder influencia a las sectas religiosas clásicas, como los Testigos de Jehová, la Iglesia de Unificación del Reverendo Moon o Familia Unida —la versión española de la brasileña Iglesia Universal del Reino de Dios (Iglesia Pare de Sufrir)—.

El sacerdote Luis Santamaría del Río, con motivo de la publicación de su último libro: “Entre las sectas y el fin del mundo (Vita Brevis)”, dice que se calcula que en España funcionan más de 200 sectas, pese a que su número exacto es muy difícil de saber.

“Hay muchísimos grupos informales que se forman en torno a un líder carismático”, asegura el padre Santamaría, miembro de la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas (RIES), una plataforma de expertos creada en 2005 y a la que acude “un goteo continuo de gente afectada por la manipulación psicológica de alguno de estos grupos”.

Crecen en Cataluña

Uno nuevo informe por el diario español El País, ha revelado de cuántos adeptos están ganando las sectas en España. Según Jessica Mouzo Quintáns en la edición catalana del diario, las sectas destructivas han repuntado en Cataluña y se han perfeccionado con nuevas fórmulas de manipulación.

Auspiciados por la crisis económica, los antiguos grupos han confluido con las nuevas técnicas sectarias y han conseguido captar, según algunas asociaciones de prevención de manipulación psicológica, cerca de 60.000 catalanes.

“Se está notando un cambio hacia grupos escondidos bajo el coaching u otras técnicas para crecer personalmente”, señala la psicóloga Margarita Barranco.

A falta de registros oficiales, expertos como el presidente de la Asociación Iberoamericana para la Investigación del Abuso Psicológico (AIIAP), Miguel Perlado, estiman, “a la baja”, que el número de adeptos en Cataluña oscila entre las 55.000 y las 60.000 personas, un 0,8% de la población.

El último informe sobre grupos de manipulación psicológica elaborado por la organización Atención e Investigación de Sociadicciones (AIS) en 2005, cifra en 54.000 los adeptos y 89 las entidades consideradas como grupos de manipulación psicológica dentro de Cataluña. Sin embargo, Perlado señala que el número de sectas también se ha incrementado y su organización ya contabiliza unos 110 grupos consolidados en la comunidad, aparte de otros 50 que mantienen bajo observación. La AIIAP ha catalogado a una veintena de ellos como altamente peligrosos.

Las sectas se están camuflando

Los líderes, los lugares de encuentro, las técnicas de manipulación y hasta el perfil de los miembros de la secta han cambiado radicalmente. Los expertos alertan de que los métodos de captación de adeptos pueden correr a cargo de “señores encorbatados” y ocurrir en salones de grandes hoteles de lujo bajo la imagen de inocuas conferencias.

“En apariencia no son tan piramidales, pero son más camaleónicas y complejas. Aun así, las sectas religiosas siguen siendo las más comunes porque se aprovechan de la crisis institucional de las grandes doctrinas”, apunta Perlado.

Se aprovechan de la debilidad humana

El director del Equipo Multidisciplinar para el Asesoramiento y Asistencia en Problemas Sectarios (EMAAPS), Pepe Rodríguez, considera “la inmadurez” como la característica común de los adeptos a las sectas y señala al “entorno familiar y social” como el primer responsable de la vulnerabilidad del adepto: “Las sectas son delincuentes porque se aprovechan de la debilidad de esa persona, pero esa fragilidad se creó fuera. El entorno también es en parte responsable”, sentencia Rodríguez.

Rodrigo Venegas, psicólogo experto en criminología de la Universidad San Sebastián de Chile, coincide en que habrían factores de vulnerabilidad psicosocial, que favorecen que una persona ingrese y se mantenga dentro de una comunidad de este tipo, “que incluyen el ser joven, con tendencia a la soledad, inmadurez afectiva, autoestima baja, dependencia, baja tolerancia a la ambigüedad, idealismo ingenuo, y sistemas familiares disfuncionales”, asegura.

Fuente: Diario El Día, Info Católica y Diario El País