Publican una lista de los edificios dedicados al diablo

Conozca los edificios que se construyeron con un solo objetivo en el mundo, representar el mundo de las tinieblas en la Tierra para rendirle culto al diablo.

  • Sectas    
  • 30 jun 2014   

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No es de recibo que un supervillano como Satán manda disponga sus perfidias desde un chalet en segunda línea de playa en Denia. Si lo que uno pretende es destruir el planeta, acabar con la Humanidad o acaparar todo el oro del mundo debe aspirar a un rascacielos fálico y prepotente, como hace Donald Trump, a unas torres gemelas que sirvan de entrada al Averno, como las KIO de Madrid o, si no es muy boyante, a un ridículo edificio en forma de cesta.

Torres KIO, Madrid: Poco podemos añadir a lo que dejó filmado Alex de la Iglesia en ‘El día de la bestia’: las torres inclinadas de Plaza de Castilla son la verdadera puerta de servicio al Averno desde Madrid. Financiadas con los petrodólares de los infieles kuwaitíes de la mano del simoníaco Javier de la Rosa, las Torres KIO se convirtieron en el símbolo de la cultura del pelotazo durante los 90.

Como no podía ser de otra forma, hoy acogen las oficinas de Bankia, mutación maligna de lo que en su día fue el popular Monte de Piedad de Madrid. La culminación del adefesio de las KIO sólo podía venir de la mano de ese siervo de Satán que responde al nombre de Santiago Calatrava, que plantó en mitad de la plaza una gigantesca chuta dorada, entre fálica y toxicómana.

Trump Tower, Nueva York: Con su peinado imposible y su innegable origen proletario, Donald Trump no desentonaría como villano en los supermanes de Christopher Reeves. Semejante malvado de opereta necesita a la fuerza de un rascacielos ostentoso y estridente desde el que ejercer su maldad.

La Torre Trump pretendía ser la tarjeta de presentación en la sociedad neoyorkina de su multimillonario propietario pero el resultado es la constatación de un quiero y no puedo: Trump, como su torre, se siente fuera de lugar en una fiesta en la que nadie le ha invitado. Menos mal que en medio de Manhattan disimula entre otros gigantes de acero, porque si la plantan en mitad de Zamora las fuerzas vivas de la ciudad hubiesen puesto el grito en el cielo. Y con razón.

Iglesia de la Cienciología, Los Angeles: Hace 75 millones de años, el director de la Confederación Galáctica Xenu pobló la Tierra con miles de millones de seres de otras galaxias, a continuación los aniquiló con erupciones volcánicas y bombas de hidrógeno y hoy sus almas vagan por el éter, pegándose a los cuerpos de los hombres. Comparado con semejante disparate germinal, la Biblia parece el BOE, de puro sobria y realista.

Una secta que parte de una premisa tan delirante necesita de una sede a la altura. ¿Qué tal un edificio de estilo art-decó brutalista, pintado de azul Simpsons, como el que tiene la Cienciología en Los Angeles? La alucinada fe fundada por el aviador Ron Hobbard presume de tener 8.500 iglesias en todo el mundo, incluyendo un elegante edificio en el centro de Madrid, pagado, dicen, por el mismísimo Tom Cruise, alienígena embajador de la cienciología.

Tomorrow Tower, Shanghai: Un adorador de Satán que se precie jamás podría planear sus fechorías desde una casa de campo en la campiña inglesa. Para impregnarse del Mal con mayúsculas hay que habitar en un edificio de apartamentos en Móstoles o, mejor aún, en el pináculo del Hotel Marriott de Shanghai, la ciudad que podría haber servido de plató para ‘Blade Runner’.

La “Torre del Mañana”, como enigmáticamente se llama el diabólico rascacielos, acoge 255 apartamentos de lujo y las 342 habitaciones del no menos lujoso Hotel Marriott, allí donde pernoctan empresarios, políticos, miembros del Partido Comunista, entre otros siervos del Maligno.

El Pentágono, Arlington, Virginia: Como no podía ser de otra forma, el edificio desde en el que se deciden las próximas guerras del planeta oculta bajo su inocente forma pentagonal la estrella de cinco puntas de Satanás, también conocida como pentáculo y pentalfa.

Entre los superpoderes del Pentágono se cuenta la capacidad de volatilizar los aviones que chocan contra sus gruesos muros, convirtiéndole en algo así como el “Pentágono de las Bermudas”, aunque bien visto la sede del Departamento de Defensa de EEUU también podría llamarse Villameona: el edificio fue construido con el doble de los baños requeridos para atender las necesidades fisiológicas de sus 23.000 funcionarios: en 1941 la ley de segregación racial de Virginia obligaba a que todos los edificios públicos tuvieran baños para blancos y negros, blancas y negras. Diabólico, ¿no?

Torres de Colón, Madrid: El Paseo de la Castellana es el genuino Eje del Mal de la capital, desde las Torres de Mordor al norte a la Torre de Colón al sur, pasando por el pérfido vórtice de Plaza de Castilla. En la esquina con Génova, una calle ya de por sí luciferina, se levantó en los años 70 las Torres de Colón, en principio un edificio de apartamentos de lujo pero que acabó siendo el headquarter de Rumasa, la OminCorp carpetovetónica.

Las Torres de Colón no pasaría de ser un discreto rascacielos pigmeo si no fuera por el gigantesco enchufe verde que le pusieron de capirote en los años 80, inaudito remate que hace exclamar WTF a los turistas que se dan una vuelta por el Museo de Cera.

Edificio Cesta, Ohio (EEUU): Frente al edificio típicamente maligno, tipo Torre del Futuro, existe una opción más discreta y, por eso mismo, más pérfida: construir tu cuartel general emulando un motivo naif y tontorrón, como una cesta gigante de ocho pisos y más de 20.000 metros cuadrados. Las asas que rematan el engendro pesan 150 toneladas.

El adefesio no es otro que un modelo a escala del cesto superventas del fabricante americano Longaberger. Fue erigido en 1997 por empeño del fundador de la empresa, Dave Longaberger, que ya chocheaba y cuyo plan de dominación del mundo pasaba por sembrar el mundo de otros muchos cestos gigantes, pretensión que fue sensatamente ignorada por los herederos del imperio de mimbre.

Hotel Ryugyong, Pionyang, Corea del Norte: En 1987 y con objeto de meter un dedo en el ojo a sus “vecinos capitalistas”, el bizarro régimen de Corea del Norte inició la construcción del “hotel más alto del mundo”. Cuatro años después se tuvo que detener la mastodóntica obra por falta de fondos y su esqueleto de hormigón quedó durante dos décadas a la vista de los satélites, ganando el título oficioso de edificio más feo del mundo.

Torre InTempo, Benidorm: Una relación de edificios malignos quedaría coja si no apareciera en ella Benidorm, epicentro del satanismo arquitectónico del Mediterráneo. La llamada Torre InTempo estaba llamada a ser el símbolo de la salida de la ciudad de la crisis pero va a quedar como el monumento al desenfreno urbanístico de la década pasada, icono a la estulticia fálica que ya anticipó ‘Huevos de oro’.

La historia de este inacabado Templo del Mal se inició en 1995, cuando dos chorbos montaron una sociedad con un capital de 3.100 euros y lograron un crédito de Caixa Galicia por valor de 92 millones de euros.

Eran otros tiempos, claro. La torre de 47 plantas y 269 viviendas se quedó a medio terminar y se la quedó quien más se la merece: el equívocamente llamado “banco malo” (como si el resto fueran buenos), el Sareb, que debería plantearse muy seriamente instalar su sede allí.

Fuente: Diario español Público