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LA MERCANTILIZACIÓN QUE CRECE EN LAS IGLESIAS PENTECOSTALES

¿Cuáles son los efectos eclesiales de esta situación? ¿Cómo es que llegamos a ese estado de cosas? ¿Por qué hay congregaciones que lo siguen permitiendo? ¿Qué podríamos hacer desde dentro de las iglesias para

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Nadie ha sido ajeno al escándalo en el que las iglesias evangélicas están envueltas hoy por hoy en Chile, y que tiene su origen en una investigación reservada por la Fiscalía de Delitos de Alta Complejidad contra el Obispo de la Primera Iglesia Metodista Pentecostal (Jotabeche), Eduardo Durán Castro, por el abultado y rápido crecimiento de su patrimonio personal, donde se dio a conocer que él confesó que recibe al menos treinta millones de pesos mensuales por el (solo) concepto de diezmo (Matus, 2018).

Dicho escándalo tiene el efecto de ser demasiado amplio y demasiado acotado a la vez. Amplio por cuanto no es la realidad ni de todas las denominaciones evangélicas ni de todos los pastores en Chile que muchas veces pasan grandes penurias y escasez económica, generando un triste prejuicio en la opinión pública, y acotado porque el Obispo Durán no es el único que está en esa condición, pues existen otros pastores y obispos del pentecostalismo tanto autóctono como de exportación (incluído el neopentecostalismo y otras variantes como la Iglesia Universal del Reino de Dios “Pare de Sufrir”[ii]) cuyos líderes también cuentan con antecedentes de enriquecimiento desproporcional .

 Es decir, si bien no es una cosa general, tampoco él es el único que se encuentra en esta estructura, sino varios otros líderes dentro del pentecostalismo. Aunque en este artículo me dedicaré solamente al pentecostalismo autóctono chileno, esto es, el pentecostalismo iniciado por el avivamiento de 1909, al alero del pastor estadounidense y de origen metodista Willis C. Hoover, y que podemos intentar calificar de manera muy amplia dentro de esas iglesias que tienen la costumbre de “dar tres glorias a Dios” en sus cultos (Lagos Schuffeneger, 2009, pág. 91).

En ese sentido me referiré de forma indistinta a dichas iglesias, especialmente a las tres Metodistas Pentecostales (IMP), que por diversas razones se dividieron con posterioridad a la muerte del carismático y controvertido obispo Javier Vásquez Valencia: la IMP pública, la IMP privada, y la IMP de calle Jotabeche.

El obispo Durán ha evitado responder sobre la justificación ética, doctrinal y teológica para que él como pastor de una iglesia gane un sueldo anual de al menos 360 millones de pesos, es decir, alrededor de 544.860 dólares, que es 104 veces el sueldo mínimo, y bastante más que el sueldo del presidente de Estados Unidos, que gana 400.000 dólares como mandatario del país más rico del mundo (BBC News, 2018), o más que el Presidente Ejecutivo de Codelco, la cuprífera estatal más grande del mundo y que gana $313.382.576 anuales[iii] (piénsese que Codelco produjo ganancias en 2017 por MMUS$ 2.885[iv]).

De hecho, el obispo Durán gana más que el promedio de los gerentes generales de empresas que facturan por encima de 100 millones de dólares, que en Chile alcanzó en 2018 los $176.400.000 anuales de sueldo para cada gerente (EMOL, 2018).

Durán se ha refugiado diciendo -por medio de un vídeo subido en redes sociales- que todo esto se trata de una simple persecución por el evangelio “originada en su posición valórica”.

Evidentemente, la situación está lejos de ser así, pues la razón del cuestionamiento tiene que ver con algo mucho más esencial y es que para ser una voz política, que es lo que él ha intentado hacer vía activismo “valórico” [v], para ser precisamente una “voz moral”, se requiere tener moral, en lenguaje del evangelio.

 Si uno quiere hablar de la paja en el ojo ajeno, debe mirar su viga (Lucas 6:42). Cualquier persona que quiera hacer crítica política y ética debe saber que también se la harán a él, que será escrutado, analizado y estudiado en lo que hace, y si tiene algo reprochable se lo van a hacer ver con mucha fuerza.

Es por esa razón que Durán, aunque no es el único religioso que se enriquece con la iglesia, es el único en el escrutinio y escándalo público por cuanto ha incursionado directamente en política, siendo una de las caras más visibles de la incursión “evangélica-conservadora” en esta área, especialmente durante la reciente elección presidencial y legislativa de 2017 (Mansilla, Orellana, & Panotto, 2019, pág. 195), y es la razón por la cual no todos los religiosos que hacen política como él están bajo ese ataque: porque los demás no tienen esa debilidad manifiesta contraria a los valores del quehacer democrático (y cristiano, por cierto), como es generar un abultadísimo e injustificado patrimonio producto de su trabajo como religioso.

Durán no es el único religioso que tiene una posición valórica conservadora y que cuenta con cobertura mediática (existen otros como el obispo anglicano Alfred Cooper, por ejemplo) Si las cosas fueran como Durán afirma, todos estarían bajo ataques calumniosos. Pero solo él está bajo la lupa, pues es él quien posee esta falencia de un patrimonio extrañamente enorme para un religioso y que ha confirmado con la revelación de su sueldo, lo que ya no es una acusación, sino un hecho admitido.

Es decir, si cualquier otro religioso con activismo político tuviera esa debilidad o el mismo tuviera cualquier otra debilidad, se la harían ver, porque las reglas de la política democrática implican sujetarse a sus supuestos: probidad, transparencia, servicio, intachabilidad, responsabilidad (accountability). La crítica ética y moral es consustancial a la política, de manera que no importa si la revelación de una falta ética tiene como propósito deslegitimar al adversario -esa es una obviedad en política-. Lo que importa es que dicha falta ética sea real y que el atacado pueda desmentirla.

En este caso, Durán no ha dado una explicación del sentido moral y cristiano de ganar 30 millones mensuales como religioso a costa de donaciones de gente humilde, y, por lo tanto, su respuesta es no solo impopular sino insuficiente.

Ahora bien, fuera de ese análisis y de lo mucho que podría hacer el Estado para hacer cumplir la “ley de culto” que prohíbe que las personas jurídicas religiosas tengan fines de lucro (artículo 9 ley 19.638), además de establecer un marco regulatorio con elementos mínimos de probidad y transparencia, cabe preguntarse algunas cosas orientadas hacia el asunto eclesiástico: ¿cuál es la estructura eclesiástica que permite esta situación? ¿Cuáles son los efectos eclesiales de esta situación? ¿Cómo es que llegamos a ese estado de cosas?  ¿Por qué hay congregaciones que lo siguen permitiendo? ¿Qué podríamos hacer desde dentro de las iglesias para terminar con situaciones así?

¿CUÁL ES LA ESTRUCTURA ECLESIÁSTICA QUE PERMITE ESTA SITUACIÓN?

La estructura con la que funcionan las iglesias como la de Durán es muy sencilla: a diferencia de la mayoría de las denominaciones protestantes y evangélicas clásicas (luteranos, anglicanos, presbiterianos, metodistas, bautistas, aliancistas, asambleístas, entre otras), en estas iglesias no existe sueldo fijo y razonado para el pastor, sino que se fija explícitamente que él vivirá de la totalidad de los diezmos (sean muchos o pocos). Pero no es solo eso: la administración de todos los dineros y de los bienes están entregados por estatuto y por costumbre en forma exclusiva al pastor en la iglesia local. Es él quien determina qué se hace con ellos y qué no, y nadie tiene control, auditoría o cuenta que pedir a dicho ministro. No existe tampoco la obligación de dar transparencia a los bienes y dineros que la iglesia tanto local como a nivel corporativo adquiere o administra, ni una limitación sobre en qué pueden usarse o gastarse.

Así, los pastores no solo no tienen preestablecido un sueldo fijo que sea proporcional y justo para su trabajo, estableciendo la totalidad de los diezmos (cuestión variable) como aquellos destinados a su mantenimiento, sino que además son ellos quienes tienen la administración de las ofrendas y todos los otros bienes. A eso debe sumarse que muchos hermanos, empujados y alentados por las autoridades intermedias y sus predicaciones, dan además regalos, primicias de la producción (como las del Libro de Levítico de la Biblia, y ofrendas especiales de cumpleaños a los pastores, lo que aumenta los bienes a su entera disposición.

Todo esto significa que el hecho de que los hermanos diezmen o no, tampoco es relevante para la posibilidad de enriquecimiento que se tiene, pues basta con que ofrenden para que dicho dinero pase directamente a la libre disposición del pastor. Por eso muchas veces dirán “en realidad los que diezman son una minoría”, y razón tienen o pueden tener (diezmar en todo caso es requisito para alcanzar puestos de autoridad). Sin embargo, esto no perjudica al sistema, sino que solamente disminuye el ingreso potencial, pues los que no diezman sí suelen ofrendar dinero e incluso ofrendan trabajo para conseguir dinero (ventas de comida, por ejemplo), lo que no es poco. Es más, cuando la iglesia alcanza un tamaño considerable, el capital se hace elevado por acumulación, siendo indiferente si la gente da o no un porcentaje elevado de sus recursos, con tal que den dinero o trabajen para conseguirlo. 

El pastor puede usar y disponer de todo, puede contratar a quien quiera sin dar cuenta alguna, incluso y muchas veces contrata a miembros de su familia fijando sueldos a discreción sin que existan reparos. Los tesoreros no son personas que tengan la responsabilidad de auditar el dinero; solamente cuentan, entregan y pagan recibiendo órdenes. Son personas de confianza del pastor, nombradas por él, pero sin voz sobre asuntos financieros. Los pastores bajo este sistema normalmente nombrarán a algún familiar cercano para ese cargo, sea hijo, yerno, hermano, o pariente, quien vigilará este asunto. Es por eso que en la práctica no existirá diferencia contable entre el pastor y su familia y la iglesia, son una extensión de una misma cosa.

¿CUÁLES SON LOS EFECTOS ECLESIALES DE ESTA SITUACIÓN?

Toda esta situación implica un efecto sencillo a nivel general y que define -a mi juicio- toda la estructura, problemas y debilidades de las iglesias pentecostales autóctonas actuales: el ingreso del pastor es directamente proporcional al tamaño de la iglesia, si la iglesia es grande y/o crece, el pastor estará económicamente bien (o grotescamente bien) Si es pequeña, no crece o disminuye su crecimiento, no dará sustento y/o registrará “pérdidas”. Así como el bono por venta de un vendedor de seguros, el crecimiento numérico de las iglesias pentecostales se mercantiliza, haciendo de sus miembros una verdadera mercadería o capital a acumular, una especie de incentivo productivo a nivel religioso/proselitista.  

Esto deviene en muchos efectos derivados que suelen observarse en mayor o menor medida dentro de estas iglesias, aunque obviamente tiene variantes[vi]:

EN PRIMER LUGAR, implicará que dentro de una misma denominación habrá pastores de iglesias pequeñas que pasarán grandes penas económicas, y habrá otros que podrán ganar más que el Presidente de un país. Serán “pymes” y “transnacionales” dentro de una misma persona jurídica, y salvo la mera buena voluntad de un pastor “masivo” que ayude al pequeño, no habrá cobertura institucional para él y su trabajo. Así, la condición económica de pastores de una misma denominación pentecostal con esta estructura puede ser extraordinariamente dispar y en sí injusta considerando que hay igual trabajo, incluso muchas veces hay más trabajo en el pastor pequeño por estar comenzando. Es la legitimación estructural de la desigualdad social entre ministros.

EL SEGUNDO efecto es la acumulación numérica. Las iglesias bajo esta estructura no solo no ponen límite a su crecimiento local hasta transformarse en “mega iglesias” sino que acumulan en torno a un solo pastorado un buen número de “locales” o “clases” repartidas en su zona geográfica, y en lo posible más allá. Aunque dichos locales o clases sean ya lo suficientemente grandes, incluso tan grandes como para requerir de nuevos pastores, el pastor principal se negará a dicho pedido, pues significará una pérdida notable en sus entradas económicas. La negativa será constante pues los “locales y clases” están “gravados” con cuotas y metas económicas, muchas veces bastante altas, de forma tal que éstas cargarán con la iglesia central más grande y no al revés.

EL TERCER EFECTO es la notable calidad cismática de esas iglesias cuando son grandes en número, pues con tal de adquirir o no perder la calidad de pastor u obispo dentro de una iglesia grande, el cisma se produce constantemente, pues dicha posición es muy codiciada mientras la posición de pastor de iglesia pequeña o naciente no lo es. A la muerte de un pastor u obispo, la iglesia se dividirá, porque muchos se pelearán el capital religioso; en términos fríos y duros, la cartera de clientes. Asimismo, la crítica al rebelde a la autoridad o a quien pudiera generar un cisma es constante, representada como una verdadera maldición, aunque muchas veces se ocultará que la mayoría de las iglesias pentecostales nacieron de un cisma y de una rebelión del líder (Lalive d’Epinay, 2009, pág. 142) que ahora demanda sumisión y no rebelión, so pena del castigo divino. Asimismo, se sancionará duramente la “militancia” en organizaciones religiosas que no sean la propia, y se satanizará duramente al que se cambia de iglesia con toda clase de maldiciones espirituales, lo que permite asegurar el capital económico-religioso.

EL CUARTO EFECTO de la confusión entre la iglesia y la familia pastoral es que, con el fin de mantener la fuente de ingreso familiar, el pastor hará lo posible por asegurarse que la calidad de pastor quede radicada en alguno de sus hijos o yernos (Mansilla M. Á., 2016, pág. 384). Siempre los mantendrá cerca de sí como autoridades, y llegado en el momento les dará el cargo de Primer Oficial o primer ayudante, ubicándolos en la condición sociorreligiosa de ser llamados sucesores. Este estatus especial y superior que se otorga a la familia pastoral ayudará mucho de cara a la congregación.

EL QUINTO EFECTO es que habrá un énfasis central y casi único en el crecimiento numérico y de infraestructura: el primero para no perder sino aumentar las entradas, el segundo para reforzar el primero y justificar la demanda económica de la iglesia. Su rendición de cuentas, carente de detalles contables, será simplemente la visible presencia de nuevos y más grandes templos, lo que tranquiliazará a los fieles sobre esto, pero que en todo caso son construidos con donativos adicionales a los normales y con la fuerte presencia de mano de obra voluntaria de la propia congregación. La construcción y ampliación de edificaciones se transforma así en un fin único, y no en un medio, pues una vez que se termina una construcción o ampliación se empezará otra. Incluso a pesar de si por ello se adquiere deuda, pues en este contexto eclesial, mercantilizado y no transparente, eso puede ser una simple inversión a plazo recuperable.

Se descartará así cualquier otra prioridad: tener un seminario y hacerlo requisito para ser pastor o abrirlo al diaconado, poner énfasis serio en la teología e historia de la iglesia e identidad denominacional, crear colegios, tener fundaciones, realizar obra social y de misericordia en forma permanente, institucional y sistemática de acuerdo al evangelio. Todo ello se descarta o se minimiza, mutilando la labor y misión hacia la “sola alma” (que es un número que se integra a la iglesia y aporta) y no sobre la “calidad de vida de dicha alma” y sus inquietantes y profundas dudas espirituales. Crecer en número es lo importante; ya habrá tiempo para lo demás, que rara vez llega. El fervor evangelístico nace desde la autoridad y se mantiene constante, para bien de la difusión de un mensaje que se cree salvífico y justificado por ello, pero también por la mercantilidad del crecimiento en su estructura eclesiastica. El “buen” incentivo que hay en la relación miembro/dinero personal pastoral disponible.

Evidentemente dicha mutilación teológica y práctica de la misión eclesiástica, sumada a la mercantilidad del crecimiento y el énfasis en la “sola alma” directamente vinculado a todo lo anterior, también incide en sus intereses políticos, siendo una de las tantas razones por las cuales en estas iglesias casi no hay preocupación política por las condiciones materiales de existencia de la gente tanto dentro como fuera de la comunidad de fe, haciendo de sus preocupaciones en materia de ideología-política básicamente la libertad de poder seguir predicando ese evangelio (bastando que sea en ese estado de mutilación, es decir, la propia fe y no la de los demás), y la negación de la libertad civil de terceros de practicar y difundir cualquier forma de vida que pueda ser incompatible a la conversión y amenazar por ende la participación (rentable en el fondo) dentro de la organización eclesiástica: las libertades de las minorías sexuales (que “no pueden” ser a la vez parte de su religión), el ateísmo o cualquier ideología explícitamente atea, el mal llamado “paganismo” (religiones consideradas satánicas por ser indígenas o no occidentales), la eutanasia y la legalización de la marihuana, olvidando de forma natural y espontánea el agregar a su pensamiento y preocupación política la expresión de los valores cristianos de justicia, solidaridad, fraternidad, igualdad, o cuidado de la creación, e incluso callando si llega a producirse restricciones o atentados en contra de personas que son parte de dichas cosmovisiones consideradas incompatibles (Mansilla & Orellana, Evangélicos y Política en Chile. Política, apoliticismo, y antipolítica, 2019).

El único valor político pasa a ser la posibilidad de conversión a su religión, traducida en libertad para predicar su fe (no una preocupación por la generalidad de la libertad religiosa sino solo la propia) y la negación –incluso total- de las otras cosmovisiones o formas de vida con las que “se compite”, lo que es el resultado directo e imperceptible de esta reducción de la integralidad de la misión basada en la centralidad del crecimiento numérico, cuyo origen es por una parte el fervor misionero, pero a la vez la mercantilidad del crecimiento que lo atrofia al máximo. El pensamiento conservador se hace una obviedad, pues éste es -en el fondo- la negativa a perder miembros o crecimiento, perder poder en otras palabras, negando por ende a los otros, no pudiendo mirarlos como iguales o legítimos.

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Por Esteban Quiroz González: Abogado por la Universidad de Chile, ex miembro y profesor de la Iglesia Metodista Pentecostal de Chile (pública) en Maipú. Actualmente miembro probando de la Iglesia Metodista de Chile.

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“No luches con cerdos” (Pensamientos sobre cómo manejar las críticas)

“No luches con los cerdos” es otra forma de decir que cuando las personas intentan pelear contigo o cuando parecen estar dispuestos a criticarte sin importar lo que digas o hagas.

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Odio cuando la gente me critica. Sin embargo, ser criticado es de esperar cuando eres un influyente o un líder. Incluso los mejores padres suelen ser criticados por sus hijos, jefes por sus empleados, entrenadores por sus jugadores, atletas y artistas por sus admiradores, maestros por sus alumnos y pastores por sus feligreses. Si no somos capaces de manejar las críticas, podemos considerar hacer algo diferente con nuestras vidas.

A lo largo de los años, he mejorado por recibir críticas de las personas que me rodean. Cuando la crítica es justa, en realidad me ayuda a ver mis puntos ciegos, abordar mis debilidades y mejorar mis esfuerzos para amar y liderar a quienes me rodean. Sin embargo, cuando las críticas no son justas, a veces puedo reaccionar de manera negativa y defensiva. Y, honestamente, a veces reacciono así cuando la crítica es justa.

Recientemente, un hombre que viajaba a través de Nashville y había visitado nuestra iglesia me envió una crítica pública en Twitter, contándome todas las cosas que, en su “humilde opinión”, estaban equivocadas con respecto a mi sermón. Sintiéndome a la defensiva e irritado, tomé represalias tontamente con una crítica propia, junto con un versículo bíblico para justificar mi respuesta. El hombre luego envió cinco mensajes más en Twitter, acumulando más críticas, sacando mis palabras de contexto y poniendo palabras en mi boca. Entonces respondí por segunda vez, de nuevo de una manera que no fue útil.

Mi amigo y hermano mayor no oficial, el pastor Scotty Smith, vio el intercambio entre el visitante de la iglesia y yo y rápidamente me envió un mensaje de texto que decía: “Scott, querido hermano, olvidaste que no debes pelear con cerdos”.

El texto de Scotty no fue pensado como un insulto para el hombre en Twitter. Más bien, me estaba recordando una frase que él y yo habíamos aprendido de un artículo de Carey Nieuwhof sobre el liderazgo saludable. “No luches con los cerdos” es otra forma de decir que cuando las personas intentan pelear contigo o cuando parecen estar dispuestos a criticarte sin importar lo que digas o hagas, generalmente es mejor no involucrarlos. ¿Por qué? Porque cuando los líderes “luchan con los cerdos”, corremos el riesgo de que nos volvamos locos en el proceso.

Hay otra desventaja de “luchar con cerdos”. Cuando nos defendemos, en lugar de tratar de calmar la situación al no responder o responder con suavidad, nos condicionamos a rechazar todas las críticas, incluso las que son justas. Hacemos esto a nuestro propio riesgo.

En cada uno de nosotros está el potencial de un gran bien y el potencial de un mal excepcional. La Escritura pone palabras a esta realidad dual de múltiples maneras. Somos, al mismo tiempo, santos y transgresores, hombre viejo y hombre nuevo, carne y espíritu. Somos, como dijo Lutero, simul justus et peccator, al mismo tiempo justos y pecadores. Esto significa que somos en todo momento capaces de amor heroico y mal indescriptible. Incluso el apóstol Pablo, uno de los más grandes líderes cristianos que hayan vivido, reconoció esto de sí mismo cuando escribió en su carta a los romanos:

“No entiendo mis propias acciones. Porque no hago lo que quiero, pero hago lo que odio … Porque sé que nada bueno mora en mí, es decir, en mi carne. Porque tengo el deseo de hacer lo correcto, pero no la capacidad de llevarlo a cabo. Porque no hago el bien que quiero, pero el mal que no quiero es lo que sigo haciendo …

Cuando quiero hacer lo correcto, el mal está al alcance de la mano. Porque me deleito con la ley de Dios en mi ser interior, pero veo en mis miembros otra ley que libra una guerra contra la ley de mi mente y me hace cautivo de la ley del pecado”, (Romanos 7:15, 18-19, 21 -23).

Afortunadamente para todos nosotros, este no es el final de la historia para Pablo. Habiendo sido abatido por su pecado, continúa en el siguiente capítulo para proporcionar la solución llena de esperanza a su (y nuestro) problema con el pecado. En Cristo, que nos ha redimido de la maldición de la ley de Dios, no hay condenación. Cristo, quien es nuestro abogado legal ante el tribunal de Dios, también da su Espíritu que mora dentro de nosotros. El Espíritu nos ayuda a orar cuando no sabemos cómo, dirige nuestra mente hacia las cosas del Espíritu y nos aleja de las cosas de la carne, y nos recuerda que nada en toda la creación podrá separarnos de su amor. (Romanos 8).

Aunque nunca es una buena idea meterse en un enfrentamiento con un crítico injusto que se comporta más como un cerdo que como un amigo, hay formas potencialmente redentoras de abordar su “injusticia”, si parece correcto hacerlo.

Se cuenta la historia del evangelista Dwight L. Moody, quien, mientras predicaba el evangelio a una gran multitud, tuvo su propia experiencia “Shimei” (para la historia de Shimei, ver 2 Samuel 16: 5-13). Un joven, seguro de sí mismo y sabelotodo en un seminario de la multitud comenzó a desafiar públicamente las cosas que Moody, el veterano evangelista, estaba diciendo. Este estudiante lo interrumpió bruscamente varias veces y trató de hacerle tropezar. Eventualmente, Moody se hartó de la conducta grosera del joven y lo reprendió. El evangelista, ampliamente conocido como uno de los comunicadores más elocuentes del mundo, utilizó su don con palabras para castigar al joven, poniéndolo bruscamente en su lugar. Pensando que el joven obtuvo lo que se merecía, la multitud mostró su sincera aprobación de la respuesta de Moody. Luego, más tarde en su charla, Moody se detuvo y dijo frente a todos:

“Amigos, debo confesar ante todos ustedes que al comienzo de mi reunión le di una respuesta muy tonta a mi hermano aquí abajo. Le pido a Dios que me perdone, y le pido que me perdone”.

Moody demostró verdadero liderazgo y grandeza en ese momento. Aunque culpable del pecado aparentemente menor, se convirtió en el primero en arrepentirse y pedir disculpas. Él, “en el poder”, valoró su carácter. Aunque no pudo haber dicho nada y se fue a casa satisfecho de haber derrotado profundamente al joven antagonista en su enfrentamiento público, en cambio se humilló y se disculpó públicamente.

Si Jesús, quien nunca cometió ni siquiera la ofensa más pequeña, se humilló y fue criticado, despreciado y rechazado para cubrir nuestra vergüenza y demostrar su gran amor por nosotros, entonces tiene sentido que queramos seguir los pasos de personas como Dwight L. Moody e innumerables personas humildes y es humillándonos a nosotros mismos cuando estamos expuestos por nuestros defectos y pecados. Porque, aunque somos “peores de lo que pensamos que somos”, también somos, como también dijo Jack Miller, “más amados de lo que nunca nos hemos atrevido a esperar”.


Publicado en: NOTICIACRISTIANA.COM  – Scott Sauls ha escrito cuatro libros: Jesús fuera de las líneas, Amigo, De la debilidad a la fuerza y ​​Fe irresistible. – Entérate diariamente de todas las noticias cristianas evangélicas.


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5 mejores consejos de C.S. Lewis sobre la vida cristiana

Para ser verdaderamente humildes, los cristianos deben pensar menos en sí mismos.

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En pocas palabras, la vida cristiana es el modo de vida de Dios. Podríamos hacer una lista interminable de lo que un cristiano hace y no hace.

Es probable que incluya cosas como: leer la Biblia a diario, orar a diario, amarnos unos a otros o asistir a la iglesia. Y, si bien todas esas cosas son aspectos muy importantes de vivir la vida a la manera de Dios, a menudo ayuda observar algunas formas específicas en que podemos vivir una vida cristiana en relación directa con los obstáculos que enfrentamos hoy.

C.S. Lewis, un conocido apologista y pensador cristiano, escribió mucho antes de nuestro tiempo, pero escribió verdades altamente aplicables y prácticas sobre la vida cristiana que aún hoy en día parecen ser ciertas. Mientras que Lewis proporciona una gran cantidad de sabiduría, aquí hay cinco consejos relevantes en la era de hoy tomados de su libro: “Mero cristianismo”.

1. Posea verdadera humildad

“La verdadera humildad no es pensar menos de ti mismo, es pensar menos en ti mismo”–CS Lewis, Mero cristianismo

Tenemos un mensaje del Evangelio y una misión del Evangelio, y estamos caminando por la cuerda floja entre la promoción de un mensaje que apunta a Jesús y la promoción de nosotros mismos. Si bien no siempre somos malos, vivimos en una época en la que prevalecen los libros de auto promoción, selfies y autoayuda. Luchamos con pensar demasiado bien de nosotros mismos o no pensar lo suficiente, y ambos nos consumen con el “yo”.

Las palabras de Lewis son hermosamente simples y poderosas. Para ser verdaderamente humildes, los cristianos deben pensar menos en sí mismos.

2. Elige la verdad sobre la originalidad

“Incluso en la literatura y el arte, ningún hombre que se moleste por la originalidad será nunca original: mientras que si simplemente tratas de decir la verdad (sin preocuparte por la frecuencia con que se ha dicho antes), nueve veces de cada diez, serás original. Sin haberlo notado nunca. ”- CS Lewis, Mero cristianismo

Se nos dice que simplemente “sea usted” con casi todas las personas con las que nos encontramos. Y, si bien es importante permanecer fiel a uno mismo, podemos llegar a ser consumidos por ser únicos, originales o diferentes.

Me encanta el consejo de Lewis: cuando simplemente decimos la verdad de acuerdo con las Escrituras, nos volvemos originales sin darnos cuenta. Un cristiano en el mundo de hoy elige la verdad sobre la originalidad.

3. Persigue a Dios sobre la felicidad

“Y de ese intento desesperado ha surgido casi todo lo que llamamos historia humana: dinero, pobreza, ambición, guerra, prostitución, clases, imperios, esclavitud, la larga y terrible historia de un hombre que intenta encontrar algo distinto de Dios que lo hará feliz”, – CS Lewis, Mero cristianismo

Ya sea que esté conectado en línea o manejando en el automóvil, me enfrento a personas, lugares y cosas que prometen felicidad. Quiero ser feliz, todos lo hacemos, así que a menudo me encuentro persiguiendo la próxima cosa que creo que hará que eso suceda. Si puedo {completar el espacio en blanco}, encontraré la verdadera felicidad.

El cristiano que vive en la era de hoy persigue a Dios por la búsqueda de la felicidad. Atrapar destellos de Dios se vuelve más importante que captar sentimientos de felicidad. La ironía es que cuando buscamos a Dios experimentamos una alegría verdadera y duradera.

4. Entiende que el progreso a menudo significa retroceder

“El progreso significa acercarse al lugar donde quiere estar. Y si has tomado un giro equivocado, avanzar no te acerca más. Si está en el camino equivocado, el progreso significa hacer un giro y caminar de regreso al camino correcto; y en ese caso, el hombre que más pronto regresa es el hombre más progresista “. –CS Lewis, Mere Christianity

Darle la vuelta o dar la vuelta es esencialmente la definición de arrepentimiento, lo que significa alejarse del pecado y volverse a Dios.

En el mundo de hoy, aplaudimos el progreso. Queremos escalar más alto, más rápido, más largo. Seguimos adelante, a menudo sabiendo que vamos en la dirección equivocada. Sabemos que, si hacemos un giro equivocado, el GPS nos redireccionará.

El cristiano que vive en el mundo de hoy sabe que el hombre que se da cuenta de que está en el camino equivocado y se vuelve antes, es el más progresista.

5. Escucha al Espíritu Santo

“Llega el momento en que te levantas cada mañana. Todos tus deseos y esperanzas para el día corren hacia ti como animales salvajes. Y el primer trabajo cada mañana consiste simplemente en devolverlos a todos; al escuchar esa otra voz, tomar ese otro punto de vista, deja que fluya otra vida más grande, más fuerte y más tranquila…”, –CS Lewis, Mero cristianismo

Estamos ocupados, abrumados, estresados ​​y ansiosos. Escuchamos nuestras listas de tareas, nuestros amigos bien intencionados y nosotros mismos.

El cristiano que vive en el mundo de hoy, el que verdaderamente quiere vivir para Cristo, hace una pausa para escuchar al Espíritu Santo cada momento de cada día.

Como siempre, cuando hablamos de vivir una vida que refleja la plenitud de Cristo, es importante recordar que solo por la gracia de Dios y el poder del Espíritu Santo podemos vivir una vida agradable a Dios.


Publicado en: NOTICIACRISTIANA.COM – A Holly Mthethwa le apasiona compartir la palabra de Dios en la vida cotidiana. Ha sido asesora misionera en Perú e India, dirigió estudios bíblicos en los Estados Unidos y Sudáfrica. – Entérate diariamente de todas las noticias cristianas evangélicas.


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Adorar con la mente, la adoración olvidada (parte II)

Adorar con la mente es utilizar las facultades mentales para la gloria de Dios.

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Como dije en la entrada anterior (Adorar con la mente, la adoración olvidada), adorar con la mente es utilizar las facultades mentales para la gloria de Dios. Estoy hablando de utilizar la imaginación, la concentración, la percepción, el razonamiento, la intuición, la memoria, etc. que Dios nos ha dado y hacer uso adecuado de ellas. Además, comenzamos a ver una de las formas con que podemos adorar con la mente: memorizando las Escrituras. Continuemos, entonces, con otra forma más con que podemos adorar a Dios con la mente.

2. Adoramos a Dios con la mente cuando estudiamos una profesión u oficio.

En mi familia somos 5 hijos y mis papás nos inculcaron desde pequeños que debíamos profesionalizarnos. Claro, nos dieron libertad para estudiar lo que quisiéramos, pero fuera lo que fuera que eligiéramos estudiar, nos atornillaron en la cabeza que debíamos profesionalizarnos. A tal grado fue su adoctrinamiento que una vez nos dijeron: “Nosotros no les daremos permiso de que tengan novia, ¡hasta que obtenga su profesión! ¿Ok?” Imagínate, 5 hijos varones, ¡todos queríamos tener novia! Por lo tanto, ¡todos quisimos profesionalizarnos!

Estudiar una carrera universitaria, una maestría o un doctorado, o según tus capacidades, especializarte en un oficio y capacitarte para ser un mejor trabajador, es adorar con la mente. ¿Por qué? Porque a través del estudio del pensum académico o de las destrezas que se requieren aprender para desarrollar una ocupación, expandes tu conocimiento, tu memoria y tu capacidad mental. Estudiar una profesión es adorar porque para ser el mejor en tu vocación o adquirir un título, tendrás que hacer uso de tu voluntad, es decir, de determinación mental para alcanzar tu objetivo de especializarte.

Otra forma de definir “fuerza de voluntad” es a través de la palabra “carácter”. Y mi definición favorita de carácter es: “permanecer en las decisiones tomadas a través del tiempo a pesar de que la emoción ya no esté”. No sé de quién es la definición, pero una vez la vi en un mural y me impresionó. Así que analicemos cada una de las partes de la definición y apliquémoslas a los estudios vocacionales y universitarios.

“Permanecer en las decisiones tomadas…”

Cuando escoges una profesión u oficio, tú tomas una decisión. Tú ves tus habilidades, examinas lo que te apasiona, analizas las opciones de estudio, visualizas tus sueños y entonces, después de reflexión y asesoría, escoges a qué te quieres dedicar el resto de tu vida. Para saber tomar decisiones, ¡buenas decisiones!, se requiere utilizar adecuadamente las habilidades mentales.

Insisto, adoramos a Dios al adquirir una profesión u oficio. ¿Por qué? Porque para culminar este tipo de proyectos se requiere carácter y para tener carácter se requiere una voluntad férrea, disciplinada y esforzada. Tú determinación de comenzar algo y completarlo es lo que te convertirá en un estudiante que destilará excelencia durante todo el tiempo de estudios. Y bueno, hablando de excelencia, ¿aún no estas convencido de que adquirir una profesión u oficio no tiene nada que ver con la adoración? ¿Acaso no recuerdas el caso de Daniel, Sadrac, Mesac y Abeg-nego? Mira lo que dice la Escritura:

“Entonces el rey mandó a Aspenaz, jefe de sus oficiales, que trajera de los hijos de Israel a algunos de la familia real y de los nobles, jóvenes en quienes no hubiera defecto alguno, de buen parecer, inteligentes en toda rama del saber, dotados de entendimiento y habilidad para discernir y que tuvieran la capacidad para servir en el palacio del rey; y le mandó que les enseñara la escritura y la lengua de los caldeos… Entre éstos estaban Daniel, Ananías, Misael y Azarías, de los hijos de Judá. Y el jefe de los oficiales les puso nuevos nombres: a Daniel le puso Beltsasar; a Ananías, Sadrac; a Misael, Mesac; y a Azarías, Abed-nego… A estos cuatro jóvenes Dios les dio conocimiento e inteligencia en toda clase de literatura y sabiduría… Al cabo de los días que el rey había fijado para que fueran presentados, el jefe de los oficiales los trajo ante Nabucodonosor. El rey habló con ellos, y de entre todos ellos no se halló ninguno como Daniel, Ananías, Misael y Azarías; entraron, pues, al servicio del rey. Y en todo asunto de sabiduría y conocimiento que el rey les consultó, los encontró diez veces superiores a todos los magos y encantadores que había en todo su reino”, Daniel 1:3-4, 6-7, 17, 18-20.

Como sé que conoces la historia, no me detendré mucho en ella; pero este pasaje nos muestra a estos jóvenes hebreos demostrando que quienes forman parte del pueblo de Dios pueden ser grandiosos estudiantes. Y si aún no crees que estudiar, capacitarse o profesionalizarse tiene que ver con la adoración, te dejo de tarea que vayas a estudiar Daniel capítulo tres para que veas la prueba a la que ellos fueron sometidos y con la que se midió el calibre de adoradores que eran.

En Daniel tres, Nabucodonosor amenazó a tres de ellos con lanzarlos al horno de fuego si no se postraban a adorar la estatua que había erigido. ¿Qué hicieron Sadrac, Mesac y Abeg-nego? Estuvieron dispuestos a morir por causa de su lealtad al Señor. Ellos no estaban dispuestos a inclinarse ni un milímetro ante la estatua, a no brindar ni una gota de adoración ni a proporcionar un gramo de pleitesía a alguien distinto al Dios de Israel. Tú sabes qué pasó al final: su ejemplo de determinación trascendió el imperio y hasta Nabucodonosor rindió reverencia al Dios Todopoderoso.

Ahora, ¿tú crees que ellos se convirtieron en adoradores de Dios de la noche a la mañana? ¿Tú crees que determinaron en sus corazones no adorar a nadie más ese día que Nabucodonosor los amenazó con calcinarlos? No, ellos ya practicaban la adoración a Dios desde su juventud. Por eso, al nomás iniciar el libro de Daniel, los encuentras siguiendo sus convicciones dietéticas para no contaminarse con la comida del rey (Daniel 1:8-13). Ellos eran tan rigurosos en su determinación de adorar solo a Dios, que no quisieron contaminarse con comida idolátrica que reñía con sus valores religiosos. Es decir, tú ves a estos jóvenes comprometido con la adoración a Dios desde Daniel capítulo 1, y luego lo siguieron demostrando en Daniel capítulo 3. Por lo tanto, la excelencia en los estudios “diez veces mejor” con que ellos sobresalieron de entre todos los cautivos y que modelaron en Daniel 1:18-20, simplemente fue reflejo de su compromiso como adoradores de Dios.

Ser un adorador es sinónimo de excelencia en los estudios, de calidad académica y de procurar un alto estándar intelectual. Así que la adoración no está separada de la preparación vocacional o universitaria y, por lo tanto, debes estudiar, profesionalizarte, especializarte, etc., que haciendo estas cosas estarás adorando a Dios con la mente que el Señor te dio para que la llenaras de conocimiento, habilidades y destrezas.

Publicado en: NOTICIACRISTIANA.COM – Por Noel Navas Autor del libro: El cristiano ante la música secular – Entérate diariamente de todas las noticias cristianas evangélicas.

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