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LA MERCANTILIZACIÓN QUE CRECE EN LAS IGLESIAS PENTECOSTALES

¿Cuáles son los efectos eclesiales de esta situación? ¿Cómo es que llegamos a ese estado de cosas? ¿Por qué hay congregaciones que lo siguen permitiendo? ¿Qué podríamos hacer desde dentro de las iglesias para

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Nadie ha sido ajeno al escándalo en el que las iglesias evangélicas están envueltas hoy por hoy en Chile, y que tiene su origen en una investigación reservada por la Fiscalía de Delitos de Alta Complejidad contra el Obispo de la Primera Iglesia Metodista Pentecostal (Jotabeche), Eduardo Durán Castro, por el abultado y rápido crecimiento de su patrimonio personal, donde se dio a conocer que él confesó que recibe al menos treinta millones de pesos mensuales por el (solo) concepto de diezmo (Matus, 2018).

Dicho escándalo tiene el efecto de ser demasiado amplio y demasiado acotado a la vez. Amplio por cuanto no es la realidad ni de todas las denominaciones evangélicas ni de todos los pastores en Chile que muchas veces pasan grandes penurias y escasez económica, generando un triste prejuicio en la opinión pública, y acotado porque el Obispo Durán no es el único que está en esa condición, pues existen otros pastores y obispos del pentecostalismo tanto autóctono como de exportación (incluído el neopentecostalismo y otras variantes como la Iglesia Universal del Reino de Dios “Pare de Sufrir”[ii]) cuyos líderes también cuentan con antecedentes de enriquecimiento desproporcional .

 Es decir, si bien no es una cosa general, tampoco él es el único que se encuentra en esta estructura, sino varios otros líderes dentro del pentecostalismo. Aunque en este artículo me dedicaré solamente al pentecostalismo autóctono chileno, esto es, el pentecostalismo iniciado por el avivamiento de 1909, al alero del pastor estadounidense y de origen metodista Willis C. Hoover, y que podemos intentar calificar de manera muy amplia dentro de esas iglesias que tienen la costumbre de “dar tres glorias a Dios” en sus cultos (Lagos Schuffeneger, 2009, pág. 91).

En ese sentido me referiré de forma indistinta a dichas iglesias, especialmente a las tres Metodistas Pentecostales (IMP), que por diversas razones se dividieron con posterioridad a la muerte del carismático y controvertido obispo Javier Vásquez Valencia: la IMP pública, la IMP privada, y la IMP de calle Jotabeche.

El obispo Durán ha evitado responder sobre la justificación ética, doctrinal y teológica para que él como pastor de una iglesia gane un sueldo anual de al menos 360 millones de pesos, es decir, alrededor de 544.860 dólares, que es 104 veces el sueldo mínimo, y bastante más que el sueldo del presidente de Estados Unidos, que gana 400.000 dólares como mandatario del país más rico del mundo (BBC News, 2018), o más que el Presidente Ejecutivo de Codelco, la cuprífera estatal más grande del mundo y que gana $313.382.576 anuales[iii] (piénsese que Codelco produjo ganancias en 2017 por MMUS$ 2.885[iv]).

De hecho, el obispo Durán gana más que el promedio de los gerentes generales de empresas que facturan por encima de 100 millones de dólares, que en Chile alcanzó en 2018 los $176.400.000 anuales de sueldo para cada gerente (EMOL, 2018).

Durán se ha refugiado diciendo -por medio de un vídeo subido en redes sociales- que todo esto se trata de una simple persecución por el evangelio “originada en su posición valórica”.

Evidentemente, la situación está lejos de ser así, pues la razón del cuestionamiento tiene que ver con algo mucho más esencial y es que para ser una voz política, que es lo que él ha intentado hacer vía activismo “valórico” [v], para ser precisamente una “voz moral”, se requiere tener moral, en lenguaje del evangelio.

 Si uno quiere hablar de la paja en el ojo ajeno, debe mirar su viga (Lucas 6:42). Cualquier persona que quiera hacer crítica política y ética debe saber que también se la harán a él, que será escrutado, analizado y estudiado en lo que hace, y si tiene algo reprochable se lo van a hacer ver con mucha fuerza.

Es por esa razón que Durán, aunque no es el único religioso que se enriquece con la iglesia, es el único en el escrutinio y escándalo público por cuanto ha incursionado directamente en política, siendo una de las caras más visibles de la incursión “evangélica-conservadora” en esta área, especialmente durante la reciente elección presidencial y legislativa de 2017 (Mansilla, Orellana, & Panotto, 2019, pág. 195), y es la razón por la cual no todos los religiosos que hacen política como él están bajo ese ataque: porque los demás no tienen esa debilidad manifiesta contraria a los valores del quehacer democrático (y cristiano, por cierto), como es generar un abultadísimo e injustificado patrimonio producto de su trabajo como religioso.

Durán no es el único religioso que tiene una posición valórica conservadora y que cuenta con cobertura mediática (existen otros como el obispo anglicano Alfred Cooper, por ejemplo) Si las cosas fueran como Durán afirma, todos estarían bajo ataques calumniosos. Pero solo él está bajo la lupa, pues es él quien posee esta falencia de un patrimonio extrañamente enorme para un religioso y que ha confirmado con la revelación de su sueldo, lo que ya no es una acusación, sino un hecho admitido.

Es decir, si cualquier otro religioso con activismo político tuviera esa debilidad o el mismo tuviera cualquier otra debilidad, se la harían ver, porque las reglas de la política democrática implican sujetarse a sus supuestos: probidad, transparencia, servicio, intachabilidad, responsabilidad (accountability). La crítica ética y moral es consustancial a la política, de manera que no importa si la revelación de una falta ética tiene como propósito deslegitimar al adversario -esa es una obviedad en política-. Lo que importa es que dicha falta ética sea real y que el atacado pueda desmentirla.

En este caso, Durán no ha dado una explicación del sentido moral y cristiano de ganar 30 millones mensuales como religioso a costa de donaciones de gente humilde, y, por lo tanto, su respuesta es no solo impopular sino insuficiente.

Ahora bien, fuera de ese análisis y de lo mucho que podría hacer el Estado para hacer cumplir la “ley de culto” que prohíbe que las personas jurídicas religiosas tengan fines de lucro (artículo 9 ley 19.638), además de establecer un marco regulatorio con elementos mínimos de probidad y transparencia, cabe preguntarse algunas cosas orientadas hacia el asunto eclesiástico: ¿cuál es la estructura eclesiástica que permite esta situación? ¿Cuáles son los efectos eclesiales de esta situación? ¿Cómo es que llegamos a ese estado de cosas?  ¿Por qué hay congregaciones que lo siguen permitiendo? ¿Qué podríamos hacer desde dentro de las iglesias para terminar con situaciones así?

¿CUÁL ES LA ESTRUCTURA ECLESIÁSTICA QUE PERMITE ESTA SITUACIÓN?

La estructura con la que funcionan las iglesias como la de Durán es muy sencilla: a diferencia de la mayoría de las denominaciones protestantes y evangélicas clásicas (luteranos, anglicanos, presbiterianos, metodistas, bautistas, aliancistas, asambleístas, entre otras), en estas iglesias no existe sueldo fijo y razonado para el pastor, sino que se fija explícitamente que él vivirá de la totalidad de los diezmos (sean muchos o pocos). Pero no es solo eso: la administración de todos los dineros y de los bienes están entregados por estatuto y por costumbre en forma exclusiva al pastor en la iglesia local. Es él quien determina qué se hace con ellos y qué no, y nadie tiene control, auditoría o cuenta que pedir a dicho ministro. No existe tampoco la obligación de dar transparencia a los bienes y dineros que la iglesia tanto local como a nivel corporativo adquiere o administra, ni una limitación sobre en qué pueden usarse o gastarse.

Así, los pastores no solo no tienen preestablecido un sueldo fijo que sea proporcional y justo para su trabajo, estableciendo la totalidad de los diezmos (cuestión variable) como aquellos destinados a su mantenimiento, sino que además son ellos quienes tienen la administración de las ofrendas y todos los otros bienes. A eso debe sumarse que muchos hermanos, empujados y alentados por las autoridades intermedias y sus predicaciones, dan además regalos, primicias de la producción (como las del Libro de Levítico de la Biblia, y ofrendas especiales de cumpleaños a los pastores, lo que aumenta los bienes a su entera disposición.

Todo esto significa que el hecho de que los hermanos diezmen o no, tampoco es relevante para la posibilidad de enriquecimiento que se tiene, pues basta con que ofrenden para que dicho dinero pase directamente a la libre disposición del pastor. Por eso muchas veces dirán “en realidad los que diezman son una minoría”, y razón tienen o pueden tener (diezmar en todo caso es requisito para alcanzar puestos de autoridad). Sin embargo, esto no perjudica al sistema, sino que solamente disminuye el ingreso potencial, pues los que no diezman sí suelen ofrendar dinero e incluso ofrendan trabajo para conseguir dinero (ventas de comida, por ejemplo), lo que no es poco. Es más, cuando la iglesia alcanza un tamaño considerable, el capital se hace elevado por acumulación, siendo indiferente si la gente da o no un porcentaje elevado de sus recursos, con tal que den dinero o trabajen para conseguirlo. 

El pastor puede usar y disponer de todo, puede contratar a quien quiera sin dar cuenta alguna, incluso y muchas veces contrata a miembros de su familia fijando sueldos a discreción sin que existan reparos. Los tesoreros no son personas que tengan la responsabilidad de auditar el dinero; solamente cuentan, entregan y pagan recibiendo órdenes. Son personas de confianza del pastor, nombradas por él, pero sin voz sobre asuntos financieros. Los pastores bajo este sistema normalmente nombrarán a algún familiar cercano para ese cargo, sea hijo, yerno, hermano, o pariente, quien vigilará este asunto. Es por eso que en la práctica no existirá diferencia contable entre el pastor y su familia y la iglesia, son una extensión de una misma cosa.

¿CUÁLES SON LOS EFECTOS ECLESIALES DE ESTA SITUACIÓN?

Toda esta situación implica un efecto sencillo a nivel general y que define -a mi juicio- toda la estructura, problemas y debilidades de las iglesias pentecostales autóctonas actuales: el ingreso del pastor es directamente proporcional al tamaño de la iglesia, si la iglesia es grande y/o crece, el pastor estará económicamente bien (o grotescamente bien) Si es pequeña, no crece o disminuye su crecimiento, no dará sustento y/o registrará “pérdidas”. Así como el bono por venta de un vendedor de seguros, el crecimiento numérico de las iglesias pentecostales se mercantiliza, haciendo de sus miembros una verdadera mercadería o capital a acumular, una especie de incentivo productivo a nivel religioso/proselitista.  

Esto deviene en muchos efectos derivados que suelen observarse en mayor o menor medida dentro de estas iglesias, aunque obviamente tiene variantes[vi]:

EN PRIMER LUGAR, implicará que dentro de una misma denominación habrá pastores de iglesias pequeñas que pasarán grandes penas económicas, y habrá otros que podrán ganar más que el Presidente de un país. Serán “pymes” y “transnacionales” dentro de una misma persona jurídica, y salvo la mera buena voluntad de un pastor “masivo” que ayude al pequeño, no habrá cobertura institucional para él y su trabajo. Así, la condición económica de pastores de una misma denominación pentecostal con esta estructura puede ser extraordinariamente dispar y en sí injusta considerando que hay igual trabajo, incluso muchas veces hay más trabajo en el pastor pequeño por estar comenzando. Es la legitimación estructural de la desigualdad social entre ministros.

EL SEGUNDO efecto es la acumulación numérica. Las iglesias bajo esta estructura no solo no ponen límite a su crecimiento local hasta transformarse en “mega iglesias” sino que acumulan en torno a un solo pastorado un buen número de “locales” o “clases” repartidas en su zona geográfica, y en lo posible más allá. Aunque dichos locales o clases sean ya lo suficientemente grandes, incluso tan grandes como para requerir de nuevos pastores, el pastor principal se negará a dicho pedido, pues significará una pérdida notable en sus entradas económicas. La negativa será constante pues los “locales y clases” están “gravados” con cuotas y metas económicas, muchas veces bastante altas, de forma tal que éstas cargarán con la iglesia central más grande y no al revés.

EL TERCER EFECTO es la notable calidad cismática de esas iglesias cuando son grandes en número, pues con tal de adquirir o no perder la calidad de pastor u obispo dentro de una iglesia grande, el cisma se produce constantemente, pues dicha posición es muy codiciada mientras la posición de pastor de iglesia pequeña o naciente no lo es. A la muerte de un pastor u obispo, la iglesia se dividirá, porque muchos se pelearán el capital religioso; en términos fríos y duros, la cartera de clientes. Asimismo, la crítica al rebelde a la autoridad o a quien pudiera generar un cisma es constante, representada como una verdadera maldición, aunque muchas veces se ocultará que la mayoría de las iglesias pentecostales nacieron de un cisma y de una rebelión del líder (Lalive d’Epinay, 2009, pág. 142) que ahora demanda sumisión y no rebelión, so pena del castigo divino. Asimismo, se sancionará duramente la “militancia” en organizaciones religiosas que no sean la propia, y se satanizará duramente al que se cambia de iglesia con toda clase de maldiciones espirituales, lo que permite asegurar el capital económico-religioso.

EL CUARTO EFECTO de la confusión entre la iglesia y la familia pastoral es que, con el fin de mantener la fuente de ingreso familiar, el pastor hará lo posible por asegurarse que la calidad de pastor quede radicada en alguno de sus hijos o yernos (Mansilla M. Á., 2016, pág. 384). Siempre los mantendrá cerca de sí como autoridades, y llegado en el momento les dará el cargo de Primer Oficial o primer ayudante, ubicándolos en la condición sociorreligiosa de ser llamados sucesores. Este estatus especial y superior que se otorga a la familia pastoral ayudará mucho de cara a la congregación.

EL QUINTO EFECTO es que habrá un énfasis central y casi único en el crecimiento numérico y de infraestructura: el primero para no perder sino aumentar las entradas, el segundo para reforzar el primero y justificar la demanda económica de la iglesia. Su rendición de cuentas, carente de detalles contables, será simplemente la visible presencia de nuevos y más grandes templos, lo que tranquiliazará a los fieles sobre esto, pero que en todo caso son construidos con donativos adicionales a los normales y con la fuerte presencia de mano de obra voluntaria de la propia congregación. La construcción y ampliación de edificaciones se transforma así en un fin único, y no en un medio, pues una vez que se termina una construcción o ampliación se empezará otra. Incluso a pesar de si por ello se adquiere deuda, pues en este contexto eclesial, mercantilizado y no transparente, eso puede ser una simple inversión a plazo recuperable.

Se descartará así cualquier otra prioridad: tener un seminario y hacerlo requisito para ser pastor o abrirlo al diaconado, poner énfasis serio en la teología e historia de la iglesia e identidad denominacional, crear colegios, tener fundaciones, realizar obra social y de misericordia en forma permanente, institucional y sistemática de acuerdo al evangelio. Todo ello se descarta o se minimiza, mutilando la labor y misión hacia la “sola alma” (que es un número que se integra a la iglesia y aporta) y no sobre la “calidad de vida de dicha alma” y sus inquietantes y profundas dudas espirituales. Crecer en número es lo importante; ya habrá tiempo para lo demás, que rara vez llega. El fervor evangelístico nace desde la autoridad y se mantiene constante, para bien de la difusión de un mensaje que se cree salvífico y justificado por ello, pero también por la mercantilidad del crecimiento en su estructura eclesiastica. El “buen” incentivo que hay en la relación miembro/dinero personal pastoral disponible.

Evidentemente dicha mutilación teológica y práctica de la misión eclesiástica, sumada a la mercantilidad del crecimiento y el énfasis en la “sola alma” directamente vinculado a todo lo anterior, también incide en sus intereses políticos, siendo una de las tantas razones por las cuales en estas iglesias casi no hay preocupación política por las condiciones materiales de existencia de la gente tanto dentro como fuera de la comunidad de fe, haciendo de sus preocupaciones en materia de ideología-política básicamente la libertad de poder seguir predicando ese evangelio (bastando que sea en ese estado de mutilación, es decir, la propia fe y no la de los demás), y la negación de la libertad civil de terceros de practicar y difundir cualquier forma de vida que pueda ser incompatible a la conversión y amenazar por ende la participación (rentable en el fondo) dentro de la organización eclesiástica: las libertades de las minorías sexuales (que “no pueden” ser a la vez parte de su religión), el ateísmo o cualquier ideología explícitamente atea, el mal llamado “paganismo” (religiones consideradas satánicas por ser indígenas o no occidentales), la eutanasia y la legalización de la marihuana, olvidando de forma natural y espontánea el agregar a su pensamiento y preocupación política la expresión de los valores cristianos de justicia, solidaridad, fraternidad, igualdad, o cuidado de la creación, e incluso callando si llega a producirse restricciones o atentados en contra de personas que son parte de dichas cosmovisiones consideradas incompatibles (Mansilla & Orellana, Evangélicos y Política en Chile. Política, apoliticismo, y antipolítica, 2019).

El único valor político pasa a ser la posibilidad de conversión a su religión, traducida en libertad para predicar su fe (no una preocupación por la generalidad de la libertad religiosa sino solo la propia) y la negación –incluso total- de las otras cosmovisiones o formas de vida con las que “se compite”, lo que es el resultado directo e imperceptible de esta reducción de la integralidad de la misión basada en la centralidad del crecimiento numérico, cuyo origen es por una parte el fervor misionero, pero a la vez la mercantilidad del crecimiento que lo atrofia al máximo. El pensamiento conservador se hace una obviedad, pues éste es -en el fondo- la negativa a perder miembros o crecimiento, perder poder en otras palabras, negando por ende a los otros, no pudiendo mirarlos como iguales o legítimos.

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Por Esteban Quiroz González: Abogado por la Universidad de Chile, ex miembro y profesor de la Iglesia Metodista Pentecostal de Chile (pública) en Maipú. Actualmente miembro probando de la Iglesia Metodista de Chile.

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10 pecados que Jesús condena y que todo cristiano necesita saber

Aquí hay 10 pecados de los que Jesús habló con más fervor en los evangelios.

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NOTICIACRISTIANA.COM. – A lo largo de la vida y el ministerio de Jesús, él llamó la atención de los oyentes sobre los diversos pecados al enseñar acerca de la voluntad de su Padre y guio a los creyentes en lo que realmente significa amar a Dios y caminar con él.

Pero durante su ministerio, ¿Jesús condenó algunos pecados más que otros?

Como hijos de Dios, debemos prestar atención, no solo a las palabras de Jesús, sino a lo que revela acerca de su corazón por nosotros. Dondequiera que Él condene el pecado, también señala el camino hacia algo mucho más grande de lo que el pecado nos promete.

Por eso es tan importante escuchar con atención y responder a lo que Jesús enfatizó en sus enseñanzas.

Aquí hay 10 pecados de los que Jesús habló con más fervor en los evangelios:

1-Egoísmo

Jesús ministró con una actitud de humildad. Se le cita diciendo: ” el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos”,  Mateo 20:28, Marcos 10:45. J

Jesús advirtió a sus discípulos contra el uso de su estatus para dominar a otros. Más bien, debían ser sirvientes de todos, Mateo 20: 25-28.

La historia del hombre rico y Lázaro muestra la severidad del castigo por el egoísmo, Lucas 16: 19-31.

Cuando permitimos que nuestras propias necesidades nos impidan satisfacer las necesidades de los demás, endurecemos nuestros corazones a una de las misiones principales de Cristo.

2.-Orgullo

Jesús a menudo advirtió a los que luchaban con el orgullo de sus consecuencias inminentes. En Lucas 20: 45-47, Jesús advirtió a sus oyentes que tuvieran cuidado con los maestros de la ley que se enorgullecían de su religiosidad, pero no mostraban hospitalidad a los necesitados.

La parábola del fariseo y el recaudador de impuestos ilustra cómo Dios ve el orgullo espiritual, Lucas 18: 9-14.

Cuando el fariseo oró, en su orgullo le agradeció a Dios que no era como otras personas, a quienes consideraba menos espirituales. Al mismo tiempo, el recaudador de impuestos se inclinó humildemente desde lejos y lamentó su condición de pecador.

Jesús declaró que era el recaudador de impuestos quien sería justificado ante Dios por su humildad.

“… Porque todos los que se exaltan serán humillados, y los que se humillen serán exaltados”, Lucas 18: 9-14.

3.-Incredulidad

Jesús a menudo se maravilló y convenció a sus discípulos, así como a los espectadores, por su falta de fe.

En su ciudad natal, Él no pudo realizar milagros debido a la incredulidad de la gente. Los fariseos y los saduceos probaron a Jesús pidiéndole a Él una señal del cielo de que Él era el Cristo, Mateo 16: 1-4.

En respuesta a su incredulidad, Jesús los llamó una generación perversa y adúltera y les dijo que no se daría ninguna señal a excepción de la señal de Jonás.

Cuando pensamos en cómo el Hijo de Dios no pudo realizar milagros debido a la falta de fe de las personas en su ciudad natal, debemos preguntarnos cuánto extrañamos al Espíritu Santo que obra a través de nuestras propias vidas simplemente porque dudamos de su capacidad.

4.-Hipocresía

Muchos incrédulos o ex evangélicos de hoy dicen que la razón por la que se oponen a la religión organizada es porque hay demasiada hipocresía.

La buena noticia es que Jesús también se opuso a la hipocresía. Los evangelios están llenos de Jesús desafiando a los fariseos en su hipocresía.

Jesús, pronunció “7 Ayes” sobre los maestros de la ley y los fariseos. En cada uno de sus pronunciamientos, los llamó hipócritas. Jesús condenó a estos funcionarios religiosos porque decían ser líderes, pero sus corazones y acciones no reflejaban su apariencia externa.

El resultado de sus esfuerzos fue la inutilidad, la destrucción espiritual y el derramamiento de sangre. Otras palabras que Jesús usa para describir a los hipócritas son guías ciegos, necios ciegos y víboras (Mateo 22: 13-39).

5.-Codicia

Jesús enseñó sobre el dinero y las posesiones más que cualquier otro tema, lo que nos revela la mentalidad de su reino.

Jesús declaró que nadie puede servir a dos amos. U odiarás a uno y amarás al otro o amarás a uno u odiarás al otro.

Por lo tanto, es imposible servir a Dios y al dinero, Mateo 6:24.

Si estamos atados a las cosas de este mundo, nuestros corazones nunca pertenecerán a las cosas de Dios. Es por eso que Jesús les ordena a sus seguidores que busquen primero el reino de Dios y su justicia (Mateo 6:33).

Afirmó firmemente que es imposible que un hombre rico herede el reino de Dios, no porque Jesús condenó la riqueza, sino porque sabe lo difícil que es para alguien dejar la codicia.

Cuando dejamos de lado nuestra codicia, podemos dar lo que tenemos con alegría. Jesús honra esta virtud a través de la pobre viuda que dio todo lo que ella tenía como ofrenda (Marcos 12: 41-44). Ella dio de su pobreza en lugar de su riqueza.

6.-Falta de perdón

Jesús enfatizó las consecuencias de los efectos duraderos de la falta de perdón. En Mateo 6: 14-15, Jesús les dijo a sus discípulos que quien perdone a su hermano será perdonado, pero quien no perdona no será perdonado.

Jesús también contó una parábola del siervo que no perdonaba a sus discípulos para enfatizar la importancia de mostrar el perdón a los demás como un reflejo del perdón que Dios nos mostró (Mateo 18: 21-35).

Jesús es el último ejemplo de Aquel que perdona. Aunque no merecía la muerte, perdonó a sus enemigos incluso en la cruz (Lucas 23:34).

7.-Odio

Uno de los mayores mandamientos que Jesús dio a sus discípulos fue amarse unos a otros. Es por nuestro amor que el mundo sabrá que somos verdaderamente discípulos de Cristo (Juan 13: 34-35).

Del mismo modo, Jesús condenó nuestro odio y enojo unos con otros. Lo comparó con el asesinato físico del individuo (Mateo 5: 21-26).

El ministerio de Jesús fue de reconciliación. Cuando odiamos a alguien, creamos una barrera para el propósito mismo de su ministerio.

8.-Desobediencia

Si bien la desobediencia puede parecer una trampa para todos los pecados, Jesús enfatizó la importancia de obedecer sus enseñanzas (Lucas 11:28; Juan 14:15).

La parábola de dos hijos ilustra la importancia que Jesús le dio al obedecer su palabra (Mateo 21: 28-32).

En esta parábola, un padre tuvo dos hijos. Un hijo le dijo a su padre que él trabajaría la viña y no siguió adelante. El segundo hijo declaró que no trabajaría, pero cambió de opinión y se fue.

El punto de Jesús de la parábola era que el que recibe el reino de Dios es el que se arrepiente y cree.

Cuando desobedecemos la Palabra del Señor, necesitamos verificar nuestros corazones por deslealtad y falta de amor.

9.-Juzgar a otros

A lo largo de los evangelios, Jesús atendió a muchos “pecadores” y recibió críticas de sus discípulos y de los líderes judíos. Por ejemplo, Jesús llama a Levi, un recaudador de impuestos, a ser un discípulo. El nuevo seguidor celebró un gran banquete en el que se reunieron notables violadores de la ley. Cuando los fariseos y los maestros de la ley preguntaron a los discípulos de Jesús sobre su comportamiento, Jesús les dijo que no era el saludable quien necesitaba un médico, sino el enfermo (Lucas 5: 27-31).

Jesús es claro en su prohibición de juzgar a otros (Mateo 7: 1-6; Lucas 37-38). A menudo las personas se ven tentadas a determinar por sí mismas la culpa de otro y anunciar un destino sobre ellas. Sin embargo, ese rol es solo para Dios (Santiago 4:12). Los creyentes son llamados a mostrar misericordia unos con otros en lugar de juicio.

10.-Impureza

En el judaísmo del primer siglo, la pureza ritual y ceremonial era extremadamente importante. Sin embargo, Jesús enseñó sobre la importancia de la pureza moral.

Cuando se enfrentaron a la falta de lavado ceremonial de los discípulos, Jesús declaró que no es lo que alguien pone dentro de su boca lo que los contamina, sino lo que sale de su boca (Mat. 15: 1-20; Marcos 7: 1- 23).

Él advirtió contra los pecados del corazón, que incluyen: inmoralidad sexual, robo, asesinato, adulterio, avaricia, malicia, engaño, lascivia, envidia, calumnia, arrogancia…

Por lo tanto, como seguidores de Jesús, es importante que permitamos que Dios examine nuestros corazones diariamente para garantizar que permanezcamos puros (Salmo 139: 23-24).

Mientras que Jesús enseñó sobre muchos “pecados”, esta lista brinda una descripción general del corazón de su ministerio y la enseñanza del reino de Dios.

Nos llama a los creyentes a una vida de fe, obediencia, amor y servicio a Dios y a los demás.

Cuando confiamos en Él en lugar de nosotros mismos, meditamos regularmente en Su Palabra y en comunión con Él en oración, podemos seguir Sus enseñanzas y vivir una vida de un verdadero discípulo.

Cortney Whiting es esposa y madre de dos hijos maravillosamente enérgicos. Recibió su Maestría en Teología del Seminario Teológico de Dallas. Después de servir en la iglesia durante casi 15 años, Cortney actualmente se desempeña como líder laico y escribe para varios ministerios cristianos. Puedes encontrarla en su blog, Unveiled Graces.


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6 mentiras que Satanás trata de decirle a todo cristiano

Quiere que creamos que está bien permanecer en un lugar de sufrimiento para siempre, que está bien creer que no hay nada que se pueda hacer.

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NOTICIACRISTIANA.COM.- Fatiga. Ansiedad. Estrés. Tentación. Temor. Desesperación. Mentiras. Venganza. ¿Suena familiar? Son los esquemas favoritos del diablo para distorsionar nuestra visión de la realidad.

Quiere que creamos que está bien permanecer en un lugar de sufrimiento para siempre, que está bien creer que no hay nada que se pueda hacer, y que debemos vivir en la derrota.

Quizás ninguna otra tentación te sea tan fácil de abrazar como una simple mentira, pero aceptarla es incluso uno de los engaños más inocuos del enemigo.

¡La verdad es que Cristo nos ha hecho vencedores! Descubra cómo vencer las mentiras de Satanás con la armadura espiritual que Dios nos da en Efesios 6).

 El padre de las mentiras

El enemigo quiere que le creas sus mentiras. Pero ten en cuenta quién es realmente el enemigo. En solo tres versos simples, las Escrituras nos dan una imagen precisa de su carácter, de sus tácticas y de su objetivo.

Su historia nos dice que es un asesino y que solo tiene un deseo. En Juan 8:44, Jesús le dice a sus seguidores: “Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer…”.

Su estrategia nos dice cómo pretende engañarnos. Jesús pinta un cuadro de este plan mientras continúa en Juan 8:44: “[El diablo] ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira”.

La verdad en las Escrituras

El poder del enemigo nos revela su objetivo cuando tratamos de mantener nuestros ojos en Jesús.

Pedro lo explicó esto vívidamente a la Iglesia en 1 Pedro 5: 8: ” Vuestro adversario, el diablo, anda como un león rugiente, buscando a quién devorar”.

Si sabemos quién es el enemigo, las razones por las que es nuestro enemigo y cómo pretende derrotarnos, ¿por qué tantos de nosotros seguimos eligiendo creer en su versión distorsionada de la realidad? ¿Por qué aceptaríamos sus mentiras sobre el estrés, la ansiedad, la desesperación y todas las otras luchas que tenemos, haciéndonos pensar que no se pueden superar?

¿No nos parece mucho mejor creer en la verdad que se encuentra en las Escrituras? La verdad que nos dice el enemigo, no tiene una verdadera base en la que apoyarse, porque ya ha sido derrotado, nuestras luchas ya se han resuelto y tenemos las herramientas para ser vencedores.

La verdad detrás de las mentiras

Como mencioné anteriormente, a veces las luchas en sí son manejables. Podemos manejar nuestra fatiga descansando un poco más. Podemos manejar nuestro estrés al descomprimirnos los fines de semana.

Pero a veces las luchas son mucho más profundas y se ven reforzadas por la mentira de la justificación.

Tenemos miedo de que esta relación se rompa, estresada por la gran cantidad de trabajo que tenemos que hacer, o ansiosa por las cosas que aún no han encajado.

La mentira es la siguiente: estamos justificados para permanecer temerosos, estresados, ansiosos. Nada podría estar más lejos de la realidad.

Dios no quiere que sus hijos se queden estancados. La verdad que encontramos en las Escrituras nos dice que nunca debemos creer las mentiras que el enemigo nos dice, y debemos estar protegidos contra él.

Dios tiene mejores cosas que nos tiene reservadas, y nuestra parte en el asunto es confiar en Él y su verdad, creer en sus promesas y confiar en su amor.

Considere este versículo de 2 de Corintios: “Antes bien renunciamos a lo oculto y vergonzoso, no andando con astucia, ni adulterando la palabra de Dios, sino por la manifestación de la verdad recomendándonos a toda conciencia humana delante de Dios”, 2 Corintios 4: 2.

Resistiendo las mentiras

Justificar la mentira y creer que es la forma más fácil de ayudarnos a superar nuestras dificultades es vivir con vergüenza y caminar en astucia.

No es lo que Dios quiere para nosotros. Sabemos que Dios quiere que vivamos en la verdad, que mantengamos la verdad cerca, que nos apoyemos en ella. Pero aparte de la verdad que podemos encontrar en las Escrituras, ¿qué otra verdad hay?

Bueno, se nos dice varias veces a lo largo de las Escrituras del Dios de la verdad. Se puede confiar en él por esta razón. David escribió en el Salmo 31: 5: “En tu mano encomiendo mi espíritu; Tú me has redimido, oh Señor Dios de la verdad”.

Considere las palabras de Isaías sobre el Dios de verdad: “El que se bendijere en la tierra, en el Dios de verdad se bendecirá; y el que jurare en la tierra, por el Dios de verdad jurará; porque las angustias primeras serán olvidadas, y serán cubiertas de mis ojos”, 65:16.

Cristo como la fuente

También se nos dice que Dios mismo es verdad y vida. “Y el Verbo [Jesús] se hizo carne y habitó entre nosotros, y vimos Su gloria, la gloria del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad”, Juan 1:14.

Vemos más afirmaciones cuando Jesús nos recuerda que Él es “el camino, la verdad y la vida. Nadie viene al Padre, sino por mí”, Juan 14: 6. Cristo es nuestra fuente de verdad. Estamos seguros del deseo de Cristo para que vivamos en la verdad y nuestra capacidad para vivir en la verdad.

Efesios 6:14 nos ordena: “Por tanto, quédate ceñido de verdad”. Un par de capítulos antes de esto, Pablo escribió que “la verdad está en Jesús” (4:21).

La verdad sobre la que estamos destinados a apoyarnos: la verdad de quién es Dios, lo que Jesús hizo por nosotros y las vidas que Él quiere que tengamos, está destinada a penetrar en lo que somos y todo lo que hacemos, incluidas las decisiones que tomamos con respecto a las mentiras del enemigo que podemos creerlas o rechazarlas.

El estímulo de la verdad

Si conocemos la verdad y su capacidad para fortalecernos, ¿cómo podemos plantar la verdad en nuestros corazones para que estemos preparados cuando las mentiras estén dirigidas hacia nosotros?

Cuando nos desanimamos en las relaciones, nos estresamos por el trabajo o anhelamos la venganza, debemos permanecer en la verdad de la soberanía de Dios, ya que nos permitirá vencer.

Resiste las mentiras del enemigo Manténgase en la verdad de quién es Dios: Él es verdad, Él es gracia, Él es fortaleza, Él es misericordia. Él es el que ya ha vencido, y por extensión también tenemos las herramientas y la capacidad para vencer.

La fatiga, la ansiedad, estrés, tentación, miedo, desesperación, mentiras y venganza, pueden superarse cuando vivimos en la verdad.

El Dr. David Jeremiah es uno de los maestros de la Biblia más confiables de los Estados Unidos. Durante más de 36 años, ha ayudado a millones de personas a profundizar su comprensión de la Biblia.


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8 pecados que los cristianos están empezando a ignorar

Aquí hay 8 pecados que solemos ignorar, pero no podemos permitir ignorarlos por más tiempo.

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NOTICIACRISTIANA.COM. – ¿Qué es el pecado? Hay ciertos pecados que los cristianos siempre son buenos en señalar, generalmente en otros. Y obviamente hay pecados por los que estamos conmocionados y horrorizados, y generalmente vemos estos pecados como peores que otros.

Pero la realidad es que todo pecado nos separa de Cristo. No hay grados de separación: o estás reconciliado con Dios o eres un extraño para él (Colosenses 1: 21-22), no hay intermedios.

¿Algunos pecados son peores que otros?

Todos los pecados son iguales porque todos nos separan de Dios. La declaración de la Biblia, “Porque la paga del pecado es muerte” (Romanos 6:23), se refiere a todo pecado, ya sea en pensamiento, palabra o acto.

Podemos engañarnos a nosotros mismos para que creamos que hay pecados realmente “grandes” que debemos evitar, mientras ignoramos el pecado mortal en nuestras vidas.

No se equivoque: todo pecado es incorrecto, todo pecado debe ser confesado y todos nosotros debemos alejarnos de nuestras tendencias pecaminosas y, a través de una fe humilde y dependiente para caminar en la justicia.

Aquí hay 8 pecados que solemos ignorar, pero no podemos permitir ignorarlos por más tiempo.

1. El egoísmo / la justicia propia

Si tienes que felicitarte por algo bueno que has hecho, entonces no lo estás haciendo bien. A muchos de nosotros nos gusta mostrar nuestros actos fieles para que otros sepan qué buenos cristianos somos.

A Cristo no le importa lo que todos los demás piensen de tu generosidad. Él se preocupa por tu corazón y tu motivación. Si necesita que las otras personas sepan sobre las cosas buenas que hace, siente o piensa para sentirse validado, entonces debe volver a evaluarse.

2. Patriotismo

Para que conste, no creo que el patriotismo en sí mismo sea un pecado. Pongo esto aquí porque muy a menudo ponemos la fe y los valores cristianos en la misma caja que el partido político y el patriotismo.

La Biblia es clara sobre el hecho de que el nombre de Jesús será declarado a TODAS las naciones y pueblos del mundo. Proyectamos el cristianismo en nuestra bandera y asumimos que Dios actúa como nosotros, pero no es así como funciona.

Celebre los valores de su nación y entienda lo bendecido que es vivir en nuestro propio país, pero recuerde que al final del día usted es un ciudadano del cielo y que el cielo estará lleno de personas de todo el mundo.

3. Miedo / preocupación

Jesús es muy claro acerca de preocuparse. Él nos dice que no nos preocupemos. La fe requiere confianza.  1 Juan 4:18 dice: “No hay temor en el amor. Pero el amor perfecto expulsa el miedo…”.

Dios es amor. Él nos amó lo suficiente como para enviar a su hijo a morir para expiar nuestros pecados. Su amor es perfecto; por lo tanto, no debemos tener nada que temer.

Sé que el miedo es inevitable a veces. Es una lucha importante para mí. No somos perfectos, pero el temor y la preocupación no son parte de la ecuación con Cristo.

Estas actitudes implican una falta de fe. Todo lo que podemos hacer es recordar que Dios es soberano y siempre está en control.

4. Orgullo

Hablamos de orgullo todo el tiempo en la iglesia. Discutimos constantemente lo perjudicial y peligroso que es, pero parece que no reconocemos lo que realmente es el orgullo.

No nos damos cuenta de que cada vez que rechazamos el perdón de alguien, actuamos con orgullo.

Cada vez que discute con un amigo, familiar o cónyuge e insiste en que no será el primero en pedir disculpas eso es actuar por orgullo. Recuerda la gracia que Cristo te brinda y trata de extender esa misma gracia y perdón a los demás.

5. Glotonería / Codicia

Este pecado está estrechamente relacionado con el orgullo. Nos hundimos en deudas para asegurarnos de que tenemos las mejores y más nuevas cosas.

Los discípulos a menudo vivían de la generosidad de los demás y Jesús era un pobre carpintero. No estoy diciendo que la riqueza sea inherentemente mala. No lo es.

Si puedes permitirte ese Mercedes, por todos los medios, cómpralo. Pero si no puedes y estás gastando cientos de dólares cada mes para pagar tus deudas, entonces podría estar haciendo una forma moderna de gula.

Necesitas mirar dentro de ti y buscar en tu corazón. Si te quitaran tus cosas bonitas, ¿estarías satisfecho y capaz de encontrar gozo en Cristo? ¿Por qué estás realmente en deuda? ¿A quién estás tratando de impresionar, a Dios o a los hombres?

6. Chismes

Nos gusta hablar de las vidas de otras personas como si viviéramos en sus cabezas y supiéramos todo sobre ellas.

 Esto es algo de lo que se acusa constantemente a las personas “eclesiásticas”, y a menudo es el resultado de una actitud crítica (que se describe a continuación).

 ¿Por qué la mujer que abortó no vendrá a tu iglesia? Porque tiene miedo de las miradas que le darás y de la distancia a la que la mantendrás.

Lo mismo podría decirse de la mujer embarazada de 16 años o del hombre que engañó a su esposa.

Claro, es bueno escapar de nuestros propios problemas hablando de alguien más por un tiempo, pero tratemos de recordar hablar con gracia y que nuestro pecado es tan pecaminoso como el de cualquier otro.

7. Odio

En el Sermón del Monte, Jesús nos dice lo que ya sabemos (que el asesinato es incorrecto), pero lo sigue diciendo es que cualquiera que haya abrigado odio hacia alguien ha cometido un asesinato en su corazón.

El odio está conectado íntimamente con el miedo. Tememos a las personas que no entendemos y ese miedo hace que los odiemos irracionalmente.

La actitud general hacia todos los musulmanes basada en los actos de una pequeña secta es un ejemplo perfecto de esto.

También tendemos a albergar odio contra quienes nos han lastimado. Necesitamos constantemente buscar en nuestro corazón y monitorear nuestros pensamientos y sentimientos.

8. Juicio

Esto será la muerte de nuestra fe y nuestra influencia. Sé que Pablo les dice a las iglesias a no consentir a alguien con una conducta pecaminosa, pero usamos esos versículos para justificar el juicio hacia los demás y creo que esto es una mala interpretación de las Escrituras.

La verdad de Jesús está en nuestra igualdad. Somos todos pecadores con necesidad de un Salvador.

Los cristianos han aceptado a Cristo y han evitado la condena basada en la fe y la gracia de Dios. Nosotros no evitamos la condena en base a nuestras propias acciones.

La única manera de evitar este pecado es reconocer nuestras propias debilidades y abrazar la humildad. De hecho, eso podría ayudarnos a evitar una multitud de pecados.

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Rachel-Claire Cockrell es esposa, escritora y profesora de inglés de secundaria. Ella es una apasionada de sus estudiantes y hace todo lo posible para ejemplificar el amor de Cristo a aquellos niños que pueden no experimentarlo en ningún otro lugar.


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