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“Reflexión sobre la genuina paternidad responsable”

No nos limitemos a reconocer que somos padres de nuestros hijos como si les estuviéramos haciendo el favor de darles apellido.

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NOTICIACRISTIANA.COM.- En celebración del día del padre, en muchos países, lo invitamos a leer el siguiente texto, para que reflexione:

¡Hijo mío! Quiero hablarte

mientras te encuentras dormido…

Entro en tu cuarto en puntillas

y el corazón remordido,

para decirte mi pena

de culpable arrepentido….

He sido duro contigo.

Hoy mismo, por la mañana,

te regañé al haber visto

que no lavabas tu cara

con jabón. Tus zapatitos

no estaban embetunados,

y luego te pegué un grito

al notar que habías dejado

tus ropitas por el piso.

Y seguí, al desayuno,

en el mismo son reñido:

Que la comida caía

fuera del plato servido;

que engullías, y situabas

en la mesa tus coditos,

untando la mantequilla

a trozos.

Cuando salimos,

yo camino del trabajo

y tú a jugar un ratito,

antes de ir para la escuela,

aquel «¡Adiós, papaíto!»,

cariñoso y sonriente,

lo respondí: «¡Ya te he dicho

que saques más ese pecho

y que no andes encogido!»

Y, al regresar, esta tarde

volví a emprenderla contigo,

cuando jugando a las bolas

estabas con otros niños.

En vez de estar en cuclillas,

te apoyabas en el piso

manchando tus medias nuevas.

Delante de tus amigos

comencé a reprenderte.

Te dije: «¿Dónde se ha visto

que se trate así la ropa?

¡Eso cuesta sacrificios!

¡Bien se ve que no trabajas

para comprar tus vestidos!»

… Después, ¿te acuerdas?, estando

yo leyendo, entraste tímido

con el temor y la súplica

en tu rostro pintaditos.

Te dejé con la mirada

como clavado en el piso.

«¿Y qué tú quieres ahora?»,

dije casi en un gruñido.

Sin responderme, lanzaste

a mi cuello tus bracitos.

Me besaste con ternura

y arrebatado cariño,

con ése que Dios ha puesto

en tu corazón de niño;

y que no hay indiferencia,

ni dureza ni castigo

que lo enfríen. Luego fuiste

a tu cuarto, trotandito.

Pues mira, mi niño amado,

a poco de haberte ido

se me escurrió de las manos

el periódico. He sentido

temor ante los efectos

que mi hábito dañino

de mandar y encontrar faltas

obraba en contra del hijo.

¡Así te trataba yo

por ser solamente un niño!

¡Y no es que no te quisiera,

sino que había pretendido

que a tus años como un hombre

te portaras, hijo mío!

¡Yo seré desde mañana

para ti lo que he debido

ser siempre: tu compañero,

tu padre amable y tu amigo!

Sufriré cuando tú sufras

y me alegraré contigo,

y no haré más que decirme:

«Es un niño pequeñito.»

Estos versos que escribió el poeta cubano,Luis Bernal Lumpuy, basándose en una narración en prosa del autor, Livingstone Larned, nos llevan a reflexionar sobre la genuina paternidad responsable. No nos limitemos a reconocer que somos padres de nuestros hijos como si les estuviéramos haciendo el favor de darles apellido. Más bien, reconozcamos que son una herencia del Señor, y aceptémoslos con todas sus imperfecciones. Paradójicamente, nuestro Padre celestial no sólo nos acepta de la misma manera a nosotros, sino que nos exige que cambiemos y nos volvamos como nuestros niños para que entremos en el reino de los cielos.


Publicado en: NOTICIACRISTIANA.COM – Entérate diariamente de las noticias cristianas evangélicas en todo el mundo.


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