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NOTICIACRISTIANA.COM.- A los 12 años, mis ganas del servir al Señor eran inmensas, pero, nunca imaginé que crecer en una sana doctrina, iba a recibir cierta discriminación por ser mujer.

Al entrar a la iglesia, rápidamente se observaban una hilera de asientos de hombres y otra, se solo mujeres que permitían separar ambos géneros.

Mi pasión por seguir a Cristo no me detenía y seguía adelante, orando, ayunando y buscando del Señor intensamente. No estaba dispuesta a dejar atrás a mi padre.

Conforme fueron pasando los años, a menudo, observaba cómo a las mujeres se les reprimía de ejercer ciertos cargos en la iglesia; éstos solamente eran dados a los hombres.

En este relato, no se pretende dejar a un lado la autonomía de las autoridades eclesiásticas dentro de una congregación, sino mas bien, de señalar algunos aspectos que aún se repiten en las iglesias y que se deben ajustar para mejorar.

Juventud cristiana

Siempre me he caracterizado por ser una mujer sujeta a las autoridades, ya que, conozco cuál es mi rol en una congregación, trabajo, entre otros.

Sin embargo, también sé que el propósito de Dios va más allá de un género; basta con solo ver algunos ejemplos en la Biblia de cómo Dios utilizó a las mujeres para su gloria y honra.

Un día me dijeron que debía predicar en la congregación, y acepté; me preparé espiritualmente para ello, oré, leí la Biblia y comencé a pedirle al Señor que me ayudara.

Llegó el momento de predicar y justo cuando estaba subiendo al altar, vi las caras de muchos de los presentes que estaban en los primeros asientos (todos hombres), y me sorprendí; todos hablaban entre sí y otros, simplemente abuchearon.

Mi reacción no fue de tristeza, sino de pregunta hacia el Señor. ¿Por qué me estaba pasando eso a mí? ¿Qué había de malo en mí? Fueron interrogantes que no recibieron una respuesta inmediata.

Conversación

Pasada una semana de aquel incidente, decidí indagar con algunas hermanas de la iglesia y varias me dijeron que no era la primera vez que aquello pasaba.

Anteriormente, a otra hermana la habían abucheado también solo por ser mujer. Surge otra interrogante: ¿Acaso por ser mujer no tengo derecho a ejercer el liderazgo?

En una sociedad acostumbrada a poner al hombre por encima de las mujeres, se puede esperar muchas cosas. Solo sé que delante de los ojos de Dios, todos somos iguales.


Publicado por: NOTICIACRISTIANA.COM.- Entérate de las mejores noticias cristianas evangélicas y del mundo.