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Martes 14 de Agosto de 2018

¿El cristiano puede perder la salvación? John Piper responde

Teólogo usó el griego para tratar de explicar que los “creyentes genuinos en Cristo no pierden su salvación”

  • Teología    
  • 24 feb 2018   

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EE.UU.- El teólogo John Piper analizó en su programa de radio por internet esta semana una duda común entre algunos segmentos evangélicos. Respondiendo a la pregunta de un oyente, sobre el texto de Hebreos 10: 26-29, dijo que los “verdaderos creyentes en Jesucristo no pueden perder la salvación, aunque continúen pecando”.

Piper profundizó la cuestión compleja, admitiendo que este pasaje “a menudo da la impresión de que una persona puede poseer la plenitud de la salvación, pero después la pierde”.

Sin embargo, él aseguró que un análisis más profundo muestra que esa no era la intensión del autor.

“El parece estar hablando de la capacidad de alguien para perder la salvación cuando peca ‘deliberadamente’. Pero, ¿cuál es el opuesto de un pecado deliberado? ¿Es un pecado accidental o algo así? Me parece que, debido a la presencia de la convicción del Espíritu Santo, todo pecado cometido por el creyente se hace en el ejercicio de su voluntad”, argumentó.

Para el estudioso, la cuestión clave para la correcta interpretación está en lo que se entiende por “deliberadamente” – o ‘voluntariamente’ como en otras traducciones.

“El término deliberadamente es la traducción del griego ἑκουσίως. Esta palabra también se usa en 1 Pedro 5: 2, que dice: “Apacienta el rebaño de Dios, que está entre vosotros, teniendo cuidado de él, no por fuerza, sino voluntariamente [ἑκουσίως]”, explicó.

“Luego, nos muestra que hay dos tipos diferentes de voluntad. Una es una decisión sincera, y la otra un tipo de compulsión”, continuó Piper. “Se puede argumentar que los pastores ejercen de buena gana el pastoreo del rebaño de Dios. En el caso, eso les deja feliz. Es un acto que implica toda la disposición. En el otro caso, es un error que, evidentemente, va contra una simple voluntad o deseo, pues preferiríamos no hacer eso”, puntuó, en un contraste entre los dos usos del mismo término griego.

Por lo tanto, concluye Piper, todos los pecados son frutos de la voluntad, ya que los humanos son libres para elegir. Pero Hebreos 10:26 sugiere que no se trata de un pecado sólo como error, sino de un acto más intencional, que envuelve toda la voluntad. Esto revelaría que esa persona no es renacida en su espíritu.

Además, lo que hará la diferencia es ver que, en ese caso, se está “pecando continuamente”, es decir, una actitud pecaminosa “constante y persistente”.

Si este es el caso, apunta el teólogo, “Lo que destruye el alma, y ​​nos colocaría más allá del perdón en el versículo (Heb. 10:26), no es el pecado por sí solo, sino un patrón de conducta pecaminosa, deliberada, planificada y persistente.

Destacó también los pasajes de Hebreos 10:14 y Hebreos 3:14, donde el autor del libro habla sobre una especie de “proceso de santificación en Cristo“, que garantiza que después de haber nacido de nuevo, la persona no pierde la salvación, pero también no está exenta de equivocarse.

Por lo tanto, concluye Piper, “no creo que los creyentes genuinos en Cristo pierden su salvación”, pues los pecados pueden ser “confesados ​​y perdonados” y eso difiere de quien “vive pecando”. En ese caso, la persona jamás fue salvada.

[ Fuente: Christian Post ]