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NOTICIACRISTIANA.COM.- Hee-Yol, nombre cambiado por razones de seguridad, fue prisionera en Corea del Norte y tiene una historia impactante para contar. Logró escapar del régimen debido a la gran hambruna que afectó a la región en la década de 1990.

Ella se convirtió al cristianismo y aprendió la palabra de Dios estando en China. Tiempo después fue detenida y deportada de regreso a Corea del Norte donde estuvo en prisión por ser cristiana. Su fe se puso a prueba, pero encontró vida y luz para permanecer firme, informa Puertas Abiertas.

Asimismo, afirma que mientras estuvo en prisión siempre cantaba. Y ahora que está libre sigue cantando con más razón. Actualmente Hee vive en Corea del Sur, donde estudia y se gana la vida cosiendo.

Cualquiera que la vea hoy no se imagina que Hee fue víctima de trata de personas y una exprisionera norcoreana que sufrió todo tipo de abusos.

Tiempo en prisión

La cristiana dice en la prisión las paredes estaban oscuras y la celda fría. La única calefacción era una fina manta que la separaba del suelo de madera. La pequeña celda albergaba a 9 presos y no era cómoda.

Dado que Hee-Yol tenía acento de Corea del Sur, los guardias abusaban mucho de ella. “Si las cámaras nos captaban hablando con los presos a nuestro lado, el castigo se llamaba pompu, donde poníamos las manos detrás de la espalda y teníamos que agacharnos y levantarnos 1000 veces. Si el guardia estaba de buen humor, nos daría un descanso de 5 minutos”, aseguró Hee.

“La comida tenía hongos y la sopa estaba hecha con las capas duras de repollo, sazonado con un poco de sal. Todo el mundo lo llamaba ala de cuervo”, dijo.

Hee-Yol todavía tiene los dientes destruidos por comer arroz con piedras. Y recuerda que muchos prisioneros desarrollaron apendicitis y algunos incluso murieron de hambre.

“Estaba atravesando el túnel del infierno, viviendo todos los días en prisión. El baño estaba dentro de la celda, ese horrible olor no me permitía abrir los ojos, pero teníamos que quedarnos en la celda. Piojos, chinches, cucarachas e incluso ratas nos atormentaban por la noche”, detalló.

Vida al salir de la cárcel

Aunque fue sentenciada a 4 años de prisión, Dios respondió a sus oraciones y fue liberada 2 años antes. “No había visto a mi familia durante 6 años. Mis hijos tenían 5 y 5 años cuando me escapé. Ahora tenían 9 y 12 años y me veían como una extraña ”, reveló.

Fuera de prisión y de regreso a la vida en Corea del Norte, Hee-Yol tuvo que mantener su fe en secreto. “No podía expresar mi fe, tenía que rezar sola”, dijo.

Se quedó en casa durante 3 años, pero una vez que experimentas la libertad, ya no puedes vivir en Corea del Norte. Entonces Hee-Yol decidió huir nuevamente, esta vez a Corea del Sur, cruzando el río Tumen.

Actualmente trabaja como costurera y estudia psicología. Intercede por los cristianos que, como ella, enfrentan situaciones difíciles y abusos en países extremistas. Mirando hacia atrás, Hee-Yol concluye: “En el momento más difícil de mi vida, encontré a Dios”.C


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