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Jueves 23 de Noviembre de 2017

Pasión en Israel por la Biblia

La Biblia está de moda en Israel. Y no solo entre la población religiosa, que consagra buena parte de su vida a estudiar, diseccionar y debatir el texto fundacional del judaísmo y de la tradición judeocristiana.

  • Israel    
  • 21 abr 2008   

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Algunos de los principales escritores seculares del país, desde los más reconocidos internacionalmente, como David Grossman o Meir Shalev, hasta las plumas emergentes, como el polifacético Yair Lapid, han dedicado sus últimos libros a dar vida a algunos personajes bíblicos o a actualizar las lecciones contenidas en el libro de libros. Todo ello desde un prisma crítico y escorado a la izquierda.

En el caso del superventas de Meir Shalev, el interés viene de lejos.

En 1985 publicó Bible Now, una colección de ensayos sobre figuras y episodios bíblicos. Ahora prepara una segunda parte, “algo menos política y más literaria”, en la que aborda temas como el amor entre Jacob y Raquel, el casus belli en la Biblia o la influencia de las mujeres en la política del rey David.

Ejercicio cultural
En conversación con este diario, Shalev afirmó: “La Biblia es la más antigua de nuestras fábulas y yo me veo como el eslabón de una larga cadena de escritores que sigue escribiendo en la misma lengua 3.000 años después”.

Escritores laicos como Shalev, Grossman -que acaba de publicar Lion’s Honey, una revisión novelada del mito de Sansón- o Lapid -que disecciona en My Heroes a los patriarcas Abraham y Jacob, los profetas Moisés y Samuel o al monarca Saúl- parten con una ventaja respecto a sus compañeros de profesión criados en el mundo cerrado y dogmático de la Torá.

“Para la comunidad ortodoxa la Biblia contiene la palabra de Dios, su divina voluntad y por tanto está cerrada a toda discusión”, explica el profesor de estudios bíblicos de la Universidad Hebrea de Jerusalén, Menahem Haran.

En cambio, para Shalev es una fuente abierta a la interpretación y las licencias literarias. “Nosotros aportamos frescura con nuestra perspectiva crítica y podemos contribuir a renovar el interés de la gente joven por estudiar la Biblia”, asegura este intelectual ligado a la izquierda pacifista.

En Europa podría extrañar el interés de la izquierda, a la que pertenecen también Grossman y Lapid, por el arca de las esencias del judaísmo. Pero aquí la Biblia es indisociable a la identidad israelí. Para empezar, el lenguaje bíblico es la base del hebreo moderno, remozado con neologismos y extranjerismos para adaptar un idioma tan viejo como la historia a los usos actuales. Además los mitos y leyendas bíblicos han alimentado la narrativa nacionalista de los líderes sionistas desde los tiempos de Ben Gurion. “La Torá ha servido como testimonio de la existencia en la Antigüedad de una vida nacional judía en la tierra de Israel, como justificación para restablecerla en los tiempos modernos y como prueba de un glorioso pasado y un prometedor futuro”, escribe en uno de sus ensayos la historiadora Anita Shapira.

Un texto actual
En términos prácticos la Biblia se cuela en todos los aspectos de la vida de los israelís. En los colegios públicos, por ejemplo, se estudia desde la infancia hasta la universidad “como parte de nuestra historia y legado nacional”, asegura David Green, editor del suplemento de libros de Haaretz. Las televisiones le dedican programas de debate. Los periódicos la abordan desde columnas semanales firmadas por rabinos o expertos. Y el día de la independencia, jóvenes de todo el mundo compiten en un concurso celebrado en Jerusalén sobre sus conocimientos del libro de libros. Incluso los políticos se atacan a menudo comparando al rival con algún infame personaje de la Torá.

Todos estos factores explican el interés de los lectores por las novelas y ensayos bíblicos, aupados casi sin excepción a la categoría de superventas. Pero este fervor bíblico tiene también sus riesgos. “En lugar de adoptar las valores sociales de nuestros profetas, como el sentido de la justicia o la ayuda a los pobres, hemos explotado los aspectos más peligrosos de su política, como la belicosidad y el dogmatismo, por ejemplo, cuando decimos que esta tierra es solo nuestra porque Dios se la prometió a Abraham”, critica Meir Shalev. En su opinión, los jóvenes israelís deberían aprender la Biblia tal como un griego estudia la Odisea o un italiano se acerca a la obra de Ovidio o Virgilio. “Simplemente es nuestra más antigua tradición literaria”, concluye. [Tomado de El Periódico, Cataluña, España]

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