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Jueves 19 de Julio de 2018

Un hombre de 133 años oye hablar de Jesús por primera vez

Lerik, un pueblecito al sudoriente de Azerbaiyán cerca de la frontera con Irán, sorprende por la longevidad de sus habitantes.

  • Sociedad    
  • 4 feb 2008   

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A primera vista no se observa nada especial en Lerik, un pueblecito al sudoriente de Azerbaiyán, cerca de la frontera con Irán. Aunque es un extraordinariamente hermoso lugar, enclavado en una cima montañosa y rodeado de praderas agrícolas. Pero lo que distingue a Lerik y a sus alrededores de cualquier otra parte de Azerbaiyán o, en realidad, del mundo, es la sorprendente longevidad de sus habitantes.

Se dice que el hombre más viejo del mundo vivió cerca de aquí hasta que murió a principios de la década de los años ochenta, aparentemente a los ciento sesenta y ocho años, y hoy hay varias personas en la zona que sobrepasan los cien años de edad.

La mayoría de la gente que vive aquí son miembros del grupo étnico talish, que llega a unos ochocientos mil en Azerbaiyán. Como la mayoría de la población azerbaiyana, son musulmanes.

El más anciano
Cuando los miembros de un equipo de Kitab Shirketi visitó Lerik a principios de este año para entregar Escrituras, conocieron a la persona más anciana del poblado.

«Nos invitaron a una casa donde conocimos a un hombre de ciento treinta y tres años», recuerda Namik Kerimov, encargado del ministerio de alcance entre refugiados, inmigrantes y personas de minorías étnicas.

«¡Casi no podíamos creerlo! ¡Estaba rodeado de sus hijos, nietos, bisnietos y tataranietos! Gozaba de buena salud y nos dijo que nunca se había enfermado. ¡Su nieto también nos dijo que siempre les está pidiendo que lo ayuden a encontrar una novia nueva!

Jesús
«Le preguntamos si alguna vez había escuchado hablar de Jesús, y respondió que nunca antes había oído ese nombre. Le dimos algunos libros bíblicos y nos quedamos un rato hablándole acerca de la Biblia y de Jesús».

El equipo también visitó otras casas del pueblo. En una de ellas, sin embargo, los recibieron con hostilidad.

«Me habían dicho que la gente talis es acogedora y hospitalaria, y eso fue lo que encontramos en la mayoría de las casas», dice Namik. «Pero entonces llegamos a una casa donde una mujer ni siquiera nos abrió la puerta. No tenía nada de amistosa, pero algo me hizo insistir para que nos hablara. Tan pronto le expliqué que quería darle el Evangelio, comenzó a sonreír y se interesó por saber más. Le dimos las Escrituras y le dijimos que las leyera, porque en sus páginas iba a encontrar la felicidad».

A los niños
Lo mismo que entregarles el Evangelio a los residentes más ancianos de Lerik, el equipo también les dio Escrituras a los niños. La directora de una escuela acogió cálidamente al equipo, y le permitió ir de aula en aula para entregarles las Escrituras a los estudiantes.

También las distribuyeron afuera de la escuela a padres y otras personas.

LaBibliaWeb