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Sábado 21 de Octubre de 2017

Misionera camina 10 horas de noche para evangelizar indígenas en Colombia

Incluso en medio de un ambiente hostil para cristianos, Ernestina Montes no deja de llevar el Evangelio a los que viven en las montañas.

  • Evangelismo    
  • 1 sep 2017   

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COLOMBIA.- No es fácil ser un misionero en el norte de Colombia y a la vez poder evangelizar. La persecución religiosa ha aumentado de forma considerable en la región, principalmente en las montañas. El cristianismo es visto por los indígenas como una de las mayores amenazas a su cultura y religión. Según Javier, uno de los evangelistas que actúan en el área, “ser cristiano va contra todos los principios profundamente arraigados en la tradición indígena”.

Ha trabajado entre las comunidades indígenas de Colombia. Tal actitud es extremadamente peligrosa, pues las autoridades locales no hacen esfuerzos para mostrar que el cristianismo sea bienvenido. Ellos han prohíbo cualquier expresión cristiana en su territorio. Para tener una mejor noción, en apenas un año hubo diversos casos de violencia, prisión, tortura y confinamiento de cristianos.

Por eso, el trabajo de evangelizar en las montañas es muy difícil y peligroso. Sin embargo, una mujer cree que Dios la acompaña en una misión tan importante: llevar a Cristo a esas personas. Para no ser vista, Ernestina Montes llega a caminar 10 horas a pie en medio de la noche. Su coraje ya alcanzó a más de 200 indígenas, que se unen a ella en la fe y en la lista de los perseguidos por los líderes tribales.

Recientemente, la misionera fue amenazada de ser despojada de su casa y tierra justamente por evangelizar. Ernestina ya ha sido privada varias veces de su libertad, pero eso no le impide seguir adelante con la misión. Ella no está sola y cuenta con el apoyo de su marido e hijo, además del misionero Javier.

Apoyo ministerial

El Ministerio Puertas Abiertas ayuda a la misionera de forma financiera, en sus viajes. Sus dos hijos adolescentes viven en el refugio “La Casita”, un proyecto de Puertas Abiertas que alberga a hijos de cristianos indígenas perseguidos. Es un verdadero alivio para Ernestina saber que sus hijos están siendo cuidados y formados en el amor de Cristo, pues la persecución no distingue a los niños.

Aún así los pequeños acaban creciendo en un ambiente tenso, sabiendo que pueden sufrir represalias por su fe. Incluso ante un escenario tan hostil, gracias a los esfuerzos por evangelizar, los hermanos como Ernestina, fuertes comunidades indígenas cristianas están siendo formadas y produciendo cristianos que están dispuestos a dar la vida por la fe en Cristo. Los nombres Ernestina y Javier fueron alterados por motivos de seguridad.

[ Fuente: Puertas Abiertas ]