Joven cristiana denuncia secuestro y violencia por parte de un oficial de la policía pakistaní

La joven se ha dirigido a la Comisión ‘Justicia y Paz’ de Faisalabad, que ha denunciado de nuevo a la policía el caso de abuso y secuestro. Sehar ahora vive en un lugar secreto, protegida por algunas religiosas, mientras que el Mayor Arif, a pesar de las acusaciones, sigue en libertad.

  • Persecuciones    
  • 29 abr 2011   

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Pakistán Faisalabad.– Indignación y desconcierto, pero también miedo y preocupación en la comunidad cristiana y en la sociedad civil, después del último caso de violencia y abuso a una joven cristiana: Sehar Naz, de 24 años de Faisalabad, en el Punjab, secuestrada durante cuatro días y reiteradamente violentada por un oficial de policía, el mayor Arif Atif Rana que, según lo declarado por él mismo, trabaja para los servicios secretos paquistaní (Inter Services Intelligence, ISI).

El incidente se produjo entre el 14 y el 18 de abril, pero sólo ahora ha adquirido una importancia nacional y ha sido comunicado a la Agencia Fides, a otras organizaciones de la sociedad civil, tanto cristianas como no cristianas, que protestan por “la impunidad garantizada al mayor”.

Un informe de la Comisión refiere los hechos a la Agencia Fides: el 14 de abril, Shear, empleada en una compañía de seguros, la “State Life Insurance”, se dirigía con su manager y otros colegas a una reunión, cuando el mayor Arif Atif Rana, detuvo el coche en que viajaban los pasajeros pidiendo los documentos de identificación.

El Mayor luego detuvo a Sehar, afirmando tener que hacer más controles sobre la joven, llevándosela.

Los colegas de Sehar, se opusieron y de inmediato informaron a la policía por “la detención injusta”. La policía, verificando que el Mayor Rana trabaja para el ISI, como es habitual, han dejado caer en el vacío la denuncia.

El Mayor, llevó a Sehar, a su casa (en la ciudad de Samanabad) y luego a Lahore, reteniéndola contra su voluntad, abusando de ella y violentándola en repetidas ocasiones durante cuatro largos días. Después la envió de nuevo a Faisalabad en tren, intimidándola a no denunciarlo o de lo contrario tomaría represalias contra su familia, diciendo que “es muy fácil atacar a los cristianos, directa o indirectamente, con acusaciones falsas”.

Sin embargo, la joven se ha dirigido a la Comisión ‘Justicia y Paz’ de Faisalabad, que ha denunciado de nuevo a la policía el caso de abuso y secuestro. Sehar ahora vive en un lugar secreto, protegida por algunas religiosas, mientras que el Mayor Arif, a pesar de las acusaciones, sigue en libertad. Muchas asociaciones se han manifestado exigiendo el fin de la impunidad de los graves delitos cometidos.

El caso de la joven recuerda otros casos clamorosos de violencia contra jóvenes cristianas que, como dicen los activistas, “son consideradas mercancía” o son tratadas como “botín de guerra” por ricos y poderosos musulmanes que piensan que pueden disponer y abusar de ellas libremente.

Hoy el caso de Sehar se cruza con otro caso similar, que ha adquirido un carácter simbólico a nivel internacional y que está sacudiendo la opinión pública en Pakistán: el caso de Mukhtaran Mai, una joven musulmana tribal que en el año 2002 sufrió una violación de grupo.

El caso en contra de sus agresores ha llegado a la Corte Suprema de Justicia, que en los últimos días, ha confirmado la sentencia de cadena perpetua para uno de los atacantes y ha absuelvo a todos las demás, causando confusión y protesta en muchas organizaciones que trabajan para proteger los derechos de las mujeres en Pakistán. En una visión general de los abusos y violaciones, las niñas cristianas e hindúes son las mayores víctimas, ya que son más débiles y vulnerables.