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¿Qué significa “atar y desatar” según la Biblia?

No es raro oír en algunas iglesias frases como “desato prosperidad para ti”, o “ato todo espíritu de mal en este lugar”. Incluso hay quienes “atan al diablo” para que no les haga daño.

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Tal vez Mateo 16:19 es uno de los versos bíblicos más abusados hoy: “Yo te daré las llaves del reino de los cielos; y lo que ates en la tierra, será atado en los cielos; y lo que desates en la tierra, será desatado en los cielos”.

Muchas personas creen que, con estas palabras de Jesús a Pedro como base, y por extensión a los apóstoles y a todos los demás creyentes, podemos “desatar” bendiciones para nuestras vidas y “atar” toda maldición o espíritu malo que venga contra nosotros.

No es raro oír en algunas iglesias frases como “desato prosperidad para ti”, o “ato todo espíritu de mal en este lugar”. Incluso hay quienes “atan al diablo” para que no les haga daño.

¿Es esa la aplicación correcta del pasaje? ¿A qué se refiere la Biblia por atar y desatar?

UNA AUTORIDAD DADA POR JESÚS

Para entender este versículo, primero notemos esto: Jesús dice estas palabras luego de que Pedro, representando a los doce apóstoles, confesara por revelación de Dios que Jesús es el Cristo (v. 15-17).

Como afirma el pastor y exégeta John MacArthur, en sintonía con otros estudiosos, las llaves del reino de los cielos “representan autoridad, y aquí Cristo da a Pedro (y por extensión a todos los otros creyentes) la autoridad para declarar lo que era atado o desatado en el cielo”.

El erudito William Hendricksen está de acuerdo. Él escribe que “el que ‘tiene las llaves’ (ver Ap. 1:18; 3:7) del reino de los cielos determina quién debe ser admitido y a quién se debe negar la admisión”.] Por otro lado, como bien comenta Jonathan Leeman,

“Algunos estudiosos bíblicos hablan acerca de atar y desatar como una actividad judicial o rabínica. Por ejemplo, el rabino decidía cuándo aplicar la ley a una persona en particular y bajo qué circunstancias. Básicamente, Jesús otorgó a los apóstoles esta clase de autoridad: la autoridad de colocarse frente a un confesante, considerar su confesión, considerar su vida y emitir un juicio oficial en nombre del cielo”.

De manera que en Mateo 16:19 hay algo sorprendente: Jesús habla en representación del cielo, le dice a Pedro que su confesión vino del Padre que está en los cielos, y les da autorización a los apóstoles para también representar a Dios en la tierra, atando y desatando aquí lo atado y desatado en el cielo.

En otras palabras, los apóstoles tendrían autoridad para juzgar en la tierra quién debía ser reconocido dentro del Reino de Dios y quién no. De hecho, esta autoridad se menciona otra vez en Juan 20:23, cuando Jesús les dice a los apóstoles: “A quienes perdonen los pecados, éstos les son perdonados; a quienes retengan los pecados, éstos les son retenidos”.

Si somos protestantes, esto puede sonar problemático a primera vista. Nosotros creemos que solo Dios puede perdonar nuestro pecado. No es de extrañar que la Iglesia católica romana use pasajes como estos para justificar algunas de sus enseñanzas sobre la autoridad de ella y el papado. Entonces, ¿cómo entender esto correctamente?

COMPRENDIENDO MEJOR EL PASAJE

La autoridad que Jesús dio a sus apóstoles en Mateo 16 debe entenderse según Mateo 18. En este pasaje vemos cómo se aplica esta autoridad. Allí, Cristo da instrucciones no solo a los doce, sino también a las iglesias locales sobre cómo lidiar con el pecado en la iglesia:

“Si tu hermano peca, ve y repréndelo a solas; si te escucha, has ganado a tu hermano. Pero si no te escucha, lleva contigo a uno o a dos más, para que toda palabra sea confirmada por boca de dos o tres testigos. Y si rehúsa escucharlos, dilo a la iglesia; y si también rehúsa escuchar a la iglesia, sea para ti como el Gentil (el pagano) y el recaudador de impuestos. En verdad les digo, que todo lo que ustedes aten en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desaten en la tierra, será desatado en el cielo”, Mateo 18:15-18 (énfasis añadido).

Esto nos enseña que la iglesia local tiene autoridad para declarar si alguien debe ser considerado como creyente o no (y por tanto miembro de ella o no), dependiendo de lo que diga la Biblia sobre el estado de esa persona, y dependiendo de si la profesión de fe de la persona es creíble. Por ejemplo, alguien que no se arrepiente de su pecado cuando se le aplica el proceso descrito en Mateo 18 deja de tener una profesión de fe creíble según la Palabra.

Como dice MacArthur:

“La suma de todo esto significa que cualquier cuerpo de creyentes debidamente constituido, actuando de acuerdo con la Palabra de Dios, tiene la autoridad para declarar si alguien es perdonado o no perdonado. La autoridad de la iglesia no es determinar estas cosas, sino declarar el juicio del cielo basado en los principios de la Palabra. Cuando hacen tales juicios sobre la base de la Palabra de Dios, pueden estar seguros de que el cielo está de acuerdo. En otras palabras, todo lo que ‘atan’ o ‘sueltan’ en la tierra ya está ‘atado’ o ‘desatado’ en el cielo. Cuando la iglesia dice que la persona que no se arrepiente está atada al pecado, la iglesia dice lo que Dios dice acerca de esa persona. Cuando la iglesia reconoce que una persona arrepentida ha sido liberada de ese pecado, Dios está de acuerdo”.

Una interpretación errada de algún pasaje bíblico puede conducirnos a confusiones, y dejarnos sin entender y obedecer lo que Dios nos dice.

El siguiente ejemplo puede ayudarnos a entender mejor este asunto.

Supongamos que eres colombiano y extravías tu pasaporte mientras estás en otro país. Vas a una embajada de tu nación, explicas tu caso, y ellos hacen su trabajo y concluyen que eres colombiano. Entonces la embajada te da un nuevo pasaporte. La embajada, entonces, no te hace colombiano. ¡Ya eras colombiano! Simplemente te reconoce como uno y testifica eso ante el mundo.

De igual manera, la iglesia local no te hace cristiano ni puede convertirte en uno. Pero tiene autoridad para reconocerte o no como tal. Ella puede decidir si tratarte o no como ciudadano del Reino de Dios según la Biblia. Se trata de una autoridad que ningún cristiano tiene por sí solo, y que está relacionada al tema de la membresía y disciplina de la iglesia.

Por supuesto, la iglesia no es perfecta, y a veces erramos en el ejercicio esta autoridad. En ocasiones, por ejemplo, podemos no reconocer como creyente a alguien que sí debería ser reconocido como tal. Por eso necesitamos buscar ser bíblicos en todo, de manera que los juicios que emitamos estén conformes a lo que Dios declara en el cielo.

HERMANOS, USEMOS BIEN LA PALABRA

Como puedes ver, hay un abismo enorme entre la interpretación más común que se enseña en muchas iglesias sobre lo que significa atar y desatar, y lo que la Biblia en verdad enseña.

Mateo 16:19 es un texto que nos ayuda a tener un entendimiento de la iglesia más bíblico. Nos habla de la autoridad que tenemos como creyentes para recibir en el nombre de Jesús a otros creyentes en el evangelio, y para dejar de reconocer como creyentes a quienes se aparten de la verdad y no se arrepientan conforme a la Biblia.

Sin embargo, una interpretación errada de este y cualquier otro pasaje bíblico puede conducirnos a muchas confusiones, y dejarnos sin entender y obedecer lo que Dios nos dice. Esto nos recuerda la importancia de 2 Timoteo 2:15: “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que maneja con precisión la palabra de verdad”.

Josué Barrios sirve como coordinador editorial en Coalición por el Evangelio. Posee una licenciatura en periodismo. Vive con su esposa Arianny en Santa Marta, Colombia, y es parte de Iglesia Bíblica Soberana Gracia sirviendo en el discipulado, la enseñanza, y la predicación. Puedes leerlo en josuebarrios.com.

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5 mejores consejos de C.S. Lewis sobre la vida cristiana

Para ser verdaderamente humildes, los cristianos deben pensar menos en sí mismos.

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En pocas palabras, la vida cristiana es el modo de vida de Dios. Podríamos hacer una lista interminable de lo que un cristiano hace y no hace.

Es probable que incluya cosas como: leer la Biblia a diario, orar a diario, amarnos unos a otros o asistir a la iglesia. Y, si bien todas esas cosas son aspectos muy importantes de vivir la vida a la manera de Dios, a menudo ayuda observar algunas formas específicas en que podemos vivir una vida cristiana en relación directa con los obstáculos que enfrentamos hoy.

C.S. Lewis, un conocido apologista y pensador cristiano, escribió mucho antes de nuestro tiempo, pero escribió verdades altamente aplicables y prácticas sobre la vida cristiana que aún hoy en día parecen ser ciertas. Mientras que Lewis proporciona una gran cantidad de sabiduría, aquí hay cinco consejos relevantes en la era de hoy tomados de su libro: “Mero cristianismo”.

1. Posea verdadera humildad

“La verdadera humildad no es pensar menos de ti mismo, es pensar menos en ti mismo”–CS Lewis, Mero cristianismo

Tenemos un mensaje del Evangelio y una misión del Evangelio, y estamos caminando por la cuerda floja entre la promoción de un mensaje que apunta a Jesús y la promoción de nosotros mismos. Si bien no siempre somos malos, vivimos en una época en la que prevalecen los libros de auto promoción, selfies y autoayuda. Luchamos con pensar demasiado bien de nosotros mismos o no pensar lo suficiente, y ambos nos consumen con el “yo”.

Las palabras de Lewis son hermosamente simples y poderosas. Para ser verdaderamente humildes, los cristianos deben pensar menos en sí mismos.

2. Elige la verdad sobre la originalidad

“Incluso en la literatura y el arte, ningún hombre que se moleste por la originalidad será nunca original: mientras que si simplemente tratas de decir la verdad (sin preocuparte por la frecuencia con que se ha dicho antes), nueve veces de cada diez, serás original. Sin haberlo notado nunca. ”- CS Lewis, Mero cristianismo

Se nos dice que simplemente “sea usted” con casi todas las personas con las que nos encontramos. Y, si bien es importante permanecer fiel a uno mismo, podemos llegar a ser consumidos por ser únicos, originales o diferentes.

Me encanta el consejo de Lewis: cuando simplemente decimos la verdad de acuerdo con las Escrituras, nos volvemos originales sin darnos cuenta. Un cristiano en el mundo de hoy elige la verdad sobre la originalidad.

3. Persigue a Dios sobre la felicidad

“Y de ese intento desesperado ha surgido casi todo lo que llamamos historia humana: dinero, pobreza, ambición, guerra, prostitución, clases, imperios, esclavitud, la larga y terrible historia de un hombre que intenta encontrar algo distinto de Dios que lo hará feliz”, – CS Lewis, Mero cristianismo

Ya sea que esté conectado en línea o manejando en el automóvil, me enfrento a personas, lugares y cosas que prometen felicidad. Quiero ser feliz, todos lo hacemos, así que a menudo me encuentro persiguiendo la próxima cosa que creo que hará que eso suceda. Si puedo {completar el espacio en blanco}, encontraré la verdadera felicidad.

El cristiano que vive en la era de hoy persigue a Dios por la búsqueda de la felicidad. Atrapar destellos de Dios se vuelve más importante que captar sentimientos de felicidad. La ironía es que cuando buscamos a Dios experimentamos una alegría verdadera y duradera.

4. Entiende que el progreso a menudo significa retroceder

“El progreso significa acercarse al lugar donde quiere estar. Y si has tomado un giro equivocado, avanzar no te acerca más. Si está en el camino equivocado, el progreso significa hacer un giro y caminar de regreso al camino correcto; y en ese caso, el hombre que más pronto regresa es el hombre más progresista “. –CS Lewis, Mere Christianity

Darle la vuelta o dar la vuelta es esencialmente la definición de arrepentimiento, lo que significa alejarse del pecado y volverse a Dios.

En el mundo de hoy, aplaudimos el progreso. Queremos escalar más alto, más rápido, más largo. Seguimos adelante, a menudo sabiendo que vamos en la dirección equivocada. Sabemos que, si hacemos un giro equivocado, el GPS nos redireccionará.

El cristiano que vive en el mundo de hoy sabe que el hombre que se da cuenta de que está en el camino equivocado y se vuelve antes, es el más progresista.

5. Escucha al Espíritu Santo

“Llega el momento en que te levantas cada mañana. Todos tus deseos y esperanzas para el día corren hacia ti como animales salvajes. Y el primer trabajo cada mañana consiste simplemente en devolverlos a todos; al escuchar esa otra voz, tomar ese otro punto de vista, deja que fluya otra vida más grande, más fuerte y más tranquila…”, –CS Lewis, Mero cristianismo

Estamos ocupados, abrumados, estresados ​​y ansiosos. Escuchamos nuestras listas de tareas, nuestros amigos bien intencionados y nosotros mismos.

El cristiano que vive en el mundo de hoy, el que verdaderamente quiere vivir para Cristo, hace una pausa para escuchar al Espíritu Santo cada momento de cada día.

Como siempre, cuando hablamos de vivir una vida que refleja la plenitud de Cristo, es importante recordar que solo por la gracia de Dios y el poder del Espíritu Santo podemos vivir una vida agradable a Dios.


Publicado en: NOTICIACRISTIANA.COM – A Holly Mthethwa le apasiona compartir la palabra de Dios en la vida cotidiana. Ha sido asesora misionera en Perú e India, dirigió estudios bíblicos en los Estados Unidos y Sudáfrica. – Entérate diariamente de todas las noticias cristianas evangélicas.


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Adorar con la mente, la adoración olvidada (parte II)

Adorar con la mente es utilizar las facultades mentales para la gloria de Dios.

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Como dije en la entrada anterior (Adorar con la mente, la adoración olvidada), adorar con la mente es utilizar las facultades mentales para la gloria de Dios. Estoy hablando de utilizar la imaginación, la concentración, la percepción, el razonamiento, la intuición, la memoria, etc. que Dios nos ha dado y hacer uso adecuado de ellas. Además, comenzamos a ver una de las formas con que podemos adorar con la mente: memorizando las Escrituras. Continuemos, entonces, con otra forma más con que podemos adorar a Dios con la mente.

2. Adoramos a Dios con la mente cuando estudiamos una profesión u oficio.

En mi familia somos 5 hijos y mis papás nos inculcaron desde pequeños que debíamos profesionalizarnos. Claro, nos dieron libertad para estudiar lo que quisiéramos, pero fuera lo que fuera que eligiéramos estudiar, nos atornillaron en la cabeza que debíamos profesionalizarnos. A tal grado fue su adoctrinamiento que una vez nos dijeron: “Nosotros no les daremos permiso de que tengan novia, ¡hasta que obtenga su profesión! ¿Ok?” Imagínate, 5 hijos varones, ¡todos queríamos tener novia! Por lo tanto, ¡todos quisimos profesionalizarnos!

Estudiar una carrera universitaria, una maestría o un doctorado, o según tus capacidades, especializarte en un oficio y capacitarte para ser un mejor trabajador, es adorar con la mente. ¿Por qué? Porque a través del estudio del pensum académico o de las destrezas que se requieren aprender para desarrollar una ocupación, expandes tu conocimiento, tu memoria y tu capacidad mental. Estudiar una profesión es adorar porque para ser el mejor en tu vocación o adquirir un título, tendrás que hacer uso de tu voluntad, es decir, de determinación mental para alcanzar tu objetivo de especializarte.

Otra forma de definir “fuerza de voluntad” es a través de la palabra “carácter”. Y mi definición favorita de carácter es: “permanecer en las decisiones tomadas a través del tiempo a pesar de que la emoción ya no esté”. No sé de quién es la definición, pero una vez la vi en un mural y me impresionó. Así que analicemos cada una de las partes de la definición y apliquémoslas a los estudios vocacionales y universitarios.

“Permanecer en las decisiones tomadas…”

Cuando escoges una profesión u oficio, tú tomas una decisión. Tú ves tus habilidades, examinas lo que te apasiona, analizas las opciones de estudio, visualizas tus sueños y entonces, después de reflexión y asesoría, escoges a qué te quieres dedicar el resto de tu vida. Para saber tomar decisiones, ¡buenas decisiones!, se requiere utilizar adecuadamente las habilidades mentales.

Insisto, adoramos a Dios al adquirir una profesión u oficio. ¿Por qué? Porque para culminar este tipo de proyectos se requiere carácter y para tener carácter se requiere una voluntad férrea, disciplinada y esforzada. Tú determinación de comenzar algo y completarlo es lo que te convertirá en un estudiante que destilará excelencia durante todo el tiempo de estudios. Y bueno, hablando de excelencia, ¿aún no estas convencido de que adquirir una profesión u oficio no tiene nada que ver con la adoración? ¿Acaso no recuerdas el caso de Daniel, Sadrac, Mesac y Abeg-nego? Mira lo que dice la Escritura:

“Entonces el rey mandó a Aspenaz, jefe de sus oficiales, que trajera de los hijos de Israel a algunos de la familia real y de los nobles, jóvenes en quienes no hubiera defecto alguno, de buen parecer, inteligentes en toda rama del saber, dotados de entendimiento y habilidad para discernir y que tuvieran la capacidad para servir en el palacio del rey; y le mandó que les enseñara la escritura y la lengua de los caldeos… Entre éstos estaban Daniel, Ananías, Misael y Azarías, de los hijos de Judá. Y el jefe de los oficiales les puso nuevos nombres: a Daniel le puso Beltsasar; a Ananías, Sadrac; a Misael, Mesac; y a Azarías, Abed-nego… A estos cuatro jóvenes Dios les dio conocimiento e inteligencia en toda clase de literatura y sabiduría… Al cabo de los días que el rey había fijado para que fueran presentados, el jefe de los oficiales los trajo ante Nabucodonosor. El rey habló con ellos, y de entre todos ellos no se halló ninguno como Daniel, Ananías, Misael y Azarías; entraron, pues, al servicio del rey. Y en todo asunto de sabiduría y conocimiento que el rey les consultó, los encontró diez veces superiores a todos los magos y encantadores que había en todo su reino”, Daniel 1:3-4, 6-7, 17, 18-20.

Como sé que conoces la historia, no me detendré mucho en ella; pero este pasaje nos muestra a estos jóvenes hebreos demostrando que quienes forman parte del pueblo de Dios pueden ser grandiosos estudiantes. Y si aún no crees que estudiar, capacitarse o profesionalizarse tiene que ver con la adoración, te dejo de tarea que vayas a estudiar Daniel capítulo tres para que veas la prueba a la que ellos fueron sometidos y con la que se midió el calibre de adoradores que eran.

En Daniel tres, Nabucodonosor amenazó a tres de ellos con lanzarlos al horno de fuego si no se postraban a adorar la estatua que había erigido. ¿Qué hicieron Sadrac, Mesac y Abeg-nego? Estuvieron dispuestos a morir por causa de su lealtad al Señor. Ellos no estaban dispuestos a inclinarse ni un milímetro ante la estatua, a no brindar ni una gota de adoración ni a proporcionar un gramo de pleitesía a alguien distinto al Dios de Israel. Tú sabes qué pasó al final: su ejemplo de determinación trascendió el imperio y hasta Nabucodonosor rindió reverencia al Dios Todopoderoso.

Ahora, ¿tú crees que ellos se convirtieron en adoradores de Dios de la noche a la mañana? ¿Tú crees que determinaron en sus corazones no adorar a nadie más ese día que Nabucodonosor los amenazó con calcinarlos? No, ellos ya practicaban la adoración a Dios desde su juventud. Por eso, al nomás iniciar el libro de Daniel, los encuentras siguiendo sus convicciones dietéticas para no contaminarse con la comida del rey (Daniel 1:8-13). Ellos eran tan rigurosos en su determinación de adorar solo a Dios, que no quisieron contaminarse con comida idolátrica que reñía con sus valores religiosos. Es decir, tú ves a estos jóvenes comprometido con la adoración a Dios desde Daniel capítulo 1, y luego lo siguieron demostrando en Daniel capítulo 3. Por lo tanto, la excelencia en los estudios “diez veces mejor” con que ellos sobresalieron de entre todos los cautivos y que modelaron en Daniel 1:18-20, simplemente fue reflejo de su compromiso como adoradores de Dios.

Ser un adorador es sinónimo de excelencia en los estudios, de calidad académica y de procurar un alto estándar intelectual. Así que la adoración no está separada de la preparación vocacional o universitaria y, por lo tanto, debes estudiar, profesionalizarte, especializarte, etc., que haciendo estas cosas estarás adorando a Dios con la mente que el Señor te dio para que la llenaras de conocimiento, habilidades y destrezas.

Publicado en: NOTICIACRISTIANA.COM – Por Noel Navas Autor del libro: El cristiano ante la música secular – Entérate diariamente de todas las noticias cristianas evangélicas.

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3 maneras de saber si una “puerta abierta” es de Dios

Muchos cristianos ven las oportunidades de ganar más dinero como una puerta abierta de Dios.

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El hecho de que se presente una oportunidad, y se vea atractiva, no significa necesariamente que provenga de Dios. Y de la misma manera, solo porque una puerta abierta parezca un poco incierta, no significa que no debas atravesarla.

La clave es saber cómo discernir si una oportunidad es realmente una puerta abierta de Dios. No quiero perder esas puertas abiertas porque tenía miedo de caminar a través de ellas. Pero tampoco quiero aprovechar cada oportunidad que se presente, suponiendo que sea la mano de Dios y tenga sus bendiciones adjuntas.

En una conversación reciente con un amigo, hablamos sobre la fe y el coraje para caminar por una puerta que Dios nos tiene abiertas, incluso si no estamos seguros de lo que hay al otro lado. Pero entonces surgió la pregunta: ¿Cómo puedes saber si Dios es el que abre la puerta?

La Biblia nos da algunos principios para ayudarnos a discernir si una “puerta abierta” es una oportunidad es realmente de Dios:

1. La puerta que Dios abre nunca contradecirá su palabra

Muchos cristianos ven las oportunidades de ganar más dinero como una puerta abierta de Dios, aunque la oportunidad significa un trabajo que les impida la comunión o el servicio regular en su iglesia. Sin embargo, la Palabra de Dios nos dice que no debemos descuidar reunirnos para adorar a Dios (Hebreos 10:25).

Algunas mujeres me han dicho que creen que Dios les abrió la puerta a una relación de noviazgo, aunque eso significaba estar en una situación en las van a estar “unidas de manera desigual” con un no creyente, y en contra de lo que las Escrituras también advierten (2 Corintios 6:14).

Dios no lo guiará hacia una oportunidad que contradice lo que claramente dice en su Palabra. Tampoco abrirá una puerta que requiera un compromiso personal o desobediencia para que usted ingrese. Como seres humanos propensos al pecado, tenemos una excelente manera de cambiar completamente el mandato de Dios y justificarlo según nuestras circunstancias, pero no es así como funciona Dios.

Si hay un compromiso de alguna manera, o tenemos que forzar las Escrituras para justificar nuestra “puerta abierta”, es probable que no sea una puerta que Dios esté abriendo para nosotros. Llamaría a cualquier cosa que contradiga su Palabra una tentación, en lugar de una puerta abierta de Dios. Y la Palabra de Dios dice claramente que Dios no nos tienta (Santiago 1: 13-14).

2. La puerta que Dios abre estará acompañada por la confirmación

En Mateo 18: 15-16, Jesús dio instrucciones para confrontar el pecado entre los creyentes diciendo: “Pero si no escuchan, lleve uno o dos más, para que” todo asunto pueda ser establecido por el testimonio de dos o tres testigos”. “Creo que lo mismo se aplica cuando se trata de que Dios confirme algo en su Palabra. A menudo confirmará o establecerá un asunto por medio de “dos o tres testigos”, ya sean versos de la Palabra de Dios, consejos de un pastor o una persona muy respetada que se basa en las Escrituras, o una circunstancia no comprometida que sigue presentándose a sí mismo. A través de la oración, el discernimiento y la búsqueda de consejos piadosos, deberías poder saber si esa “puerta abierta” y sus confirmaciones, realmente vienen de Dios.

3. La puerta que Dios abre requerirá que usted dependa de él

Dios no nos dará algo que nos alejará de él o nos hará creer que ya no lo necesitamos. Él es un Dios de relación y un Dios que insiste en ser el primero en nuestras vidas (Mateo 6:33). Por lo tanto, si te encuentras diciendo que “no puedo hacer esto a menos que Dios vaya delante de mí” o “que puedo hacer esto, pero solo con la ayuda y la guía de Dios”, diría que, en mi experiencia personal, es probable que algo sea Dios.

Somos llamados a hacer lo que Hebreos 11: 6 dice: “Y sin fe es imposible agradar a él, porque el que se acerca a Dios debe creer que le hay…”. Muchas veces una “puerta abierta” de Dios es una que permite que nuestra fe se estire y se fortalezca. Después de todo, ese es el objetivo de Dios para nosotros: crecer en la fe y en Cristo.

Aproveche su oportunidad o “abra la puerta” a Dios y pídale su confirmación, a través de su Palabra y el consejo piadoso de los demás, y su paz en la decisión, y puede tener la seguridad de que no está eligiendo una puerta al azar, sino que estás caminando con cuidado a través de los que él quiere que ingreses.

Cindi McMenamin es profesora de Biblia, oradora nacional y autora de 15 libros, entre ellos: Cuando las mujeres caminan solas, Los susurros de Dios hacia el corazón de una mujer y su más reciente, 10 Secretos para convertirse en una madre sin preocupaciones.


Publicado en: NOTICIACRISTIANA.COM –Cindi McMenamin es profesora de Biblia, oradora nacional y autora de 15 libros, entre ellos: Los susurros de Dios hacia el corazón de una mujer y su más reciente, 10 Secretos para convertirse en una madre sin preocupaciones. – Entérate diariamente de todas las noticias cristianas evangélicas.


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