nav
Sábado 23 de Septiembre de 2017

Iglesia Evangélica Coreana esta en más de 700 puertos en todo el mundo

Entre junio y julio, cientos de obreros de la pesca asiáticos llegan a Montevideo. Iglesia coreana se ha instalado para esperar a los que prefieren congregarse en una iglesia.

  • Iglesia    
  • 15 jul 2008   

¿Qué sientes con esta noticia?

Entre junio y julio, cientos de obreros de la pesca asiáticos llegan a Montevideo, y aunque cumplen con la tradición de recorrer los bares y protagonizar alguna que otra trifulca, muchos prefieren pasar el rato en una iglesia coreana que se instaló en Uruguay sólo para recibirlos.

Es sábado al mediodía. En un galpón de Ciudad Vieja hay 80 asiáticos almorzando. Son pescadores. A su alrededor, dos mujeres y tres hombres sirven carne asada, ensaladas, arroz blanco y algún ensopado.

Van y vienen de la cocina con rapidez, se les acercan, les sonríen y les preguntan algo que parece ser un “¿está todo bien?” En las paredes cuelgan globos e imágenes de Jesús. Una joven coreana saca fotos, se la ve contenta. Es como una fiesta. En la Iglesia de los Hermanos reciben a todos los pescadores asiáticos que llegan a Montevideo después de seis meses de trabajo en el mar.

Hace 37 años Simon Lee, un pescador coreano que por entonces tenía 20 años, conoció a una pareja de misioneros, también coreanos, enviados por una organización de su país a trabajar en los distintos puertos del mundo. Nunca más los volvió a ver, pero desde ese momento comenzó a fijarse a la vida que llevaban muchos de sus compañeros.

En otros viajes se fue vinculando a la organización y en 2002 llegó al puerto de Montevideo para radicarse definitivamente. Acá se unió al trabajo de una iglesia evangélica con sede en Melilla, y en 2004 inauguró una nueva iglesia, la Iglesia de los Hermanos. Hoy trabajan 11 personas: ocho misioneros, dos diáconos y un pastor evangélico.

A una cuadra del puerto, por la calle Bartolomé Mitre, la Iglesia de los Hermanos recibe a los pescadores asiáticos que llegan a Montevideo a descargar la mercancía y que residen en el puerto unos días antes de volver a sus hogares o seguir trabajando con otra tripulación. En junio llegan alrededor de 80 barcos de bandera asiática con 30 tripulantes en cada uno. Son chinos, coreanos, indonesios, filipinos y vietnamitas.

La Iglesia de los Hermanos integra un movimiento internacional que tiene oficina central en Corea y que congrega tanto a misioneros como pastores evangélicos en pro de una mejor calidad de vida de estos tripulantes asiáticos.

La mayoría de los tripulantes son chinos y coreanos, pero también hay indonesios, filipinos y vietnamitas. Para cada nacionalidad la iglesia tiene una forma de comunicarse. Con los coreanos es muy sencillo porque tanto Simon, como Caleb, son coreanos. También se entienden con los chinos, porque por más que hablen distintos idiomas, la frontera compartida permite que muchos coreanos dominen chino y viceversa. Para los indonesios llegó Alex hace nueve meses; con los filipinos, el idioma es el inglés.

El problema son los vietnamitas. Mientras Simon, Alex, Caleb y David -el único pastor- intentan comunicarse con Qué Pasa en una mezcla de inglés y español muy pobre, dos pescadores vietnamitas escuchan como si entendieran, pero no. Con ellos nadie puede hacerse entender. Igual, están ahí. Consultados sobre cómo se sienten en la Iglesia, luego de que Caleb intentara hacerse entender como traductor, uno de ellos, sonriendo, responde bajito: “Good”.

Cientos de pescadores asiáticos prefieren quedarse en el puerto la mayoría del tiempo. León, uno de los traductores de Christophersen, hace de interlocutor con dos pescadores chinos de 23 y 27 años. Su visión contrasta con la idea de que los pescadores asiáticos “invaden” las calles de Montevideo los días que residen acá: “La vida de ellos acá es trabajar de mañana y de tarde, luego cenar en el barco, y quizá diez, diez y media salir por acá, pero normalmente no”. Los pescadores no suelen hablar inglés ni español, y tampoco buscan comunicarse con los uruguayos. “Sí, muchos de ellos se quedan en el barco. Conocer no les interesa, salen poco, y la comida del barco es buena. Esperan que sea el momento para irse a sus casas o seguir trabajando en el mar”, explica Simon Lee.