nav
Domingo 24 de Septiembre de 2017

Líderes evangélicos transmiten preocupaciones de las iglesias de Beirut y Jerusalén

La delegación estaba conformada por el CMI, la Conferencia de Iglesias Europeas (CIE), la Federación Luterana Mundial (FLM) y la Alianza Reformada Mundial (ARM).

  • Sociedad    
  • 18 ago 2006   

¿Qué sientes con esta noticia?

La delegación, a la que el CMI, la Conferencia de Iglesias Europeas (CIE), la Federación Luterana Mundial (FLM) y la Alianza Reformada Mundial (ARM) habían confiado la misión de expresar la solidaridad ecuménica mundial con las iglesias y las personas afectadas por el conflicto en Oriente Medio, regresó transmitiendo las esperanzas y expectativas de las iglesias de Líbano, Palestina e Israel a la familia ecuménica internacional.

Al dar cuenta de su visita del 10 al 15 de agosto a Beirut y Jerusalén, los tres miembros de la delegación -el Presidente de la CIE Rev.

Jean-Arnold de Clermont, el Arzobispo católico romano de Tours (Francia) Mons. Bernard Aubertin, y la responsable del programa sobre racismo del CMI Sra Marilia Alves-Schüller- recalcaron que todos los representantes de las diversas comunidades del Líbano con quienes habían hablado convenían en que la respuesta a la pregunta era que la destrucción era deliberada y planificada.

En apoyo de este análisis, los dirigentes comunitarios se mostraron preocupados por la creciente influencia de las fuerzas neoconservadoras estadounidenses sobre los dirigentes políticos de Israel. En particular criticaron el comentario de la secretaria de estado de los Estados Unidos Condoleeza Rice, según la cual “El sufrimiento del Líbano son los dolores de parto del nuevo Oriente Medio “.

La delegación afirmó también con fuerza que todos los representantes de las diversas comunidades del Líbano convenían en el valor superior de la naturaleza multicultural y multiconfesional de su sociedad. Para los dirigentes comunitarios, este hecho constituye una garantía de paz. Hicieron notar que los libaneses de todos los credos religiosos -cristianos y musulmanes, sunnitas y chiítas- habían permanecido firmemente unidos pese a las enormes presiones divisorias de la guerra.

El segundo mensaje que llevaron en su regreso los miembros de la delegación es que lo que está en el corazón de la actual crisis es el conflicto israelí-palestino, y no el papel y las acciones de Hezbollah. Ello no obstante, según la delegación todos los dirigentes religiosos con los que hablaron condenaban el uso indiscriminado de la violencia de cualquier procedencia, incluida la de Hezbollah.

Al recibir a la delegación en el Centro Ecuménico en nombre de las cuatro organizaciones ecuménicas patrocinadoras con base en Ginebra, el secretario general del CMI Rev. Dr Samuel Kobia convino en que “Solo resolviendo la cuestión Israel-Palestina, y solo con un arreglo general y justo de esa cuestión, puede llevarse la paz y la seguridad a Oriente Medio “.

En Jerusalén, la delegación escuchó por separado tanto al rabino mayor como al juez supremo del tribunal islámico que se hacían eco de las mismas opiniones negativas sobre las otras comunidades. “No tienen compasión de sus hijos”, habían declarado ambos hombres. Otra opinión que la delegación oyó expresar fue que la idea de guerra permanente parece dominar el pensamiento en Oriente Medio, y que es preciso desmilitarizar todo el pensamiento en la región.

Aunque las percepciones de “el otro” dificultan la capacidad para volver a la mesa de negociación y superar la desconfianza y los agravios mutuos, los miembros de la delegación dijeron que habían oído también a muchos dirigentes eclesiásticos interrogarse sobre la manera de arrancar el odio de los corazones de la gente para aprender a convivir como vecinos.

Como “expresión tangible y concreta de la solidaridad de la familia ecuménica y manera de compartir su dolor”, la visita de la delegación ecuménica fue un signo de la intención del Consejo Mundial de Iglesias de proseguir la coordinación de la respuesta ecuménica a la crisis de Oriente Medio, y de realizar esfuerzos más concertados en esa dirección, explicó Kobia.

“La situación en Oriente Medio está cambiando,” dijo. “Un nuevo paisaje político, económico y moral requiere la introducción de nuevos elementos en la ecuación para una paz justa en Oriente Medio.” Los nuevos programas decididos por la reciente Asamblea del CMI (febrero de 2006) sentarán las bases para ello, dijo Kobia.

Un mensaje firmado el 16 de agosto por los secretarios generales del CMI, la CIE, la FLM y la ARM y distribuido en una conferencia de prensa con la delegación ecuménica concluye: “A la luz de todo lo que nos dijeron, en las próximas semanas debemos reflexionar juntos en la oración y con urgencia sobre la forma en que las iglesias pueden contribuir a promover la causa de la paz en Oriente Medio.”

Agencia Orbita