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Miércoles 20 de Septiembre de 2017

La policía de Málaga cierra una iglesia evangélica por el excesivo volumen de sus cánticos

El área de Medio Ambiente del Ayuntamiento ha ordenado su clausura por superar los decibelios permitidos. Los vecinos se quejan de que los rituales, con música y megafonía, se escuchan en sus casas y hacen temblar los muebles.

  • Iglesia    
  • 4 nov 2008   

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A las 19.00 horas, los feligreses se congregan, como cada día, en la puerta de la iglesia evangélica ‘Power of Christ Mision’, en la calle Juan Fernández Suria de la capital malagueña.

Pero hoy es diferente. Hoy reina el silencio. Sólo se escucha un leve murmullo de incomprensión. Un precinto de la Policía Local les impide acceder al local que tienen alquilado para celebrar sus misas. El Área de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Málaga lo ha clausurado por el elevado volumen de sus cánticos.

El motivo del cierre es el nivel de ruido procedente del recinto, que a puerta cerrada es de al menos seis decibelios superior al máximo permitido por la ordenanza municipal, según el decreto de clausura, al que ha tenido acceso este periódico. En el documento, firmado por la concejala de Medio Ambiente, Araceli González, se ordena el cierre de la iglesia evangélica hasta que se subsanen los problemas de contaminación acústica.

El decreto de clausura, fechado el 23 de octubre, contiene una orden expresa a la Policía Local para que vigile de forma periódica que el centro religioso permanece cerrado, y apercibe al titular del establecimiento de que puede acabar en los tribunales por desobediencia grave si no acata esta orden.

El viernes, el local fue precintado.

Alivio

Los vecinos del vecinos del bloque en cuyos bajos se ha instalado esta iglesia evangélica han acogido con alivio la solución administrativa a un conflicto que arrastran desde hace más de un año. Para ellos, el ruido es insoportable, sobre todo durante la celebración de los actos religiosos, en los que al parecer utilizan instrumentos de percusión y equipos de megafonía.

El horario de sus rituales también complica la convivencia de la iglesia con los vecinos. Entre semana, los fieles de ‘Power of Christ Mision’ se congregan por la tarde, generalmente de siete a diez -aunque los vecinos dicen que llegar a estar hasta medianoche-, mientras que los fines de semana se celebra misa de culto los domingos a partir de las 12.00 horas.

Aunque dicen que los cánticos llegan a escucharse en el rellano del tercero, los vecinos de las dos primeras plantas son los más afectados, ya que afirman que el ruido es claramente perceptible dentro de sus viviendas.

Un inquilino del primero, que prefiere mantenerse en el anonimato, asegura ha vivido una «pesadilla» . «Esta situación me ha superado. Tengo los nervios destrozados; he estado en tratamiento psicológico con pastillas», cuenta el hombre. «Yo allí no puedo vivir. Cuando uno llega a su casa sólo quiere descansar, y no escuchar ese ruido, como si fuera una feria. Por mí, encantado de que haya una iglesia, pero lo que no pueden es molestar a los demás».

El pastor del centro religioso, Miracle Isaac, no entiende que las «alabanzas a Dios» de sus doscientos feligreses pueda molestar a alguien. «No comprendo que lo consideren ruido. No son cánticos, nosotros sólo rendimos culto a Dios y no entendemos que eso pueda incomodar», explica.

Fuera de casa

Sin embargo, a algunos vecinos, el sonido de sus oraciones les obliga a irse de casa «a cualquier lado» porque es imposible estar tranquilo. «Después de un rato, se te ponen los nervios de punta. Mi hijo me pide tapones para los oídos por las noches porque no puede dormir», cuenta una mujer, mientras el pequeño asiente con la cabeza.

Miracle Isaac tampoco comprende esta afirmación, porque, dice, a las misas asisten niños, incluso bebés, y no se quejan por el nivel acústico de sus celebraciones.

Los vecinos, por contra, sostienen que, cuando hay misa, el suelo de sus pisos llega a temblar debido a los instrumentos que emplean en sus rituales. «Los muebles y hasta los vasos de la cocina vibran por el ruido», cuenta otra inquilina del segundo piso. «Tienen un equipo de megafonía -añade- que ya lo quisieran algunas discotecas».

A los más jóvenes del bloque les afecta hasta en sus estudios. «A mis hijas les cuesta concentrarse y les impide descansar, porque las dos madrugan y a veces las misas se prolongan hasta medianoche», dice otra vecina del segundo. Asegura que respeta la religión, pero piensa que ésta «se basa en el respeto, y ellos no lo tienen».

Mientras explica a sus fieles el motivo del cierre, el pastor concluye que la iglesia es un lugar sagrado que no se puede clausurar. «No podrían hacer esto si se tratara de un templo católico. Es una lucha contra Dios, no contra mí», se lamenta. De momento, para el Ayuntamiento, ganan los vecinos. Al menos, en descanso.