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¿Cómo liberarse de hábitos y pensamientos destructivos?

Lamentablemente a muchos creyentes le han enseñado que la confesión es como una “barra de jabón” – que si continuamente se confiesan se mantendrán limpios y en comunión con Dios.

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NOTICIACRISTIANA.COM.-Uno de los temas que normalmente se relacionan con el arrepentimiento es la confesión. El texto que se usa en muchas ocasiones para hablar sobre la necesidad de confesar los pecados para ser libres es 1 Juan 1:9.

“Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad”.

Este es el texto que se cita cuando nada de lo que hace le sale bien. El comentario usualmente dice así: “tu no sales de esa condición porque tiene que haber algún pecado que no has confesado”.

A otros los pasan por liberaciones donde se recuerdan todos los pecados cometidos de los cuales tiene memoria, se cita a David por los “pecados que le son ocultos” y si nada cambia entonces es una “maldición generacional”.

Las Escrituras

Para fortalecer el proceso se usa “aceite ungido”, “repetir ciertas oraciones”, “hacer ciertos pactos”, “comprar mantos ungidos y agua de la tierra santa”, en fin, cada semana sale algo nuevo que “Dios revelo”, para que la gente “sea libre”, “prospere” y “no le falle a Dios”.

Como toda verdad en la Escritura, cuando se saca de contexto se puede usar para validar cualquier locura que se invente. Nuestra actitud no es juzgar el corazón de nadie, pero la realidad es que podemos estar sinceramente equivocados y conducir a mucha gente al error.

El propósito de la epístola de Juan es tratar con ciertas herejías que se habían introducido en la iglesia del primer siglo. Una corriente de pensamiento gnóstico se había infiltrado en la iglesia que promovía la idea de que Jesús era solo espíritu. Los gnósticos del primer siglo reclamaban que Dios nunca caería tan bajo como para tomar un cuerpo de carne.

Esta es la razón por la cual Juan comienza la carta usando palabras que enfatizan la fiscalidad de Jesús – “lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado y lo que hemos tocado”. Estas declaraciones describen la interacción con un Jesús físico, no un espíritu.

Más adelante en la carta Juan confronta directamente a estos gnósticos y le dice:

1 Juan 4:3

y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios; y este es el espíritu del anticristo, el cual vosotros habéis oído que viene, y que ahora ya está en el mundo.

El primer capítulo de la epístola de Juan no está dirigido a los creyentes sino a los gnósticos que aparte de decir que Dios no había venido en carne, también negaban la realidad del pecado. Estaban enseñando falsa doctrina.

La lectura del capítulo nos muestra que Juan estaba preocupado por los que decían “no tenían pecado” – verso 8.

¿Conoces tu algún creyente verdadero que diga que nunca a pecado? Por supuesto que no.

Lo que primero que hay que reconocer para ser un creyente en Cristo, es aceptar que somos pecadores. Cualquier persona que reclama que nunca ha pecado, se engaña, la verdad no está en ellos, anda en tinieblas, y no tiene comunión con Dios y los demás creyentes. Todo esto es lo que Juan presenta en los versos 5 al 8 del primer capítulo.

1 Juan 1:9 no es una invitación para que los creyentes regresasen al pasado y recuerden todos los pecados que cometieron para que los confiesen y puedan “ser libre”, “prosperar” y “salir de una maldición” – sino una invitación a considerar un cambio de mente (metanoia) y ponerse de acuerdo (confesar) con Dios para que El haga una obra en los que no han creído en Jesús.

Lamentablemente a muchos creyentes le han enseñado que la confesión es como una “barra de jabón” – que si continuamente se confiesan se mantendrán limpios y en comunión con Dios.

¡Qué triste! Cuando no reconocemos que lo que trae el perdón no son palabras sino la sangre – la sangre que fue derramada en el sacrificio de una vez y para siempre y que trajo una limpieza total para toda la vida.

El peligro con esta idea sobre el perdón, es que las personas buscan sentirse perdonados como una confirmación de que están en comunión con Dios, pero, cuando las emociones y sentimientos los traicionan dudan que han sido perdonados.

En el original la palabra confesión (homologeō) está compuesta por la palabra (homou) = en el mismo lugar o tiempo, juntos – y (logos) algo que se dice (incluye un pensamiento), por implicación el tópico de una discusión, también es razonamiento o motivo, la expresión divina, esto es Cristo. En el principio era el verbo… – Juan 1:1.

Confesar el pecado es más que reconocer su existencia. La verdadera confesión es decir del pecado lo mismo (homou) que Dios dice del pecado; y estar en acuerdo con el Logos de Dios, la lógica de Dios, que se expresó en el Verbo hecho carne.

¿Qué dice Dios sobre el pecado?

Jesús demostró que el pecado no es algo que Dios tolera – por eso lo quito pagando el precio más alto.


Publicado en: NOTCIASCRISTINAS.COM – Entérate diariamente de las noticias cristianas evangélicas en todo el mundo. 


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