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Lunes 21 de Agosto de 2017

El Santo Sepulcro amenaza ruina

En 1927 un terremoto sacudió la ciudad de Jerusalén y puso en peligro la basílica del Santo Sepulcro. Los efectos obligaron a apuntalarlo y su estado se ha agravado en los últimos tiempos.

  • Iglesia    
  • 31 ago 2007   

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La situación en que quedó el Santo Sepulcro con el terremoto de 1927 se ha prolongado hasta el año 1954, fecha en la que se comenzó a tomar en serio la necesidad de restaurar la Basílica. Por fin, en 1960 se firmó el acuerdo para su restauración. En este acuerdo se preveía la formación de un comité técnico compuesto por tres arquitectos (un griego ortodoxo, un católico y un armenio ortodoxo) que se encargarían de la restauración.

De esta manera se han venido llevando a cabo algunas obras de restauración que dieron lugar a interesantes trabajos de investigación arqueológica, aunque la inoperancia en los últimos años ha hecho que el peligro de derrumbe continúe.

Algunos sectores de la Iglesia vienen demandando que se reinicien urgentemente las obras de restauración, no solo para preservar adecuadamente el lugar sino para preservar la seguridad de los visitantes al santuario. La restauración debería incluir las capillas anexas, algunas prácticamente abandonadas desde principios de siglo, con importante mobiliario degradado o casi destruido.

Algunas de estas capillas cuentan con un suelo muy deteriorado, con losetas levantadas o incluso parcial o totalmente destruidas, e incluso algunas de estas capillas tienen un suelo compuesto exclusivamente con tierra, pese a tener valioso mobiliario antiguo en su interior.

Visitantes, turistas y peregrinos ocupan sin respeto buena parte de los espacios, que tan solo son vigilados por monjes ortodoxos, no haciendo caso de la prohibición de obtener fotografías. El lugar central de la tumba de Jesús se encuentra hoy apuntalado con un grave peligro de derrumbe.

Historia de un lugar sagrado

El lugar hace referencia histórica a la sepultura de Jesús en una época comprendida entre el año 30 y 33. Entre los sitios religiosos de la Tierra Santa, el Santo Sepulcro es uno de los mejores datados históricamente. Adriano, con el objeto de eliminar de raíz el culto judío, levantó sobre los lugares más sagrados templos dedicados a los dioses romanos. Del mismo modo, y con el mismo fin, levantó un templo pagano encima de donde su ubicaba el Santo Sepulcro en un momento en que el cristianismo avanzaba sin freno por el Imperio. Las excavaciones efectuadas en el área de la basílica han probada la existencia de varios muros de Adriano, algunos bien visibles, contribuyendo sin quererlo a mantener vivo y preservar el recuerdo del lugar de la pasión al elegir este lugar de la ciudad para construir su Capitolium.

A la Basílica del Santo Sepulcro de Jerusalén, también se la conoce como la Basílica de la Resurrección –en griego Naos tis Anastaseos, o de la Anástasis «Resurrección». Esta basílica, uno de los centros más sagrados del Cristianismo, ha sido un importante centro de peregrinación desde el siglo IV. Hoy día también alberga la sede del Patriarca Ortodoxo de Jerusalén.

Un emplazamiento no discutido

El Santo Sepulcro es un sitio religioso de máxima importancia, relacionado especialmente con el cristianismo, particularmente católicos y ortodoxos. El lugar, llamado también Gólgota (en arameo, Golgotha, «calavera») y donde según los Evangelios se produjo la crucifixión, enterramiento y resurrección de Cristo está ubicado dentro de la Ciudad Vieja de Jerusalén, la cual a su vez se ubica en la línea de confluencia entre la Jerusalén oriental (Árabe) y occidental (Judía). Siempre teniendo como única fuente los evangelios, pero confirmados por los trabajos arqueológicos, la tumba estaría situada en un jardín próximo a la roca —o montaña, o montículo; los evangelios dicen lugar— donde se produjo la crucifixión, llamada originalmente Gólgota y luego Calvario (lat. calvaria, calavera), o en griego kranion (cráneo). Ese lugar estaba muy próximo a la muralla herodiana de la ciudad de Jerusalén, e incluso comunicado con ella por una calle, pero extramuros, ya que las normas judías prohibían los enterramientos intramuros, salvo para el caso de los reyes.

Ambos sitios, el Gólgota y la Tumba, están a pocos metros de distancia y entre ellos se encuentra la Piedra de la Deposición, lugar en donde dice la tradición el cuerpo de Jesús fue preparado después de ser bajado de la cruz para ser enterrado – Mateo 27, 59 y paralelos -. El lugar fue evidentemente una cantera por la enorme riqueza lítica y la red de cavernas que se pueden observar, un sitio ideal para la construcción de tumbas, una actividad muy normal en la época, especialmente entre personas de posición social. El nombre, «Gólgota», la «Calavera», viene probablemente de la semejanza que las formas que las rocas tenían, como se puede comprobar hoy por hoy en los paisajes desérticos del Mar Muerto, aunque también se cree que es debido a la tradición de un lugar habitual de enterramientos, muchos de los cuales aún continuarán bajo las piedras de la basílica, y durante el tiempo romano por ser lugar siniestro de los ajusticiamientos.

En el siglo IV, por orden de Constantino, se concluyó un complejo santuario que constaba de una grandiosa rotonda en el deambulatorio, la cual superaba los 30 m. de diámetro, en cuyo centro se destacaba la roca-sepulcro. Desde entonces ha sufrido numerosas modificaciones y reformas. En el 1099 los cruzados conquistaron Jerusalén e inician en seguida un vasto proyecto de reconstrucción del viejo Santuario. Estas obras terminadas el 15 de Julio del 1149, tiene gran importancia porque cambian decisivamente la imagen de la basílica del Santo Sepulcro. Pese a los terremotos, incendios y restauraciones, el santuario se ha mantenido hasta nuestros días sin excesivas modificaciones sobre el original, cubriendo el edificio el lugar donde se produjo el calvario y muerte de Jesús.

LUGAR DE AJUSTICIAMIENTO
La Iglesia del Santo Sepulcro está ubicada sobre lo que fue el monte del Calvario. Las excavaciones efectuadas han descubierto en el lugar donde se ubicaría en el Gólgota los restos de una roca pelada, hallándonos, según la tradición histórica del lugar y los datos de que dispone, de un resto arqueológico del lugar en el que fue crucificado Jesús. Las investigaciones arqueológicas han acreditado también que debajo del la Basílica del Santo Sepulcro hubo una cantera, como lo demuestran las marcas de extracción de piedra del algunas de las piedras del bloque de piedra pura donde se levanta la iglesia, una gran masa de roca sobre la que se clavaban los postes en los que eran ajusticiados los condenados bajo la Ley romana que imperaba en la colonia.

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